El entomólogo olvidado. Manuel Martínez de la Escalera

Querida hija:

El Cementerio Europeo de Tánger, en Marruecos, es una reliquia del periodo colonial. En él, entre muchas otras tumbas de cristianos que tuvieron alguna relación con Marruecos, hay una, con aspecto de medio abandonada. Si la vieras nada te haría suponer que se trata de la tumba del, posiblemente, más destacado entomólogo español de su época y seguramente de todos los tiempos: Manuel Martínez de la Escalera (1867 - 1849). En una época en la que no era muy habitual que zoólogos españoles explorasen el mundo en busca de especímenes, Manuel Martínez de la Escalera viajó por Oriente y África, describiendo más de ochocientas especies para la Ciencia. Hoy quiero reivindicar este entomólogo olvidado.

Manuel Martínez de la Escalera

Los primeros años de un naturalista

Manuel Martínez de la Escalera nació en San Sebastián el 18 de diciembre de 1867, en el seno de una familia originaria de La Rioja, y donde su padre estaba destinado como aduanero, concretamente en Irún. En 1884 se trasladan a Guadalajara y, a pesar de la afición que Manuel tenía ya por la Entomología, su padre le obliga a cursar la carrera de Derecho, que completa en 1892 en la Universidad Central de Madrid.

Es ésta una constante para los naturalistas. Siempre incomprendidos por la sociedad y por las familias, que no entienden por qué una persona habría pasar su vida estudiando "bichos", el naturalista lleva dentro un virus que jamás se cura. Por muchos obstáculos que la sociedad o la familia le pongan, el naturalista los sorteará todos y, antes o después, acabará cumpliendo su destino. 

En el caso de Manuel Martínez de la Escalera, lo que hizo fue frecuentar a los entomólogos del Laboratorio de Entomología del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid (MNCN) y participar en cuantas excursiones organizaban para recolectar insectos. También entró a formar parte de la Sociedad Española de Historia Natural (SEHN) en 1889. Estas dos instituciones serán finalmente el marco en el que Manuel podrá desplegar todo su talento entomológico.



En 1890 se casa con Emma Gorostegui y montan una vaquería en Villaviciosa de Odón como forma de ganarse la vida. Pero paralelamente, Manuel irá recolectando insectos y formando colecciones que poco a poco irá intercambiando con otros coleccionistas y también realizando operaciones de compraventa, lo que le empezará a reportar contactos que le abrirán las puertas de su futuro en la Entomología. Concretamente se especializó sobre todo en Coleópteros, sobre los que reunirá extraordinarias colecciones. Por ejemplo, de 1891 se conserva el espécimen más antiguo de cuantos colectó, el Carábido Notiophilus aquaticus, que vive en todo el Holártico, y que recolectó en La Granja de San Ildefonso (Segovia).

Notiophilus aquaticus

Durante estos años de final de siglo presta especial atención a la fauna entomológica de las cuevas, entra a formar parte de la Societé Entomologique de France, y con sus colecciones empieza a darse a conocer. Por ejemplo, el reputado científico Ignacio Bolívar en 1894 le dedica una nueva especie descrita a partir de un ejemplar recolectado por él: el grillo ibérico de montaña Eugryllodes escalerae, que es un endemismo del Centro-Oeste de la Península Ibérica.

En 1898 realiza su primer trabajo de investigación: una revisión de los coleópteros del género Bathyscia en España. Son éstos escarabajos pertenecientes a la familia Leiodidae, de forma globosa y muy pequeños (menos de 10 mm), conocidos comúnmente por "escarabajos de los hongos" por alimentarse fundamentalmente de hongos que crecen en madera en descomposición.

Eugryllodes escalerae, endemismo ibérico. (José Ramón Correas)

Pero desgraciadamente, las dificultades económicas le obligan a vender sus colecciones a uno de los más reputados coleccionistas de coleópteros de Europa: René Oberthür que, además de pagarle la generosa suma de 3.000 francos, le contrata para que recolecte ejemplares para él en una expedición a Siria y Turquía. Será su gran oportunidad y no la va a desaprovechar.

