Bosques de fuego. La fauna de los bosques otoñales ibéricos

Querida hija:

El otoño es mi estación favorita. El cada vez más insoportable calor veraniego remite y desaparece, la vida parece que empieza de cero otra vez y, sobre todo, es en otoño cuando la Naturaleza nos ofrece gratuitamente uno de sus más bellos espectáculos: los bosques caducifolios adquieren una maravillosa paleta de colores, desde el marrón hasta el rojo ardiente, pasando por naranjas y amarillos chillones. Aunque este año el otoño se está haciendo esperar...

La Selva de Irati, un hayedo de leyenda

La observación de estos bosques se convierte, incluso, en un recurso económico más para muchas zonas. Empresas especializadas en turismo de naturaleza lanzan sus excursiones a los bosques otoñales y en lugares como el hayedo de Montejo, en Madrid, si no reservas plaza con seis meses de antelación, es imposible visitarlo en otoño, cuando más demanda hay. Vamos a conocer un poco sobre la fauna que albergan estos bosques. Si bien muchos de los animales que pueblan los bosques eurosiberianos se encuentran también en otros ecosistemas, trataré de hacer hincapié en los animales más propios del bosque.

La Península Ibérica, desde el punto de vista zoogeográfico, se divide en dos zonas: Eurosiberiana y Mediterránea. Los bosques otoñales son propios de la zona eurosiberiana, que se extiende por la zona cantábrica y pirenaica. Se trata de los llamados "bosques atlánticos", o, según los botánicos, "bosques planocaducifolios templados", que crecen, allí donde el ser humano lo ha permitido, a alturas bajas y moderadas, los llamados "piso colino o montano", hasta los 1.700 metros de altitud, y bajo la influencia de los climas Templado/atlántico húmedo y Subatlántico/oromediterráneo. Fuera de esta zona, en la Iberia Mediterránea, existen reductos de este tipo de bosques, asociados a zonas cuya altitud, humedad y orientación geográfica permiten su existencia. Normalmente se trata de supervivientes de la retirada de los hielos en la época glacial, que encontraron refugio.

El Bosque de Muniellos, el mejor robledal de la Península Ibérica

Las especies vegetales que forman estos bosques eurosiberianos forman una asociación muy común en la Península: el roble, auténtico símbolo de nuestros bosques atlánticos, junto con el abedul y el castaño. Pero también están presentes los fresnos, sauces, alisos, verbales, avellanos, acebos, y, a una mayor altitud, hasta los 1.600 - 1.700 metros, las hayas, que forman verdaderos "bosques de hadas" por su humedad y umbrosidad. Hay también un abundante sotobosque de brazos, arándanos, tojos y helechos.

El Bosque de Somiedo en todo su esplendor

En otoño, estos bosques alcanzan su máxima productividad de frutos: moras, arándanos, hayucos, bellotas, semillas varias...lo que constituye la base alimentaria de su fauna, junto con los invertebrados que viven y se refugian en su suelo saturado de hojarasca, rápidamente descompuesta. Grandes ejemplos de estos bosques son, en Asturias, Muniellos y Somiedo, en Navarra la Selva de Irati, en La Rioja, Sierra de la Demanda, o en los Pirineos el Parque Nacional de Ordena y Monte Perdido.

El hayedo de Montejo, una reliquia de la edad de hielo en El Centro de la Península

La avifauna, por tanto, es abundante y variada. En la Península Ibérica, el ave símbolo de los bosques es el urogallo Tetrao urogallus que se encuentra en los bosques cantábricos y pirenaicos. Escaso y tímido, existe un dimorfismo sexual: los machos tienen una librea negra, blanca y roja que ayuda a impresionar a las más discretas hembras. Son muy sensibles al estrés y la persecución humana. Su presencia suele indicar que el bosque goza de buena salud natural. 

El urogallo, símbolo de los bosques cantábricos

Los popularmente llamados "pájaros carpinteros" son también característicos de los bosques caducifolios, donde se alimentan de larvas que encuentran bajo las cortezas de los árboles. Sus fuertes picos les ayudan a descubrirlas y capturarlas. Podemos citar aquí al pito real Picus viridis, que puede verse incluso en la ciudad de Madrid o el pito negro Dryocopus martius.

El pito negro es uno de nuestros pájaros carpinteros

En cuanto a las aves más pequeñas, son muy comunes en los bosques el carbonero Parus major y el herrerillo Cyanistes caeruleus. Son ambas especies pequeñas joyas, por su menudo tamaño y sus preciosos diseños en blanco, negro y azul. Luego, si se tiene suerte, se pueden observar aves más esquivas y menos comunes como la siempre curiosa abubilla Upupa epops , con su cresta retráctil, o el mirlo capiblanco Turdus torquatus con su inequívoca pechera blanca.

El carbonero es una de las joyas aladas del bosque

Entre los mamíferos más propios del bosque caducifolio, a uno se le viene a la mente la ardilla común Sciurus vulgaris pero, en realidad, en la Península Ibérica son más comunes en los bosques de coníferas, aunque también pueden encontrarse en los eurosiberianos. Los roedores más propios de estos bosques son los lirones grises Glis glis que, en la Península Ibérica se encuentran exclusivamente en los bosques atlánticos y pirenaicos, a diferencia de su primo el lirón careto Eliomys quercinus que se extiende por la Iberia mediterránea. Es un precioso animal, cubierto por una buena capa de pelo, y con una cola hirsuta muy característica.

En cuanto a los depredadores, una situación análoga a los lirones se da con el armiño Mustela erminea, el más pequeño de los carnívoros ibéricos, con sólo unos 25 cm de longitud sin la cola, que acaba en un característico pincel negro. En la Península Ibérica es exclusivo de la zona eurosiberiana, aunque además del bosque, puede habitar en prados y en zonas de ribera. Por el contrario, su prima la comadreja Mustela nivalis con la que puede ser confundido a pesar del mayor tamaño de esta última, vive también en toda la zona mediterránea de nuestra Península. 

El escaso armiño, el más pequeño de los carnívoros ibéricos

Pero el gran carnívoro forestal ibérico es, sin duda, la marta Martes martes , robusta, bien adaptada al clima frío con con su pelaje color castaño oscuro con una característica mancha naranja en la pechera. Muy hábil en los árboles, donde prefiere los más maduros para refugiarse. Vive exclusivamente, en la Península, en la zona cantábrica y pirenaica, y también en las Baleares.

La marta es el gran depredador del bosque atlántico

Por supuesto, en los bosques otoñales también se pueden observar águilas, gavilanes, corzos, jabalíes, zorros, garduñas, jinetas...y un largo etcétera. Pero he querido hacer hincapié en las especies tal vez más propias de estos bosques templados. Cualquier paseante curioso, a la vez que observa la belleza de los colores otoñales, puede observar esta fauna. Con unos buenos prismáticos, la avifauna se muestra sin demasiados problemas. En cuanto a los mamíferos, son siempre más difíciles de observar, pero si se mira bien a nuestro alrededor, podemos ver sus rastros que, en muchas ocasiones, nos llena de alegría y satisfacción, pues nos dicen de su presencia exactamente igual que si los observáramos: huellas de pisadas, rascaduras, hozaduras, pelos, cáscaras roídas...y, en los bosques cantábricos, con suerte, podríamos ver el premio gordo: una huella de oso pardo...

El oso pardo, premio gordo de cualquier observador curioso y respetuoso

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