King Kong y el gigantismo en el Reino Animal

Querida hija: 

No sé si te habrás ya dado cuenta que tu papá, además de un enfermo de la fauna, es un cinéfilo empedernido, afición que me viene de familia, y que espero transmitirte también al igual que mi pasión por la fauna. Pues bien, uno de los personajes más universales que ha creado el cine es King Kong, el gigantesco gorila, último de su especie, que vive en la imaginaria Isla de la Calavera, situada en algún lugar del Océano Índico, frente a las costas de Indonesia. Salvaje y poderoso, pero desdichado.

Cartel de la versión de King Kong de Universal Pictures, 2005

Hay tres grandes versiones de esta película. La clásica e inmortal de 1933, de Merian Cooper y Ernest Schoedsack, la modernizadora y olvidable versión de 1976, de John Guillermin,  y la interesante versión de 2005, de Peter Jackson, que vuelve a los orígenes casi fotograma a fotograma pero que explota a fondo los efectos especiales modernos. 

La Isla de la Calavera tiene otra particularidad, aparte de ser hogar de nuestro famoso simio. Está habitada por toda clase de animales gigantes: dinosaurios, murciélagos gigantes, y una auténtica pesadilla de insectos gigantes carnívoros, todos ellos deseando hincarle el diente a los infortunados expedicionarios que dieron con sus huesos en tan horripilante isla. Por supuesto, todas las criaturas que aparecen en las diversas versiones de “King Kong” son producto de la calenturienta imaginación de los respectivos guionistas, más nos valdría que no existieran en la realidad.

Sin embargo, aun siendo “King Kong” una sobresaliente muestra del cine fantástico, desde el punto de vista zoológico tiene bastante sentido. En efecto, existe el fenómeno del gigantismo en el Reino Animal, muy frecuentemente ligado a entornos insulares. Pero, antes de nada, deberemos definir qué entendemos por “gigantismo” en el contexto faunístico. El gigantismo es la adquisición, por parte de una especie animal, de un tamaño anormalmente mayor comparado con los ancestros evolutivos que le dieron origen, o con sus más cercanos parientes

Libre interpretación de la Isla de la Calavera por el artista Guillaume Quiles

Pero el gigantismo es un proceso de especiación alopátrica. No te asustes por el palabro. Significa que es un proceso de origen de nuevas especies por aislamiento geográfico, por eso se da muy a menudo en islas, así como el proceso contrario, el enanismo insular. Trataré de explicarme mejor. Aunque los elefantes o las ballenas son, sin duda, especies de inmenso tamaño, no podemos considerarlas “gigantes”, porque sus ancestros ya tenían ese inmenso tamaño. Sin duda, las especies que originaron en última instancia a los elefantes y las ballenas tenían tamaños medianos o pequeños, pero el aumento de tamaño que, durante la evolución, experimentaron estas especies no se debió al aislamiento geográfico, sino a otras complejas causas de carácter biológico. 

El poblamiento de islas es un proceso guiado por el azar. Las islas oceánicas, que nunca han estado unidas a continente alguno, se han poblado merced a corrientes aéreas y marítimas, que han traído semillas y animales. Las islas continentales, a su vez, han “heredado” faunas preexistentes en los continentes de los que formaron parte en tiempos pretéritos. Sea como fuere, en una isla dada, poblada inicialmente por unas pocas especies vegetales y unas poquísimas especies animales dadas, se encontraron con ciertas situaciones que favorecieron, en el proceso de la evolución, el aumento de tamaño que desembocó en el gigantismo. Veámoslas. 

Una de estas situaciones es la ausencia de depredadores. El tamaño pequeño constituye una ventaja para huir y esconderse de tus depredadores, pero si acabas accidentalmente en una isla desierta y no se encuentran allí quienes te quieren comer, entonces esa ventaja del pequeño tamaño desaparece y, por el contrario, se convierte en una desventaja porque hermanos tuyos un poco más grandes que tú, te quitarán la comida. Es decir, tu problema pasa a ser la competencia con tus hermanos, que pueden ser algo más grandes que tú. De ahí, se pasa al gigantismo. Un ejemplo son las tortugas gigantes. Las tortugas gigantes de las Islas Galápagos, que les dieron su nombre, constituyen un conjunto de diez especies, tres de ellas exterminadas por los humanos, que viven en todo el archipiélago. Pertenecen al género Chelonoidis.

Tortuga gigante de las Islas Galápagos, tal vez el ejemplo más célebre de gigantismo insular

Se cree que su ancestro fue una tortuga africana que pasó a Sudamérica arrastrada por las corrientes de los grandes ríos africanos, allá por el Oligoceno. Las tortugas no toleran mal el agua, ya que pueden flotar con la cabeza erguida y pasar hasta seis meses sin comer ni beber. Y, de Sudamérica, por los mismos medios, y arrastradas por las corrientes marinas, acabaron en las Galápagos donde, ante la evidente ausencia de depredadores, aumentaron de tamaño y diversificaron su dieta. Estamos hablando de verdaderos gigantes de más de trescientos kilos de peso.

