Los Moluscos que regresaron de entre los muertos

Querida hija: 

Cuando te introduzcas en el apasionante estudio del Reino Animal, no debes nunca despreciar a los Invertebrados. No sólo constituyen la abrumadora mayoría de las especies existentes (y también la mayoría de las especies que se descubren cada año), sino que, si les prestas la atención que merecen, descubrirás formas de vida absolutamente fascinantes en todos los sentidos, además de ofrecer algunas de las especies más bellas de todo el Reino. 

Los Moluscos constituyen uno de los Tipos más interesantes de entre los Invertebrados. Su plan de organización es bastante simple: un cuerpo blando, donde se suele diferenciar una región cefálica, una región caudal y un cuerpo central donde se encierran los órganos vitales del animal, que suele estar protegido por una concha calcárea segregada por su manto. Esta concha no siempre adopta la forma que conocemos como “concha”. Por ejemplo, en los calamares y las sepias, adopta la forma de una espina interna, que tiene idéntico origen. Como colofón, un musculoso pie les ayuda a desplazarse. 

Los Moluscos incluyen algunas especies bien conocidas, como los pulpos, los calamares, los mejillones, los caracoles…son formas mayoritariamente acuáticas. 

¿Recuerdas cuando, en el post inaugural, te explicaba que una de las mejores razones para conocer el Reino Animal era que, en ocasiones, los animales nos ayudaban a entender cómo era nuestro planeta en eras remotas? Pues bien, los Moluscos nos proporcionan un buen ejemplo de ello. Vamos, pues, a viajar en el tiempo. Primero hacia un tiempo reciente. Luego, hacia las remotas y oscuras profundidades de las eras geológicas. 

Es el seis de mayo de 1952. 

El barco oceanográfico danés Galathea se encuentra trabajando en el Pacífico tropical, a la altura de Costa Rica. Se encuentra dando la vuelta al mundo en un viaje que comenzó en Copenhague en octubre de 1950, con el objetivo de estudiar la fauna marina de aguas profundas, es decir, más allá de los 400 metros de profundidad. Después de costear África, India, adentrarse en Insulindia, y dirigirse a Australia y Nueva Zelanda, se encuentra ahora frente a Costa Rica, dragando con una red el fangoso fondo marino a 3.570 metros de profundidad. 

La fragata Galathea

Cuando izan la red a bordo y examinan el contenido, recolectan diez ejemplares de lo que parece un pequeño molusco, de no más de tres centímetros de diámetro. Siguiendo el procedimiento habitual, los conservan en alcohol antes de proseguir viaje de vuelta a casa, pasando por el Canal de Panamá, Puerto Rico y, finalmente, Europa. 

Más tarde, en el laboratorio, los especialistas estudian los moluscos recolectados en la etiquetada estación 716. Una vez estudiada y descrita cuidadosamente su anatomía, los asombrados científicos no salen del estupor: lo que han estado estudiando es, ni más ni menos, que un espectro surgido directamente de las insondables y oscuras profundidades oceánicas y también geológicas. Se trata de un molusco afiliado al Orden de los Tribliididos, perteneciente a un grupo de Moluscos llamados Monoplacóforos (que tienen una sola concha, de forma redondeada, como un sombrero chino). 

Los Monoplacóforos llevan una única concha con forma de sombrero chino

Los Monoplacóforos no existían en nuestro planeta desde los periodos Cámbrico-Silúrico, es decir, hace más de trescientos millones de años. 

Y, de repente, en un laboratorio de Copenhague, se dispone de ejemplares que fueron capturados vivos. ¿Cómo puede ser esto? 

En realidad, este intrigante episodio sucede más de lo que nos imaginamos. Los Monoplacóforos constituyen un grupo de especies que los naturalistas conocen con el sobrenombre de “especies Lázaro”, dado que han resucitado de entre los muertos. En efecto, se trata de especies que se dan por extinguidas y que, a veces, se demuestra que no lo estaban al encontrarse ejemplares vivos. 

El pequeño viajero en el tiempo fue bautizado con el nombre científico Neopilina galatheae y tiene un particular interés por ser el representante de un linaje de moluscos que se extinguieron en nuestro planeta en la mismísima Era Paleozoica, en tiempos inconcebiblemente primitivos. De hecho, el estudio de su anatomía arrojó luz sobre el origen de los Moluscos y los Anélidos (otro Tipo zoológico que incluye las lombrices y una interesante variedad de gusanos marinos), ya que presenta algunas particularidades que hacen pensar que Moluscos y Anélidos tuvieron un antepasado común. Por otro lado, y al poder comparar su anatomía con otros Moluscos, se pudo definir con mayor exactitud la taxonomía del grupo, elevando a los Monoplacóforos a la categoría de Clase (¿recuerdas el post sobre la Clasificación Linneana?). Fue, por tanto, un viaje en el tiempo de lo más productivo. 

Neopilina galatheae

Desde entonces, en las sucesivas exploraciones de los fondos marinos que se han ido llevando a cabo, se han descubierto otras veintinueve especies de Tribliididos en océanos de todo el mundo, algunas de ellas por investigadores españoles en aguas cercanas a nuestra Península. 

Querida hija, cuando estudies el mundo animal, debes hacerte preguntas. Algunas podrás responderlas tú misma usando tus conocimientos y el cerebro que Dios nos ha dado a todos, y otras serán materia de investigaciones más sesudas. En este caso, dos son las cuestiones que a mí se me suscitan. La primera. La Clase Monoplacóforos consta de numerosos Órdenes, todos ellos fósiles excepto los Tribliididos. Así es, las treinta especies descubiertas hasta ahora son todas Tribliididos. ¿Qué tiene este Orden en concreto que haya conferido a sus especies una ventaja evolutiva sobre las demás de su Clase? 

Los mares silúricos pudieron tener un aspecto de este estilo

La segunda cuestión. En trescientos millones de años los cambios geológicos sufridos por los océanos han sido drásticos: movimientos de continentes, elevación y hundimiento de tierras, aparición y desaparición de océanos…y, sin embargo, durante todo este tiempo los Tribliididos han sobrevivido. Cuanto más pienso en ello, más fascinantes me parecen estos animales, y merece la pena reflexionar en ello. Estas apariciones regresadas del pasado aún pueden enseñarnos muchísimo sobre cómo la vida se abre camino. 

Y para terminar, una última reflexión. Los océanos son la última frontera por explorar de nuestro planeta. Sólo ahora estamos empezando a rascar en los remotos fondos oceánicos, y cada vez que un barco oceanográfico se para a investigar, surge un accidente geográfico nuevo, o una especie animal nueva. El Reino Animal no deja de dar sorpresas a quien se deja sorprender. Espero que tú seas de éstos.

Los fondos oceánicos: la última frontera

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