Comienzan las expediciones: Siria, Turquía, Persia, Guinea y Marruecos.

Antes de narrarte las aventuras de nuestro intrépido entomólogo por tierras de Oriente Medio y África, debes entender una cosa. 

Una vez que terminó la gran época de los viajes científicos de la Ilustración, España estuvo completamente ausente de los proyectos de investigación zoológica que las potencias europeas realizaban por todo el mundo amparándose en sus recién formados imperios coloniales. No sólo eso, sino que el propio territorio español era explorado por naturalistas extranjeros dada la desidia, el desinterés , la falta de medios y la caótica situación política de nuestro país en todo el siglo XIX. Por eso los viajes de Manuel Martínez de la Escalera son singulares: rompieron con esa dinámica anquilosante y demostraron, una vez más, que con adecuada financiación y con una clara política científica, el genio de los especialistas y aficionados españoles es tan bueno como el que más.

Las expediciones por Siria, Turquía y Persia

El objetivo de la expedición financiada por Oberthür era prospectar las Montañas Amanus y Tauro, en el Sur de Anatolia, que separan geográficamente Cilicia de Siria, y que ecológicamente se pueden caracterizar como Alta Montaña Mediterránea. El 5 de abril de 1898 se embarca en Marsella rumbo a Iskenderun, Imperio Otomano, pero aprovecha la escala en Esmirna para realizar una prospección previa por la zona que le reporta más de 500 especies, y narra en su relato cómo se escuchaba ampliamente el español por la zona merced a los judíos sefardíes que tenían allí gran colonia.

Manuel Martínez de la Escalera vestido al uso árabe. Alepo, 1899

De allí llega finalmente a Iskenderun donde empieza la expedición propiamente dicha por una región montañosa donde predominan los pinos, los cedros y las encinas. Durante tres meses recorrerá las montañas únicamente acompañado por un guía kurdo y durmiendo al raso o en tiendas de nómadas de la región. La expedición se salda con 20.000 ejemplares recolectados, todo un éxito.

A su regreso a España, Oberthür le comisiona de nuevo para realizar otra expedición con destino otra remota región del Oriente Medio: los Montes Zagros, en Persia. Son éstos montes de orografía alpina que recorren todo el Occidente de Persia, paralelamente a la frontera con Irak. Hoy muy deforestados por el sobrepastoreo, en la época de Manuel Martínez de la Escalera existían todavía buenos bosques de robles, alternados con estepas y aún se podían encontrar allí los últimos ejemplares de león asiático que quedaban en Persia.

Zona de Mesopotamia y los Montes Zagros visitada por Martínez de la Escalera

En enero de 1899 inicia su viaje acompañado esta vez por su hermano Fernando, que se encargará de colecciones botánicas. Para ahorrar costes, Manuel debe realizar un penoso viaje desde Iskenderun, en la costa mediterránea turca en una caravana por tierra atravesando Siria y Mesopotamia hasta Bagdad y desde allí bajando por el Tigris hasta Amara, y obteniendo salvoconducto de las tribus Beni Laam, hasta Persia donde se alojan con los arqueólogos franceses que están trabajando en Susa. Luego, a través del territorio de los nómadas Bajtiari hasta Isfahan tras cinco meses atravesando inhóspitas montañas. No está nada mal para un español de 1899, ¿verdad?

Como curiosidad, el propio Manuel cita un coleóptero tenebriónido del género Adesmia que pudo recolectar a 3.300 metros de altitud en estas salvajes montañas, abundantísimo según sus palabras. A pesar de la pobreza de esta región inhóspita, los hermanos Escalera logran colectar 3.000 ejemplares tanto zoológicos como botánicos, y no sólo insectos, sino también Reptiles, Roedores o Quirópteros. El regreso no fue menos novelesco: desde Isfahan atraviesan la cordillera por un paso más meridional hasta Basora, el puerto iraquí, donde embarcan hacia Bombay, India, y de allí pueden embarcarse hacia Europa.

