El castor en España: una oportunidad perdida

Querida hija: 

El castor es un animal bastante conocido, que suele asociarse normalmente a las frías tierras del Gran Norte: los ríos y lagos canadienses y escandinavos, ocultos entre grandes bosques de la infinita taiga. Sin embargo, el castor también vivió en nuestra Península Ibérica, y el intento de recuperación que se ha llevado a cabo está a punto de fracasar debido a la estrechez de miras de nuestra Administración. 

El castor europeo (Castor fiber) es un Roedor perteneciente al suborden Esciuromorfos, familia Castóridos. Se trata del mayor roedor de Europa. Su aspecto es rechoncho, compacto, y con una inconfundible cola aplastada y ancha, que le ayuda a desplazarse por el agua. Existe otra especie que vive en Norteamérica, el castor americano (Castor canadensis). 

Castor eurasiático

Vive en entornos acuáticos, ríos y lagos, donde encuentra alimento y construye sus refugios. Son bien conocidas sus habilidades constructivas: levanta diques y realiza canales para crear lagos artificiales que sirven de protección a sus madrigueras, lo que le ha valido el sobrenombre de “ingeniero del Reino Animal”. 

Presa hecha por castor. Parque Nacional Bieszczady, Polonia

Se distribuía desde las Islas Británicas y la Península Ibérica, en el Oeste, hasta China y Mongolia, al Este, a través de los bosques caducifolios y de coníferas. Usando los valles fluviales, se extendió por toda la taiga siberiana. Perseguido y cazado por su piel, muy apreciada, y por el castóreo, una sustancia que segrega por unas glándulas situadas junto a los testículos, que se ha usado en Farmacopea hasta comienzos del siglo XX , la población de castor declinó inexorablemente hasta unos 1.200 individuos en ocho poblaciones relictas, aisladas entre sí a principios del siglo XX. 

La piel del castor ha sido su perdición en tiempos históricos

A partir de ese momento, las diversas autoridades nacionales protegieron legalmente lo que quedaba del castor como, por ejemplo, en Francia en 1909, y comenzaron a realizarse traslocaciones de individuos para reintroducirlo en lugares de donde habían desaparecido previamente. Las primeras traslocaciones fueron internacionales: de Noruega (donde había una población relicta) a Suecia (donde había sido exterminado) en 1922. Y también se realizaron traslocaciones dentro de cada estado: en Francia se realizaron más de 20 traslocaciones desde 1960. La Directiva Hábitats, de la Unión Europea, considera al castor “especie prioritaria”. 

Distribución actual del castor eurasiático

Como resultado, en el año 2002 se estimaba una población de castores de 593.000 ejemplares, distribuidos en 26 países. Como ves, se ha realizado en Europa un gran trabajo de recuperación de la especie. ¿Y qué ha pasado en España? 

Históricamente, el castor también ha vivido en la Península Ibérica. Estrabón lo nombra inequívocamente en su obra “Geografía”, Libro III, y se han encontrado restos de castor en diversos yacimientos, asociados a distintos ríos del tercio Norte, datados desde la Edad del Hierro hasta el comienzo de la Edad Media. Por mi parte, en una investigación que hice, encontré un documento que hacía pensar que quedaban castores aún en España hacia mediados del siglo XIX. Mi conclusión es que el castor nunca llegó a ser demasiado abundante, y probablemente se extinguió más por la desaparición de su hábitat que por la explotación directa de su piel y su castóreo. 

En marzo de 2003, se descubren indicios de una nueva presencia de castores en España: tala de árboles, restos de forrajeo, pisadas, madrigueras, toboganes, excrementos y marcas de castóreo en el curso bajo del río Aragón (Navarra) y el sector contiguo del Río Ebro, entre Navarra y La Rioja. Posteriores averiguaciones llevaron a la conclusión de que se trataba de una suelta clandestina de 18 castores provenientes de Baviera (Alemania), por parte de un grupo animalista de origen e identidad desconocidos. 

Desde entonces, se ha constatado la presencia de la especie en La Rioja, Navarra, Álava y Aragón. En el año 2007, las autoridades riojanas, en primer lugar, y las navarras y aragonesas, después, elaboran un plan para el exterminio del castor, solicitando y obteniendo la autorización de Bruselas, y procediendo a un discreto exterminio evitando cuidadosamente que trascendiera a la opinión pública. 

Rastros recientes de castor. Río Arga (Navarra). Foto de Daniel García Mina (avistadepajaros.wordpress.com)

A pesar de este plan de exterminio del castor, aparentemente no se ha conseguido su erradicación, pero no ha trascendido el estado actual de la especie en España, su distribución y si se encuentra en expansión o en reducción. 

¿Y ahora qué? 

Pienso que la reintroducción de especies debe llevarse siempre con estudios de viabilidad, epidemiológicos, con selección de hábitats favorables y contando con los intereses humanos de la zona seleccionada. En el caso del castor, nos encontramos con una población reintroducida sin haber cumplido dichos requisitos, pero dado que el castor es una especie autóctona que fue exterminada por la mano del hombre, creo que se ha desperdiciado una ocasión de oro para recuperar una especie perdida de la fauna ibérica. 