Distribución de las diferentes especies de tortugas gigantes en las Islas Galápagos

Las Islas Galápagos no son el único lugar del mundo donde hay tortugas gigantes. En Madagascar y en la mayoría de las islas del Índico Occidental había varias especies de tortugas gigantes, de oscuro origen. Los marineros europeos acabaron con casi todas ellas debido a su sobreexplotación para su consumo, hacia 1840. Actualmente sólo sobrevive una especie en libertad: la tortuga gigante de Aldabra, Aldabrachelys gigantea, que vive en el atolón de Aldabra, en las Islas Seychelles. Ha sido introducida en la Isla Moyenne y en Changuu, cerca de Zanzíbar. También vive en cautividad en otras islas. 

Otra de las situaciones que se dan en una isla remota recién colonizada, es la ausencia de competidores. Es decir, una especie o un reducido conjunto de especies, se encuentran con que hay más nichos ecológicos que ocupar de los que ocupaban en su patria original. Lo normal es que, al haber más recursos para explotar y menos especies para explotarlos, la evolución favorece la diversificación de dichas especies para explotar eficientemente los recursos alimenticios de la isla. El gigantismo es una de esas respuestas evolutivas que se favorecen en este caso. 

Un ejemplo de esta situación lo constituyen un grupo de extraordinarios grillos ápteros (sin alas) autóctonos de Nueva Zelanda y que se conocen con el nombre de “wetas”. De entre las muchas especies de wetas que existen en la actualidad, varias de ellas, como Deinacrida fallai han alcanzado el gigantismo: con sus 20 centímetros de longitud, es uno de los mayores insectos del mundo. Nueva Zelanda era originariamente una tierra habitada sólo por aves e invertebrados. Por consiguiente, insectos como los weta han evolucionado para ocupar nichos ecológicos que en otras partes ocupan los roedores. El weta gigante es un animal nocturno que sale a devorar materia vegetal. Pero esta idílica situación se alteró cuando los maoríes conquistan el archipiélago e introducen la rata polinesia, y se agrava cuando los posteriores invasores europeos introducen la rata gris, los gatos, los cerdos, etc… 

El weta gigante, uno de los más notables insectos gigantes de la fauna mundial

De hecho, se ha efectuado un estudio comparando los wetas que viven en lugares donde las ratas se los comen, con lugares, sobre todo islotes, donde las ratas no han llegado. Las conclusiones son de lo más interesantes. Allá donde hay ratas, el tamaño de los weta se ha ido reduciendo, ya que el gigantismo ya no ofrece ventajas ante un aguerrido depredador. Pero, por otro lado, esta reducción de tamaño ha tenido como consecuencia inesperada el que los pájaros empiecen a depredar sobre los wetas, cuyo anterior gigantismo lo impedía, con lo cual el peligro de extinción de estos notables animales se ha doblado: dos tipos de depredadores donde antes no había ninguno. Como era de esperar, esto no se ha observado allá donde no hay ratas. Una vez más, hija mía, date cuenta que las cosas en el Reino Animal no suceden por casualidad, y siempre hay una razón para explicar todo lo referente a los animales. Si no somos capaces de encontrarlas, entonces reconozcamos que somos unos ineptos y sigamos investigando. 

Distribución de las diferentes especies de weta gigante

Finalmente también se puede dar otra situación que favorece el gigantismo: la existencia de presas gigantes o de gran tamaño. Siguiendo con el ejemplo de Nueva Zelanda, allí existieron varias especies de un ave no voladora, llamada “moa”. Al igual que sucede con los weta, algunas de esas especies alcanzaron tamaños gigantes: estamos hablando de un ave mayor que el avestruz, que es la mayor ave actual. Se sabe positivamente que los moas fueron exterminados por los maoríes ya que no existían ya en el archipiélago a la llegada de los europeos. Pues bien, surgió otro enorme depredador seguramente especializado en el consumo de moas: la gigantesca águila de Haast, que se conoce sólo por fósiles. 

Pero también existe un ejemplo actual: el conocidísimo dragón de Komodo Varanus komodoensis, el mayor de los lagartos actuales con sus tres metros de longitud. Es un formidable animal, musculoso, de aspecto prehistórico, que vive en ciertas islas indonesias como Flores, Komodo, Rintja y Padar. El dragón de Komodo, que fue descubierto para la ciencia occidental en 1910, cuando un aviador aterrizó accidentalmente en la isla de Komodo, viéndose inmediatamente rodeado por una turbamulta de dragones, tiene su origen en varanos de tamaño mediano originarios de Australia. Llegaron a estas islas a la deriva, como sucede tan a menudo, y los especialistas creen que el estímulo para alcanzar el gigantismo fue el elefante enano de la Isla Flores, actualmente extinguido.