Escarabajo del género Iberodorcadion

A su regreso dará conferencias sobre sus viajes en el MNCN y en la SHN, y realizará la publicación sobre el género Dorcadion que pudo recolectar en Turquía, relacionándolo con las especies españolas de este mismo género. Se trata de un género de Cerambícidos de la subfamilia Laminiidae, y hoy en día los escarabajos españoles de este género son asignados al subgénero Iberodorcadion, que en 2004 fue elevado a género independiente: es género endémico de la Península Ibérica, con una especie en Marruecos y dos en Francia.

Todavía en 1902 regresa a los escenarios de su primer viaje por Siria y Turquía, pero de este viaje no se ha conservado documentación, por lo que nada puedo decirte de ello. No obstante, sus futuras expediciones le llevarán esta vez hacia un nuevo continente: África.

Las expediciones por Guinea y Marruecos

Se cierra entonces el capítulo de las expediciones privadas de Manuel, iniciándose un periodo en el que será comisionado por instituciones públicas. En mayo de 1901 será designado uno de los cuatro naturalistas que irán agregados a la Comisión Española de Límites que será enviada a Guinea Ecuatorial, flamante colonia española, para delimitar los límites con el África Ecuatorial Francesa en cumplimiento del Convenio Hispano - Francés de 1900. La expedición permanecerá en Guinea desde junio hasta noviembre, y volverá con una ingente cantidad de especímenes, las Colecciones del Muni, sobre las cuales Manuel dará una Conferencia a su regreso, en la SHN.

Posesiones africanas españolas

Los abundantes resultados de la expedición serán estudiados y publicados en las Memorias de la Real Sociedad Española de Historia Natural, entre 1903 y 1910. Parece que los estudios faunísticos españoles en Ultramar empezaban a salir del letargo. Se hallaron más de doscientas nuevas especies para la Ciencia, pertenecientes a varios grupos zoológicos, y varias de ellas fueron dedicadas a Manuel Martínez de la Escalera, en honor a su gran desempeño, como por ejemplo la rana Cardioglossa escalerae, Anuro de la familia Anthrolepidae, que vive además de en Guinea Ecuatorial, en Camerún, la República Centroafricana y la República Democrática del Congo, donde ocupa hábitats de bosque tropical seco de tierras bajas.

Cardioglossa escalerae

En el año de 1905 Manuel iniciaría la relación con Marruecos, que sería el "amor de su vida", el país (aparte de España) donde viajaría más a menudo y prospectaría su entomofauna hasta convertirse en un verdadero experto en los coleópteros de ese país vecino. La Real Sociedad Española de Historia Natural puso en marcha aquel año la Comisión para la Exploración y Estudio del Noroeste de África, y consiguió para ella financiación mixta pública y privada.

Con estos mimbres, Martínez de la Escalera realizó varios viajes a Marruecos en los siguientes diez años:

- De junio a septiembre de 1905, en la que descubre su primera especie marroquí, una nueva especie del género Eulipus, tenebriónido de la subfamilia Tentyrini, en Rio de Oro.
- Del otoño de 1906 al verano de 1907
- Del verano de 1909 a finales de 1915, en la que sería su estancia más larga: seis años.

Playa de Mogador, Marruecos, 1914

En Marruecos recorrió las regiones de Tánger, Mogador y Cabo Juby (desde donde intentará alcanzar el Sahara, objetivo que nunca consiguió), explorando la costa y el interior de dichas regiones. Colabora con los Museos Nacionales de Ciencias Naturales y de Antropología enviando sus colecciones, y de ahí que el MNCN posea una de las mejores colecciones del mundo de Coleópteros marroquíes.

Llegará a descubrir 164 nuevas especies, y en 1909 empieza a publicar su trabajo sobre los escarabajos meloidos de Marruecos, una familia perteneciente a la superfamilia Tenebroidea y que se caracterizan por segregar cantaridina, un veneno que provoca irritaciones en la piel. Su trabajo es ímprobo: en el periodo 1913 - 1915 remite al MNCN nada menos que 12.693 coleópteros, más otro envío de 26.938 insectos junto con ejemplares tipo de 257 nuevas especies y variedades encontradas en Marruecos.

