Horizontes de grandeza. La fauna de la Conquista del Oeste (y IV): lobos, pumas y coyotes

Querida hija: 

Con la crónica de hoy termino la serie que he dedicado a la fauna de la Conquista del Oeste. Creo haberte demostrado que los caballos, los animales peleteros y los bisontes contribuyeron a la construcción del Oeste americano tanto como pudieron hacerlo los colonos, los mineros, los ganaderos o los militares. Y, como no podía ser de otra manera, el sabor de esta última crónica es el sabor de un western crepuscular. 

Marc Bordei: "Mountain Lion". Arnot Galleries, New York.

Fue éste un subgénero cinematográfico caracterizado por narrar el final de la Conquista del Oeste, una época difusa que suele situarse entre 1890 y 1914 cuando desaparece la famosa “frontera” que fue la razón de ser de toda una época desde 1805. El Oeste deja de ser el Oeste y viejas glorias deambulan melancólicamente por aquellas tierras tratando de encontrar un lugar bajo el sol que habían perdido. Justo lo que les pasó a los grandes carnívoros de aquella indomable tierra. Lobos, pumas y coyotes fueron los principales depredadores del Oeste americano. 

Y fue precisamente al final de la Conquista del Oeste cuando, domeñado el territorio y encerrados los nativos en reservas, los insaciables colonos blancos se dan cuenta de que hay que exterminar estas “alimañas” para sentirse completamente dueños del nuevo país. Y esto sucede precisamente al final del periodo. Lobos, pumas y coyotes molestaban. Eran un fastidio, un grano en su blanco culo y una amenaza para los enormes ranchos ganaderos que explotaban las Grandes Praderas. Pero también eran algo más. Eran el símbolo de una Naturaleza salvaje que aún se resistía a rendirse. El hombre blanco desató contra ellos una guerra no menos cruel que la que desató contra Lakotas, Cheyennes o Apaches. 

Aparentemente ganaron. ¿O no?. Voy a contarte el final de esta historia apasionante. 

El lobo. La leyenda del indomable. 

El lobo estaba extendido por toda Norteamérica a la llegada de los colonos europeos. Hasta ese momento había convivido en paz con los nativos norteamericanos por la sencilla razón de que los nativos cazaban exclusivamente lo que necesitaban para vivir, y compartían el resto con los demás depredadores. Por tanto, dado que los lobos disponían de abundantes presas silvestres y los nativos no practicaban la ganadería, nunca hubo choque de trenes entre humanos y lobos en Norteamérica. Esto trajo como consecuencia que el lobo no desconfiaba de los humanos. Ese fue el principal error y desgracia para los lobos norteamericanos. 

Si bien los colonos europeos fundaron en lo que luego serían los EEUU nuevas entidades políticas basadas en la idea de crear un “hombre nuevo” que no tuviera que sufrir la intolerancia y las persecuciones que se daban en la Vieja Europa, a su llegada a Norteamérica sí implantaron una costumbre que traían desde Europa: exterminar lobos. Y se pusieron a ello con el mismo celo que hacían en Europa sus antecesores. 

Lobo gris, el más extendido en Norteamérica

Cuando los europeos superaron la barrera de los Montes Apalaches comenzando lejanamente la Conquista del Oeste, esta persecución se intensificó. Y la ciencia moderna vino en ayuda de los humanos: la estricnina se comercializa a partir de 1820 y es en Norteamérica donde se usa por primera vez contra el lobo. Esta forma de matar animales es especialmente odiosa y cruel porque no es selectiva: una carcasa envenenada de cualquier animal puede ser consumida por cualquier otro, y se produce una espantosa cadena de envenenamientos. Ese fue el destino del lobo en el Oeste. 

