Especial Halloween. La Bestia del Gévaudan: examen zoológico

Querida hija: 

Aprovechando estas fechas de Halloween, aunque no soy partidario de esta celebración estadounidense ajena a nuestra cultura, y dado que a pesar de ello se ha impuesto en nuestra cosmopolita sociedad, me gustaría hablarte de uno de los casos más extraordinarios y notables de ataque de una comunidad humana por parte de un animal salvaje. Probablemente sólo el célebre caso de los leones devoradores de Tsavo, en Kenia, 1898, pueda igualarle en fama, pero el asunto de la que ha pasado a la Historia como la “Bestia del Gévaudan”, es notable sobre todo por el hecho de que, exactamente 250 años después de su muerte, a día de hoy nadie ha sido capaz de identificar con absoluta seguridad al animal que aterrorizó la región francesa de Gévaudan entre 1764 y 1767.

Grabado de la época informando de una recompensa a quien capturase la Bestia

Curiosamente, del caudaloso río de obras que se han escrito sobre la Bestia, ninguna de ellas ha sido traducida al castellano. Su historia fue más conocida en España a raíz del estreno de la estupenda película francesa “El Pacto de los Lobos”, en 2001. Pero mucho antes de esa fecha, yo me topé con la Bestia en dos ocasiones. La primera de ellas yo era un niño, y cayó en mis manos uno de aquellos comics de terror que tan en boga estaban a principios de los años ochenta, y una de las historias que aparecían en él llevaba por título “La Bestia del Gevaudan”, y se veía cómo una horrible criatura indescriptible se daba un festín tras otro con indefensas doncellas. 

La segunda vez ya fue más crecidito, cuando leí la imprescindible obra de Ramón Grande del Brío “El lobo ibérico. Biología y Mitología”. En la segunda parte, la de la Mitología asociada al lobo, había una reseña sobre los terribles sucesos de Gévaudan, que siempre se atribuyeron oficialmente a un lobo, añadiendo más estigma aún a esta desdichada especie. Yo voy a examinar aquí el asunto más detalladamente, pero voy a apoyarme en los documentos existentes, y trataré de aplicar mis conocimientos de zoología para definir mi propia opinión, ya que en este blog no se hace seguidismo de opiniones ajenas, para eso no hago un blog. 

Antes de que emprendamos un viaje a la tenebrosa comarca del Gévaudan, me gustaría agradecer aquí la ayuda de Juan Carlos Mateos López, del blog criptidos.blogspot.com cuyos consejos e informaciones me ayudaron a centrar la filosofía de mi búsqueda de información. No es mi intención hacer aquí un ejercicio de Criptozoología, la disciplina que busca comprender animales “ocultos” para la ciencia oficial. Doctores tiene la Santa Madre Iglesia y yo aplicaré un enfoque zoológico, ya que no creo en explicaciones sobrenaturales para este, ni ningún otro asunto, aun reconociendo nuestra ignorancia sobre mucho de lo que compone el Reino Animal. Y sin más preámbulo, empezamos. 

En el Año del Señor de 1764 Francia se encontraba en una situación complicada. En el año anterior había sido derrotada en la Guerra de los Siete Años por Gran Bretaña y Prusia, una guerra mundial encubierta que dejó a la Corona exhausta. Las exacciones e impuestos necesarios para la recuperación nacional pronto agobiaron a los campesinos más humildes. La región del Gévaudan, situada en lo que hoy es el Departamento de Lozère, en la Región de Languedoc-Roussillon, era, y sigue siendo, una de las más pobres de Francia. Hoy se conoce con el nombre de Pays de la Bête. 

El País de la Bestia. 

Situación geográfica de la región del Gévaudan, Francia

Era una región muy rural, aislada, cuya población se había levantado en varias ocasiones contra la Corona debido a herejías pseudo-protestantes que aún subsistían, décadas después del Edicto de Nantes. En parte debido a ello, la región estaba estrechamente controlada por un cuerpo militar del Ejército francés llamado los Dragones. Eran conocidos como “los misioneros con botas”, debido a su supuesto papel de controlar a los desafectos cripto-protestantes que infestaban la región, encima muy cabreados por el incremento de impuestos debidos a la posguerra. Por si fuera poco, un clero que desconfiaba de sus feligreses aumentaba aún más el control que se ejercía sobre esta población en situación prerrevolucionaria. 