En noviembre de 1914, mientras Europa se sumerge súbitamente en la locura de la guerra, Martínez de la Escalera publicará la que será su obra cumbre: Los Coleópteros de Marruecos, verdadera obra de referencia donde nuestro intrépido naturalista recoge 2.874 especies y subespecies, de ellas 256 nuevas para la Ciencia.

Los Coleópteros de Marruecos, obra cumbre de Martínez de la Escalera

En 1916 consigue finalmente una beca de la Junta para la Ampliación de Estudios para trabajar en la Sección de Entomología del MNCN en la ordenación y catalogación de la colección de coleópteros, amén de continuar sus muestreos en varias provincias españolas. Finalmente, el virus de las expediciones volverá a picarle y propone organizar una expedición a la isla española de Fernando Poo, en las posesiones del Golfo de Guinea, pero se le deniega la financiación. Ni corto ni perezoso, buscará financiación por su cuenta para la que sería una de las principales expediciones naturalistas a la Guinea Española.

La Expedición a Guinea Ecuatorial de 1919.

Manuel Martínez de la Escalera realiza la propuesta a la Junta Municipal de Ciencias Naturales del Ayuntamiento de Barcelona, institución de la que dependía el Museo de Ciencias Naturales de dicha ciudad. Manuel prospectaría la costa mientras que su hijo Fernando, que ya había trabajado con él en Marruecos, iría al Continente. La Junta mostró su interés en el proyecto, con la condición de que las colecciones zoológicas que se consiguieran irían al Museo de Ciencias Naturales de Barcelona.

Territorios españoles del Golfo de Guinea

En marzo de 1919 Fernando se adelantaría a su padre saliendo para Fernando Poo, tras escalas en Senegal y Liberia, en línea regular de la Compañía Transatlántica. Hasta el mes de noviembre padre e hijo permanecerán en Guinea recorriendo tanto el Continente y la Islas de Fernando Poo, remitiendo regulares envíos de especímenes al Museo, de todos los grupos zoológicos.

Por ejemplo, para que te hagas una idea de cómo funcionaban este tipo de expediciones comisionadas por Museos en dicha época, tenemos un resumen de uno de los envíos más sustanciosos que Martínez de la Escalera remitió desde Guinea. Contenía:

- 1 caja grande con 50 cráneos de mamíferos, 29 pieles de mamíferos en seco y 159 pieles de aves
- 1 caja pequeña con 19 pieles de mamíferos en salmuera, un quelonio del Río Manyana, un cocodrilo  del mismo río y una piel de jabato.
- 1 caja pequeña con 20 moluscos terrestres en seco, una lata con 105 batracios en alcohol, un frasco con dos ejemplares de murciélagos de herradura (género Rhinolophus), y tres cráneos de colobos (género Colobus).
- 1 caja con 300 reptiles, ofidios y batracios, tubos con entre 300 y 500 moluscos y un cráneo de elefante sin colmillos. Si bien el elefante aparece identificado como Elephas africanus, seguramente correspondería al elefante de bosque Loxodonta cyclotis, especie que sólo se ha reconocido recientemente.

Si bien los conservadores del Museo expresaron descontento por el estado de los especímenes remitidos, también expresaron su satisfacción por ejemplares como el anomaluro (roedor arborícela africano del género Anomalurus), o los ejemplares de murciélagos frugívoros de cabeza de martillo Hypsighnathus monstruosus, y pajizo Eidolon helvum.

Murciélago frugívoro cabeza de martillo

Una vez se terminó la catalogación de los especímenes de vertebrados remitidos al Museo, se arrojó un total de 321 especímenes que, básicamente, son aves y mamíferos. Concretamente 222 aves pertenecientes a ocho órdenes: tres apodiformes, dos columbiformes, once cuculiformes, 187 paseriformes, 15 piciformes, dos procelariformes y dos psitaciformes. Los 91 mamíferos se distribuyen entre 43 quirópteros, 35 roedores, ocho artiodáctilos y cinco primates. Completa el conjunto de vertebrados ocho reptiles entre serpientes y camaleones. Sin embargo, curiosamente, los resultados de entomología, la especialidad de Manuel, fueron más bien decepcionantes, y no han sido aun convenientemente estudiados ni catalogados.