Los primeros hombres blancos que se asomaron al Oeste narraban, en sus relatos, la increíble abundancia de presas que existía allí, y la gran abundancia de lobos que, por consiguiente, se podía mantener. El lobo dependía especialmente del bisonte, cuya fabulosa abundancia le daba alimento casi ilimitado. Los primeros exploradores, Lewis y Clark, narraban haber visto en 1805: 

…un gran grupo de bisontes perseguidos por lobos, que capturan un ternero que no podía seguir a la manada” 

Los pawnee solían decir que, de cada diez terneros de bisonte los lobos se comían cuatro, manteniendo así ambas poblaciones en equilibrio. Por su parte, Michael Steck, un “agente indio” (empleado federal encargado de negociar con las tribus nativas) que viajaba en la década de 1850 por la Ruta de Santa Fé describía lo que parecía un Serengeti norteamericano: observó un “inmenso número” de lobos allá donde había manadas de bisontes en las Grandes Praderas. “Era normal ver cincuenta de un solo golpe de vista” y “cientos en un solo día”. El famoso naturalista estadounidense John James Audubon, viajando por el Missouri, escribió: “si alguna vez hubo un país donde los lobos son abundantes, es éste”. 

Autores como Meriwether Lewis, el explorador, George Catlin, el pintor, o Audubon el naturalista se referían a los lobos como los “pastores” de los rebaños de bisontes. George Catilin, el gran pintor del Oeste, inmortalizó una escena en la que varios lobos acorralan a un bisonte en su obra Buffalo hunt: White wolves attacking Buffalo Bull. En los primeros momentos del comercio peletero del Oeste, los magníficos pelajes invernales de los lobos norteños se recolectaban para el comercio, pero el lobo nunca llegó a ocupar un papel destacado en el comercio de pieles. 

George Catlin: "Buffalo Hunt"

Pero según avanzaba el juggernauth anglosajón, cada Estado instituyó un sistema de recompensas para todo aquel que matara un lobo. En 1818 se declaró la guerra de exterminio contra el lobo en Ohio, y se instauró el sistema de recompensas, entre otros estados, en 1838 en Michigan, 1843 en Texas, 1849 en Minnesota, 1858 en Iowa, 1865 en Wisconsin, 1869 en Colorado, 1875 en Wyoming o 1884 en Montana. La primera fase de la Wolf War, como la llaman en los EEUU se inició por parte de propietarios privados que contrataban una figura conocida desde antiguo en Europa: el “lobero” o wolfer, cazador especializado en “alimañas”, que usaba masivamente el veneno para exterminarlas. 

En The Yellowstone wolf: A Guide & Sourcebook, se dice: “tan pronto como en 1877, los cadáveres de ungulados en el Parque eran envenenados por los loberos independientes en busca de lobos y glotones”. Así es, hija. Ni siquiera en el Parque Nacional de Yellowstone, fundado en 1872, estaban los lobos a salvo. Los dos últimos lobos de Yellowstone fueron muertos en 1926. 

Pieles de lobo.

Y su eficacia fue aterradora: en Texas, en la década de 1890 los loberos más renombrados podían matar docenas de lobos cada año. Entre 1883 y 1927, el Estado de Montana pagó recompensas por 111.545 lobos y 886.367 coyotes. Era una guerra de exterminio. En ese estado, entre 1883 y 1914 se cazaron 81.000 lobos. 

Uno de los episodios más singulares de esta guerra sucedió en la década de 1890 en Nuevo México. Una manada de seis lobos, seguramente lobos mexicanos Canis lupus baileyi, llevó a la desesperación a los ganaderos del Currumpaw Valley. Liderados por un carismático e inteligente alfa, que se ganó el nombre de Lobo, atacaba los ganados donde y cuando les apetecían. No olvidemos que, para entonces, los hombres blancos habían exterminado las principales presas silvestres de los lobos. 

Los aterrados ganaderos contrataron a un renombrado lobero llamado Ernest Thompson Seton cuando la recompensa por estos lobos ascendía ya a 1.000 dólares. Thompson narraría después la extraordinaria batalla que seguiría en su libro Wild Animals I have known, que publicó en 1898. Thompson se dedicó a poner trampas. Lobo y su clan las evitaba todas. Pasó entonces al veneno. Lobo demostró conocer qué piezas estaban envenenadas y cuáles no, e incluso llegaba a alimentarse de las piezas envenenadas, consumiendo sólo las partes libres de veneno. 