El 11 de abril de 1764, una vaquera de Langogne es atacada súbitamente por un animal salvaje. Ella, con presencia de ánimo, le hace frente con un bastón y logra azuzar a sus perros contra el animal, de forma que le pone en fuga. Su descripción de dicho animal es muy importante, porque es la primera descripción de lo que luego se conocerá como La Bestia. Precisamente por eso, no está contaminada y creo que es sincera y fresca: 

La bestia que me atacó parece un lobo grande, pero no lo es. Su cabeza es más grande, más alargada, es roja, y tiene una línea negra a lo largo de la espalda. Ella no intentó atacar al ganado. ¡era a mí a quien quería devorar!

Los grabados de la época eran truculentos a más no poder, rayanos en lo Gore

Es importante que entiendas, hija mía, que la región de Gévaudan era una región ganadera donde abundaban los lobos sobremanera. Por consiguiente, sus habitantes estaban muy familiarizados con los lobos, y sabían perfectamente qué era, y qué no era, un lobo. Posteriores descripciones de víctimas supervivientes fueron sin duda influidas por un sinfín de factores, pero coinciden en lo básico. “Su cabeza es ancha, muy grande, yace como la de un ternero, el cabello rojizo, rayado con negro en la espalda, el cofre ancho y un poco gris, las patas delanteras bastante bajas, la cola extremadamente ancha, tupida y larga. Corre saltando con las orejas derechas”. 

El 30 de Junio de 1764 la Bestia se cobra su primera víctima mortal, la jovencita de catorce años Jeanne Boulet, cerca del pueblo de Hubacs. Se conserva el acta de su entierro en la Comuna de Saint-Etienne-de-Lugdares: “el primero de julio de 1764 fue enterrada Jeanne Boulet, sin sacramentos, siendo asesinada por una bestia feroz, en presencia de Joseph Vigier y Jean Reboul”. Durante el resto de aquel verano se suceden más víctimas, normalmente niños o jovencitas que pastorean ganado en el monte. Se organizaron las primeras cacerías para localizar y abatir al extraño animal, sin resultado. 

Mapa del actual departamento francés de Lozère, donde la Bestia mató a muchas de sus víctimas

Por tanto, se recurre a los odiados Dragones del Rey, dirigidos por el Capitán Duhamel. A partir del 15 de septiembre se inician las batidas, sin resultado positivo. En octubre, la Bestia vuelve a cobrarse varias víctimas. Aparentemente en una de las batidas la Bestia es herida, pues un testigo la ve cojear ostensiblemente. El 15 de diciembre, los Estados del Languedoc ofrecen una recompensa de dos mil libras a quien logre matar a la Bestia. En lo que queda de mes, y año, cinco personas más fueron muertas. 

Entonces, el 31 de diciembre, un rayo de cólera divina azota la región. El Obispo de Mende, Gabriel-Florent de Choiseul-Beaupré hace un llamamiento a la oración, pero fustiga a la aterrorizada población diciendo que la Bestia ha sido enviada por Dios como Su cólera vengadora para castigar los contumaces pecados del pueblo. En ese momento, lo que hasta entonces era un incómodo asunto regional, pasa a ser la comidilla de las gacetas que, incipientemente, empezaban a hacer el papel de una Prensa informativa, como el Correo de Aviñón

A comienzos de 1765, y dado el fracaso de los Dragones de Duhamel, un consejero del Rey envía a dos experimentados cazadores de lobos. A Martin Denneval y su hijo se les atribuyen nada menos que mil doscientos lobos cobrados. Pero mientras los Denneval se ponen en camino al corazón de la tenebrosa región sometida por la Bestia, el 12 de enero la Bestia ataca y acosa a un grupo de siete niños de Villaret. Esta tropa de pilluelos logra mantener la calma y, a pesar de los ataques del feroz animal, capitaneados por Jacques André Portefaix logran hacerle frente y ponerle en fuga. La refriega pasó a la Historia como “La Batalla de Portefaix”. El relato fue puesto por escrito por el cura de la parroquia, a instancias del subdelegado del intendente de Languedoc en Mende. Como recompensa por su hazaña, el Rey pagó la educación del joven Portefaix. El documento se conserva en los archivos de Montpellier. 