Segunda etapa (1920 - 1949)

A su regreso de Guinea, Martínez de la Escalera iniciará una etapa caracterizada por una definitiva vinculación con el MNCN y menos viajes exploratorios.

Pero empieza con un viaje a Tenerife entre diciembre de 1920 y junio de 1921 por cuenta del Museo para recolectar ejemplares allí, entre los que descubrirá diez nuevas especies. Realizará por primera vez divulgación editando revistas propias y se iniciará en el mundo del control de plagas, en el que realizará un proyecto en Argelia en 1925 para proteger los robledales del lepidóptero Lymantria dispar.  En el Museo organiza las Colecciones de Guinea y no para de viajar por España recolectando insectos en paralelo a todas estas actividades.

Entre 1932 y 1934 junto con su hijo Fernando publica sobre Apicultura, y realiza uno de sus últimos viajes a Marruecos al Rif en el verano de 1932. A su vuelta, obtiene finalmente por oposición un puesto de entomólogo agregado en la Sección de Entomología del MNCN. Por fin, funcionario del Estado. Vende también al Museo su colección particular de 80.000 ejemplares de Coleópteros pues las dificultades económicas seguían atormentándole.


En 1936 enviuda y mientras el personal del Museo es evacuado a Valencia al empezar la Guerra Civil, él permanecerá primero en Madrid y luego en Albacete donde continuará recolectando insectos.

Al terminar la guerra, Martínez de la Escalera mantendrá su puesto en el Museo sin ningún cambio, y la Sección de Entomología pasa a convertirse en 1941 en el Instituto Español de Entomología, en el que ya se jubilará en 1944, año en el que publica su última especie descrita, Catoplius altai. 

En 1946 se desplaza a Tánger con su hija Emma donde pasará sus últimos años. Fallece el 9 de agosto de 1949, y se encuentra enterrado allí.

EPÍLOGO

Martínez de la Escalera representó una nueva generación de naturalistas que, merced a las raquíticas colonias que le tocaron en suerte a España, como el Protectorado de Marruecos, Guinea, el Sahara español o Ifni, al estudiar la fauna de las mismas, sacaron a los estudios faunísticos españoles del letargo que supuso el siglo XIX.

Manuel Martínez de la Escalera describió nada menos que 862 nuevos taxones para la Ciencia, y las mejores colecciones de coleópteros de España y Marruecos que posee el Museo Nacional de Ciencias Naturales se deben a su trabajo. En cualquier país de nuestro entorno un entomólogo así habría pasado a ser un personaje conocido y apreciado, que habría recibido el homenaje de sus contemporáneos y el reconocimiento social.

Tumba de Manuel Martínez de la Escalera

Sin embargo, Manuel Martínez de la Escalera murió olvidado de todos, y su muerte sólo mereció una escueta necrológica. Que yo sepa, ninguna calle lleva su nombre y no existe ninguna placa conmemorativa de su trabajo o su estancia en ningún sitio. España no destaca por el reconocimiento a la profesión científica ni a sus científicos, excepto cuando ganan el Premio Nobel, cosa que sólo ha sucedido una vez, y fue por méritos adquiridos fuera de España.

Afortunadamente, al menos el Museo Nacional de Ciencias Naturales sí ha recuperado su memoria publicando libros y monografías sobre él y su trabajo, pero echo de menos un conocimiento y reconocimiento popular.

Espero que esta crónica te haya ayudado a conocer a este gran entomólogo español y su trabajo, y para que no olvides que el talento español está ahí, esperando a caer en tierra propicia y momentos propicios.

Comentarios

  1. Interesantísimo científico. Hay una errata en el año de defunción del primer párrafo, por si quieres corregirlo. Mil gracias.

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  2. Excelente lectura, muchas gracias!!
    Saludos
    Gabriela Martínez de la Escalera

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