La banda de Lobo parecía adelantarse siempre a las intenciones del perplejo sicario y escapaba a cualquier emboscada que se le tendiera. A pesar de ello, los lobos de la manada empiezan a caer y el 13 de diciembre de 1893 cae el primero de ellos. El día 25 es abatido el segundo y, antes de terminar el año Thomson mata al tercero, una loba adulta.A base de observación, Thomson identificó el punto débil de Lobo: su hembra Blanca. Finalmente Blanca cae en un cepo y Lobo tiene que observar a distancia cómo el sanguinario ejecutor blanco la mata en el acto. 

"Lobo". El lobo que cambió América.


Thomson, entonces, decide arrastrar el cadáver de Blanca a su rancho para atraer a Lobo a la trampa final. Finalmente el 31 de enero de 1894 Lobo cae en el cepo y Thomson se dispone, rifle en mano, a terminar el trabajo. Levanta el arma, la amartilla, apunta al infortunado lobo derrotado pero no hundido. Y algo pasa. No es capaz de matarlo. Algo se ha removido en el interior del envilecido cazador, que decide respetar la vida de su magnífico adversario. Pero Lobo muere de tristeza cuatro horas después. Derrotado pero libre y enamorado. 

Esta traumática experiencia transformó a Thomson en uno de los primeros conservacionistas de los EEUU. Dejó de matar lobos y se transformó en un ardiente defensor de una naturaleza que estaba a punto de desaparecer, dedicándose el resto de su vida a escribir libros sobre la fauna del Oeste y a dar charlas y conferencias en colegios. 

Lobo capturado. Wyoming, 1887.

La segunda fase de la Guerra contra el Lobo empieza cuando el Gobierno Federal toma el relevo de los cazadores privados y el 1 de Julio de 1915 empieza a diseñar programas para exterminar los lobos que aún quedaban. En 1885 se había creado el U.S. Bureau of Biological Survey inicialmente para realizar investigaciones sobre aves e insectos. Pero los cada vez más poderosos ganaderos vieron en esta agencia federal un aliado perfecto para sus propósitos y pronto maniobraron para que se encargase del diseño de campañas de exterminio contra el lobo. En 1906 se convierte oficialmente en una unidad de exterminio de lobos. 

Para 1933 prácticamente no quedaban lobos en los EEUU “contiguos”. 

El puma. El fantasma del bosque. 

El puma Puma concolor es el mayor felino norteamericano (el jaguar estadounidense es prácticamente testimonial). Es un félido de mediano tamaño y, como todos los gatos, es solitario a diferencia de los lobos. A la llegada de los europeos a Norteamérica, el puma se extendía por todo el subcontinente, si bien su hábitat ideal y preferido fue siempre la zona montañosa y boscosa del Oeste. El puma es un felino panamericano de amplia distribución: desde Alaska hasta la Patagonia. 

El puma es el mayor felino norteamericano

A diferencia del lobo, que rehúye al ser humano si puede elegir, el puma sí es capaz de atacar humanos, aunque sin exagerar: entre 1890 y 1990 se han confirmado 53 ataques a humanos. En California, en lo que va del Siglo XXI se han reportado también ataques. 

El puma ha ocupado una parte importante de la mitología de los nativos americanos. Para los indios zuñi, el puma es el Maestro Cazador, caracterizado por su inteligencia y fuerza, y desempeña un papel mediador entre los humanos y los espíritus más poderosos: la Madre Tierra, el Padre Cielo y el Originador de Todo. Pero para el hombre blanco, siempre más prosaico, el puma fue visto desde el principio como una amenaza para ganados y familias. Y, al igual que sucedió con el lobo, cada Estado ofrecía sus propias recompensas por la muerte de cada ejemplar. 

De este modo, para 1850 el puma casi había desaparecido de la mitad Este de los EEUU, habiéndose matado, por ejemplo, el último puma en Ohio en 1845. Conforme avanzaba la Conquista del Oeste, los nuevos Estados que se iban fundando establecían el infame sistema de recompensas: en Oregón los primeros en 1843. En aquel Estado durante los siguientes 90 años se matarían doscientos pumas cada año. En 1852 se mató el primer puma en Oklahoma y en 1867 el último en Iowa. 