El 14 de marzo, la Bestia ataca a una mujer, Jeanne Jouve, que estaba en compañía de algunos de sus hijos. Cuando la Bestia se llevaba a una de sus hijas, de nueve años, salió todo el instinto de madre luchadora y Jeanne forcejea con la Bestia hasta liberar a su pequeña, a pesar de las tremendas dentelladas que hieren a la madre coraje. El Rey la gratificará posteriormente con 300 libras, al conocer el relato de su historia, puesto por escrito por el cura de Saint Alban, en un informe para el Obispo de Mende. 

Los Denneval fracasaron igualmente como los Dragones de Duhamel, y el 20 de Junio toma su relevo el Arcabucero Real François Antoine, un inflexible personaje que llega con las órdenes tajantes de terminar como sea con este desconcertante asunto que está socavando ya el propio prestigio del Estado en una región descontenta y desafecta de por sí. Antoine decreta que la Bestia es un lobo, contrariando, como hemos visto, a los testigos. El 11 de agosto, en una de las cacerías organizadas por Antoine, la Bestia ataca a Marie-Jeanne Valet quien, armada con una lanza, pues colaboraba en la batida, logra clavársela y herir a la Bestia, que desaparece en el bosque. Valet se convertirá en una heroína local, y Antoine la bautizará, en una carta dirigida al ministro, como “La Doncella de Gévaudan”. 

Monumento conmemorativo de la hazaña de La Doncella de Gévaudan. Al fondo, el País de la Bestia

El 21 de septiembre Antoine abate a un gran lobo de sesenta kilos de peso cerca de la Abadía de Chazes. Decreta oficialmente que se trata de la Bestia y hace que varios testigos, entre ellos Marie-Jeanne Valet, lo identifiquen en efecto como tal. El animal es disecado en Sangues. En los archivos departamentales de Puy-de-Dôme se conserva una relación de los productos que se emplearon para embalsamar a la supuesta Bestia: “Etat des drogues fournies pour l’embaubement de la Bette feroce”. El 1 de octubre es enviado el lobo a Versalles y Antoine recompensado. Tal como le fue ordenado, el asunto de Gévaudan fue oficialmente cerrado. 

El lobo que se pensaba era la Bestia fue embalsamado y presentado en la Corte de Versalles

Pero las muertes continuaron. El 1 de enero de 1766 le llegó el turno a un niño de 8 años de La Vesseyre, que resultó herido, seguido por la muerte de una mujer cerca de Juliangues, a principios de febrero. Pero estos casos fueron silenciados para no evidenciar la actuación de las autoridades que, evidentemente, se habían equivocado de animal. Son ahora las autoridades locales las que organizan batidas y cacerías de una Bestia que oficialmente ya no existía, sin éxito. La Bestia aterroriza a toda la región durante 1766 pero volviéndose, al parecer, más cautelosa. 

Los ataques se recrudecen en la primavera de 1767. 

El 1 de junio, en respuesta a un ataque producido el día anterior, el Marqués de Apcher organiza una cacería en el Bosque de la Ténazeire. Allí, el cazador Jean Chastel, natural de La Besseyre-Sainte-Marie mata a la Bestia usando, según la tradición local, una bala fundida a partir de medallas de la Virgen. El cadáver del animal es llevado a la residencia del Marqués, en el Castillo de Besque, en Charraix. El notario Marin levanta acta, realizando una minuciosa descripción del animal, que resulta ser un macho de 53,3 kilos de peso. En el acta se nombran veintiocho testigos que aseguran que se trata de la Bestia que les atacó. La descripción que el notario hace del animal se conserva en los Archivos Nacionales. Un resumen en castellano se puede consultar en: http://www.betedegevaudan.com/es/index_es.html. El texto original en francés se puede ver en: http://web.archive.org/web/20090317032150/http:/shoes.club.fr/rapport_marin.htm

Placa conmemorativa de Jean Chastel, el cazador que abatió a la Bestia definitivamente

Invito al curioso lector que lea este documento, y saque sus propias conclusiones. Mi conclusión, desde luego, es que el Arcabucero Real Antoine intimidó o amenazó de alguna forma a los testigos que él manejó para que identificaran su lobo como la Bestia, ya que estaba claro que él venía con órdenes muy estrictas de cerrar el asunto como fuera. 