A mí me parece que debería detenerse el actual plan de erradicación de la especie, cuidadosamente oculto a la opinión pública, y emplear el dinero que está costando en estudiar el estado de las poblaciones actualmente existentes, realizando los controles veterinarios pertinentes, y procediendo a traslocar ejemplares a lugares adecuados para ellos, donde no pueda haber conflictos con intereses humanos. Conflictos, de todos modos, que en Europa prácticamente no se han descrito en ningún lugar. 

Según la Directiva Hábitats, el castor es una especie “prioritaria”, lo que implica la elaboración y ejecución de planes de gestión para la misma. Seguramente esta es la razón por la que se ha optado por un discreto exterminio antes de que la especie se “escape de las manos”. He hecho averiguaciones con contactos míos cercanos a las autoridades medioambientales españolas, y he podido determinar que la posición de la Administración es la siguiente: 

Se tiene consciencia de que el castor es una especie autóctona, pero no se ha reconocido la reintroducción acometida en 2003 debido a su ilegalidad, y se procede a la erradicación de los castores reintroducidos, además, por su falta de hábitats adecuados para la especie en nuestro país y para “proteger la vegetación de ribera”. 

Estas “razones” aducidas para el exterminio de los castores merecen un comentario. Es cierto, como te dije antes, que la reintroducción salvaje realizada, debe rechazarse por su falta de planificación y controles veterinarios, pero también se habría podido optar por el camino contrario: tratar de controlar y reconducir la reintroducción hecha, en lugar de anularla. Las otras dos razones ya mueven a reflexiones más profundas. Se habla de que no hay hábitats adecuados para el castor en España, pero eso es algo que debería decidir el castor, no el ser humano. De hecho, desde su reintroducción, el castor ha logrado arraigar en determinados lugares de la cuenca del Ebro. Por tanto, no habrá tan pocos hábitats como nos quieren hacer creer. 

Proteger la vegetación de ribera. Insisto: el ser humano no está para intervenir en los procesos naturales. Durante millones de años, en las zonas donde el castor es autóctono, la vegetación de ribera ha co-evolucionado con este roedor, modificando su comportamiento y su biología, adaptándose a este depredador. Así, los árboles más comúnmente utilizados por el castor rebrotan con más fuerza cada vez que son talados. 

En realidad, lo que subyace tras este fallido episodio, es una concepción del ser humano hacia el medio natural basado en el concepto de “posesión”. Por lo visto, el ser humano “posee” el planeta Tierra, y decide qué especies animales pueden vivir y dónde pueden hacerlo, o no. Querida hija, estamos en pleno siglo XXI y ya se están produciendo profundos cambios en este paradigma, que no da para más. Tú verás cambios aún más profundos. 

Desde hace sesenta años, en España se está produciendo un despoblamiento del medio rural. Millones de personas que vivían del campo, en contacto con la Naturaleza para bien y para mal, lo abandonan en pos del espejismo de la vida urbana. Hoy día el 80% de la población española es urbana, y cuando tú seas una mujer adulta y madura, probablemente será el 90%. Esto ha influido en la recuperación natural de varias especies animales que estaban al borde de la desaparición. La Naturaleza reclama lo que una vez fue suyo. Y el ser humano será obligado a ser humilde y efectuar un nuevo pacto con la Naturaleza, nunca olvides que Dios perdona siempre, el ser humano algunas veces, pero la Naturaleza nunca perdona. 

Por tanto, a mí me parece que el ser humano debe empezar a cambiar esa percepción de la Naturaleza. El ser humano, ese animal auto-desnaturalizado, debería tener jurisdicción únicamente sobre las comunidades humanas, y asumir que el Planeta Tierra es un lugar compartido con otras criaturas que son más numerosas que nosotros, estaban aquí antes que nosotros, y seguirán aquí después de que la especie humana se haya extinguido.

Comentarios

  1. Dejamos soltar peces de norte América, faisanes de Asia, etc, etc. Pero queremos eliminar al castor europeo que recuperamos. Somos unos europeos tristemente extraños.

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    1. bueno por suerte ya a partir de 2019 la comunidad europea dijo que la especia ya se había naturalizado en nuestro entorno y paso automáticamente de considerarse una especie invasora a una especia protegida

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  2. Me sorprende la aparición del castor en la península, la verdad es que no tenía idea, pero me encanta pensar que hay una población estable, eso lo único que hace es enriquecer nuestra biodiversidad en todos los sentidos.
    Te quiero comentar respecto al exterminio del castor europeo un dato que no aparece y es al menos curioso... al menos así lo tengo entendido, ya me corregirás si no es así... por lo visto la cola del castor era un manjar en la europa del medievo y por ser escamosa no se la 'entendia como carne' por lo que en los periodos de abstinencia fue muy demandada, ya que estos periodos se extendían mucho en el tiempo, sobre todo en las clases adineradas de la época (clero y nobleza).

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