En morado: rango actual del puma. En ocre: zonas donde ha sido exterminado

En 1881 se instauran las recompensas en Colorado y en 1890 se mata al último león de montaña (como también se le llama al puma) en Nebraska. En 1896 es el turno de Utah de poner en marcha las recompensas y en 1899 en Dakota del Sur. Para 1900 queda claro que la única población de pumas que sobrevive al Este del Mississippi está en el Estado de Florida. En 1904 se mata al último puma de Kansas y es exterminado de Dakota del Sur en 1905. En 1907 es California el Estado que establece su sistema de recompensas. 

El puma se refugió en los terrenos más difíciles. Al Agnew: "As darkness fall"

Si te fijas, en la pequeña cronología que he repasado, el grueso de los exterminios se refiere a los Estados de las Praderas. El Puma era más fácil de localizar y matar en estas llanuras y, por eso, la verdadera fortaleza en la que el puma se refugió fue el sistema montañoso de las Rocosas y sus cuencas interiores. Allí, protegido por las montañas y por sus hábitos solitarios, el puma sobrevivió mal que bien. 

En 1917, y al igual que sucedió con el lobo, el U.S. Fish and Wildlife Service (nuevo nombre del U.S. Bureau of Biological Survey) empieza sus programas para matar pumas. El infortunado felino se encontraba asediado y rodeado en su fortaleza montañosa. ¿Lograría sobrevivir? 

El coyote: el adversario indestructible 

Tengo que decírtelo desde el primer momento: en toda esta triste historia de exterminios y cacerías, el coyote ha sido el único animal que ha logrado doblarle el pulso al hombre blanco y vencerle en todos los terrenos. El hombre anglosajón no ha podido con él. ¿Y cómo lo ha conseguido?. Vas a ver que el coyote está hecho de otra pasta. 

El coyote: el animal que venció al hombre blanco.

El coyote Canis latrans es un cánido de tamaño claramente intermedio entre el zorro y el lobo. Para un observador atento no hay posibilidad de confundirlo con ninguno de los dos. Aunque los primeros hombres blancos que observaron al coyote no lo tuvieron tan claro. El coyote fue siempre un cánido de las Grandes Praderas: su patria originaria se extendía desde Alberta hasta el Centro de México y también en las Cuencas interiores a las Rocosas. 

La expedición de Lewis y Clark entre 1804 y 1805 descubrió para la ciencia algunas de las especies más emblemáticas de la fauna del Oeste, como el perrito de las praderas Cynomys ludovicianus, el antílope americano Antilocapra americana, el ciervo mulo Odocoileus hemionus o el coyote que, inicialmente, no lograron diferenciar del lobo. De hecho, en los primeros tiempos el coyote recibía el nombre de “lobo de pradera”. Habría que esperar hasta 1819 para que fuera descrito oficialmente como Canis latrans por Thomas Say, el naturalista de la expedición a las Praderas del mayor Stephen Long. 

El coyote era, a menudo, confundido con el lobo

El coyote ocupaba un interesante lugar en el folklore de los pueblos nativos del SO de los EEUU y México. Según ellos, el coyote era un embaucador que podía cambiar de forma entre coyote y humano y que, haciendo uso del engaño y el humor, desafiaba las convenciones sociales. Su proverbial inteligencia y astucia llamaron también la atención de los colonos europeos que pronto lo tildaron de animal cobarde y traicionero y se dispusieron al consabido exterminio como se hacía en Europa con los zorros, con todo el arsenal de venenos y trampas. 