El dragón de Komodo, auténtica bestia prehistórica originada en una Isla de la Calavera en miniatura

Hoy día, aunque los dragones de Komodo son fundamentalmente carroñeros, son capaces de depredar, y lo hacen, sobre cabras, cerdos y ciervos. Por cierto, la Isla Flores albergó, según recientes descubrimientos, una forma humana afectada por enanismo insular: Homo floresiensis

Situación de las islas donde vive el dragón de Komodo

Estas tres situaciones descritas no describen, por supuesto, la amplia casuística que se puede dar en una isla fortuitamente poblada por un conjunto dado de especies pioneras. Y no siempre se puede dar una respuesta sobre la razón del gigantismo de una especie dada. Un ejemplo de esto es la curiosísima historia del insecto palo de Lord Howe Dryococelus australis. Con sus 15 centímetros de longitud, este insecto fásmido es uno de los mayores insectos palo que se conocen. Inicialmente vivía en el pequeño archipiélago de Lord Howe, situado en el Mar de Tasman, entre Australia y Nueva Zelanda. Este pequeño paraíso, debido a su aislamiento, había albergado varias especies animales únicas en el mundo. 

El insecto palo de Lord Howe. Da bastante cosilla, pero su historia merece ser contada

Toda esta era feliz llegó a su fin cuando el 15 de junio de 1918 el Makambo, que hacía la ruta entre Sydney y Port Vila naufragó en las islas, “desembarcando” una carga letal: ratas. 

La insaciable voracidad de estos invasores devastó las islas Lord Howe, llevando a la extinción nada menos que a seis especies de aves que ya nunca volverán. Y también devoraban los huevos de nuestro desgraciado insecto palo. De tal forma que en sólo dos años, para 1920, se avistó el último ejemplar, dándose por extinta la especie oficialmente en 1930. 

A veinte kilómetros de Lord Howe existe un extraordinario islote en forma de pirámide. La Pirámide de Ball, con sus 562 metros alzándose abruptamente desde el fondo del Mar como una fortaleza inexpugnable pronto desafió a los alpinistas que deseaban ser los primeros en hollar su cima. En 1964 un grupo de scouts llegaron a la isla para intentar la difícil proeza, pero el mal tiempo les hizo desistir y comenzaron a retirarse. Antes de embarcar, encontraron el cadáver de un insecto bastante raro, y tuvieron el buen tino de fotografiarlo. Cuando lo enseñaron a las autoridades australianas, estos les indicaron que se trataba de una especie de insecto palo que se había extinguido, por lo que no le dieron credibilidad al hallazgo y la cosa se quedó ahí. Pero en 2001 se envió por fin una expedición de entomólogos para dilucidar el misterio de una vez por todas. Encontraron una pequeña plataforma rocosa casi suspendida sobre el abismo, donde había un único arbusto. Y encontraron, además, excrementos que les llevaron a redescubrir, setenta y un años después de su extinción, a los únicos veinticuatro supervivientes del insecto palo de Lord Howe.

La Pirámide de Ball, último refugio del insecto palo de Lord Howe. Al fondo, la Isla Lord Howe

Había que tomar medidas, y se tomaron. Después de varios avatares, en 2003 se inició un programa de cría en cautividad en tres países: Australia, Gran Bretaña y EEUU, que ha permitido reunir un número suficiente de ejemplares como para plantearse la reintroducción del insecto palo en su patria originaria. Pero antes, supongo que intentarán eliminar las ratas… 

Una última reflexión sobre el gigantismo insular animal. La gran mayoría de los casos conocidos corresponden a animales exinguidos, como los moa, los Aepyornis de Madagascar, los famosos dodo de Mauricio y Reunión, el lémur gigante de Madagascar, o las ratas gigantes canarias Canariomys bravoi y Canariomys tamarai. Todos ellos exterminados por el ser humano pero, también, muchísimos más casos extinguidos en tiempos prehistóricos sin intervención humana. ¿Por qué? 

El gigantesco moa de Nueva Zelanda, exterminada por los humanos en tiempos históricos

Como has podido ver, las faunas insulares son delicadas y su equilibrio es muy frágil, al ser comunidades pequeñas y cuyo bienestar depende a menudo de pocos factores. Cualquier cambio en dicho equilibrio, por pequeño que sea, puede tener devastadoras consecuencias. El ser humano ha sido el más grave de esos desequilibrios, pero debemos seguir estudiando y estrujándonos el cacumen para entender este tipo de extinciones, que nos ayudará a poder proteger las especies gigantes que aún quedan en nuestro planeta.

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