Al igual que sucedió al principio con el lobo, en la década de 1860 se aprovechaba la piel del coyote para diversos usos, pagándose por cada piel entre 0,75 y 1,5 dólares pero con el transcurso del tiempo el desprecio del hombre blanco hacia un adversario que empezaba a tocarle las narices llegó a tales límites que se consideraba que un coyote no valía ni la bala que se usaba para matarlo. Si bien las campañas de envenenamiento no iban dirigidas al coyote sino al lobo, el coyote era, a menudo, víctima colateral de éstas: en Kansas una carcasa envenenada de bisonte mató 13 lobos, 15 coyotes y 40 mofetas. Durante las campañas de envenenamiento entre 1860 y 1890 se calcula que murieron cientos de miles de coyotes. A finales del siglo XIX muchos Estados del oeste incluyen al coyote en su sistema de recompensas por animal muerto, e incluso el Estado de Montana llega a usar la sarna sarcóptica como arma biológica contra ellos. 

Pieles de coyote.

A pesar de esto se dio un curioso fenómeno. Por más que los hombres blancos se empeñaban en exterminar coyotes, parecía haber cada vez más y en lugares donde antes no se habían visto coyotes nunca. Lo que sucedió es que el coyote empezaba a resultar el gran beneficiado de la desaparición de lobos y, en menor medida, pumas. En efecto, allí donde hay lobos la población de coyotes se mantiene a raya o desaparece porque el lobo no tolera la competencia del coyote. Por ejemplo, desde que se reintrodujo el lobo en el Parque Nacional de Yellowstone, se constató que la población de coyotes cayó en un 39%. Los pumas, por su parte, también matan coyotes si se ponen a tiro. 

El segundo factor que permitió a los coyotes parar el golpe, primero, y pasar al contraataque después, fue su extraordinaria flexibilidad y plasticidad. El coyote es el único animal, junto con los humanos, que tiene una organización social llamada “de fisión y fusión”. Esto quiere decir que los coyotes pueden comportarse como animales solitarios o sociales según las circunstancias lo permitan o aconsejen. Por ejemplo, las presas naturales del coyote son los pequeños roedores y reptiles, pero pueden atacar presas grandes como antílopes, terneros de bisonte o ganado doméstico uniéndose en manadas para apoyarse entre sí. De hecho, el coyote es hoy día el principal atacante de ganado doméstico en los EEUU. Por otro lado, y a diferencia del lobo, el coyote es ya maduro sexualmente después del primer año de edad.

Mapa que muestra el proceso de expansión del coyote

A partir de 1914 el coyote es incluido en las campañas exterminadoras del U.S. Bureau of Biological Survey pero para 1920 los desconcertados humanos empezaban a darse cuenta de que el coyote era un adversario más duro de pelar lo que pensaban. 

Y entonces el coyote devolvió el golpe a los hombres blancos. 

Usando su extraordinaria resistencia, inteligencia y resiliencia y ocupando los lugares que el lobo dejó libres el coyote, partiendo de las Grandes Llanuras, inició una increíble expansión geográfica a partir de 1900 - 1920: desde un primer foco en las Praderas del Norte se expanden hacia el Este vía Grandes Lagos hasta llegar a Nueva Inglaterra y Pensilvania en 1940. En esta zona se produce una importante hibridación con lobos del este. Desde un segundo foco en Texas los coyotes se expanden hacia el Este llegando a las Carolinas en la década de 1980. 

Epílogo: el retorno del Rey. 

A comienzos del siglo XX los lobos estaban prácticamente exterminados, los pumas encerrados en sus montañas y los coyotes soportaban 35.000 bajas al año envenenados en la década de 1920. ¿Cómo termina esta historia? 

Si alguna vez el ser humano pensó en exterminar al lobo, más vale que lo olvide. El lobo cuenta con el arma de la paciencia. Aprieta los dientes y se retira a sus cuarteles de invierno a esperar a que escampe. Es duro, inteligente, nos conoce a la perfección, es inasequible al desaliento e inatacable por los ácidos. Y lo demostró en el Oeste. Y la tormenta pasó. Cuando en 1942 cesaron las campañas del U.S. Wildlife and Fish Service, casi 25.000 lobos habían sido muertos desde 1915. Los lobos sobrevivieron en Wisconsin y Minnesota, alimentados por sus hermanos canadienses, que nunca tuvieron que soportar tal guerra de exterminio. 

También desde Canadá los lobos regresaron a las remotas montañas de Idaho y Montana. Y en 1973 el Congreso aprueba la Endangered Species Act, que protegía oficialmente al lobo. Doscientos años de guerra tocaron a su fin. Maltrecho y con los efectivos reducidos…el lobo ganó la batalla final. Desde entonces el Gobierno Federal ha realizado reintroducciones en la zona de las Rocosas del Norte, la más famosa de las cuales fue la reintroducción del lobo en Yellowstone en 1995-1996, donde en 2003 había 16 manadas y 174 ejemplares. Por su parte, en el foco de Minnesota-Wisconsin el lobo se expande de forma natural. Tal vez llegará el día en que reclamará lo que una vez fue suyo. 

Desde sus feudos del Oeste, el puma lentamente inicia su regreso al Este.

Por su parte, el puma, el gran guerrillero, resistió en sus escarpadas montañas y, al igual que el lobo, su paciencia se vio recompensada…al menos en parte. A partir del año 1962 el infame sistema de recompensas por su cabeza empieza a abolirse en todos los Estados pero el puma no goza aún de protección, ya que en la mayoría de los Estados donde vive es considerado una especie cinegética. En 1973 sí se protegió, al igual que el lobo, el puma del Este (P.c.couguar), pero ya era tarde para él. En 2011 fue oficialmente declarado extinguido. 

En los años 1980 los pumas recolonizan el Parque Nacional de Yellowstone desde Idaho, de forma natural, y allí viven unos 25 – 30 ejemplares fundamentalmente depredando el uapití Cervus canadensis en un 76% y en un 14% el ciervo mulo Odocoileus hemionus. Y el cambio social que se va experimentando en la sociedad estadounidense continúa lenta pero inexorablemente: en 1990 California fue el primer Estado que protegió al puma en referéndum. Poco después la misma proposición fue rechazada en Dakota del Sur donde el puma había regresado después de su exterminio en 1905. Pero todo se andará. 

Y queda el coyote…el adversario que sigue riéndose en la cara del hombre blanco. Su gran flexibilidad sigue dándole ventajas y, así, en la década de 1940 aparecen los “coyotes urbanos”, viviendo en nuestras narices y aprovechando nuestro sistema para vivir. Prácticamente todas las grandes urbes estadounidenses cuentan hoy con su población de coyotes. Si bien el coyote no está protegido y se realiza todavía el “control” de sus poblaciones (512.710 coyotes entre 2006 y 2011), al menos en 1973 los arrogantes hombres blancos que se propusieron borrarlo de la faz de la Tierra reconocen la derrota: en la Endangered Species Act se prohíbe llevar al coyote al exterminio. 

Y mientras tanto, el coyote ha ocupado toda Norteamérica y ha iniciado su conquista de Centroamérica, llegando ya a las puertas de Sudamérica, aprovechando la deforestación que el ser humano realiza inmisericordemente y también aprovechando el reguero de miseria y pobreza que al coyote le proporciona basuras y carroñas para vivir.

BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA PARA TODA LA SERIE

Historia del Far West - Jean Louis Rieupeyrout (1972)
América del Norte - Ivan T. Sanderson (1965)

MÚSICA RECOMENDADA PARA TODA LA SERIE

Silverado (Suite) - Bruce Broughton
Dances with Wolves - John Barry
The Big Country - Jerome Moross
War Horse - John Williams

Comentarios

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  2. super interesante.. la fauna de las Rocky Mountains es increíble.. ver a esos gigantes pasear por MT, ID, WY es sencillamente impresionante..

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  3. Desde luego, Norteamérica tiene una fauna más que interesante. No todo puede ser el Serengeti.

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  4. Que bueno blog sobre los animales. A mi me gustan mucho sobre todo las mascotas. En verano siempre dejo mis perros en una residencia animal. Puedes conocerla desde este link: https://residenciaanimalpuertadeandalucia.es porque merece la pena.

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  5. Gracias por hablar del maestro de maestros. El coyote.

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  6. Me encanta tu blog, solo una pega, para ver algo concreto tienes que ir pasando paginas, no seria interesante hacer una especie de índice o similar ? UN SALUDO continua con este estupendo blog

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