El animal fue disecado lo mejor que se pudo por el panadero del pueblo, y durante doce días quedó expuesto a los curiosos. El marqués envía a la Bestia al Rey, y el cadáver, mal embalsamado, tiene que soportar otros quince días de viaje en pleno verano. Cuando llega a Versalles, se encuentra en avanzado estado de descomposición, y el Rey, comprensiblemente, se niega a verlo. En parte también porque el asunto estaba oficialmente cerrado y se obstinó en hacerlo ver. Pero el mayor naturalista de la época, Georges-Louis Leclerc de Buffon sí lo examinó, aunque no se conserva ningún informe escrito por él donde se reflejen sus opiniones. 

A partir de este momento, se pierde la pista del cadáver de la Bestia, añadiendo aún más misterio a un asunto ya enrevesado. Hay quien dice que fue enterrada en el jardín de Versalles, pero no hay ningún documento que lo demuestre. A partir de aquí sigo el artículo “La segunda muerte de la Bestia de Gévaudan” escrito por Franz Jullien, del Service de Conservation des Collections. Grande Galerie de la Evolution. Museum National d’Histoire Naturelle, de París. 

Según este estudioso, hoy día no existe ninguna constancia escrita de que los restos se hayan quedado en el Laboratorio de Zoología, Mamíferos y Aves ni en el Laboratorio de Anatomía Comparada del Cabinet du Roi, que sería más tarde el Museo de Historia Natural de París. Pero viene a reconocer el desastre que los inventarios de la institución era en aquella época, realizado sin ningún tipo de rigor. 

Sin embargo, en 1819 se vendía por un franco un pequeño folleto en el Jardin des Plantes, donde había una descripción de lo más notable en el Menagerie y el Cabinet d’Histoire Naturelle: acerca de la vida y los hábitos de los animales feroces que están encerrados tanto en la Casa de Fieras como en el Valle de Suiza seguidos de las curiosidades que están en el gabinete de Historia Natural. Imprenta de J. Mormal, París, 1819. Este librito está disponible en la Biblioteca Central del Museo Nacional de Historia Natural, 38 Rue Geoffroy Saint Hilaire, Paris 5, donde está archivado bajo el símbolo: 8º Res. 48. 

En las páginas 5 y 6 puede leerse: “5. La hiena rayada de Oriente…este animal feroz e indomable se clasifica en la clase del “loup cervier” [lince] Vive en Egipto, recorre las tumbas para arrancar los cadáveres, durante el día ataca a hombres, mujeres y niños y los devora. Lleva una crin en la espalda, cerrada como el tigre real; es del mismo tipo que uno que se ve en el Gabinete de Historia Natural y que devoró, en el Gévaudan, una gran cantidad de personas” 

Escultura conmemorativa de La Bestia en Saint-Privat-d'Allier, Haute Loire

Finalmente, en 1889, un eclesiástico, el abate Pourcher, realizó una recopilación de todos los documentos dispersos que había sobre todo el asunto de la Bestia, y con ellos publicó el primer libro “serio” sobre el tema, y que iniciaría toda la saga de libros que popularizarían el asunto: Historia de la Bestia del Gévaudan, verdadera ira de Dios, de documentos inéditos y auténticos

Bien, hija mía. Hasta aquí la jugosa e inquietante historia. Ahora le toca el turno a la zoología. Como no creo en monstruos ni criaturas sobrenaturales, tengo claro que la Bestia de Gévaudan era un animal perteneciente a una especie existente en la época. Y lo primero que tengo que decir es que no se trata de un lobo. Sencillamente porque los testigos, y el Informe Marin, decían que no era un lobo. Es así de sencillo. Entonces, viene la pregunta. Si no era un lobo, ¿qué animal era? 

No tengo espacio aquí para resumirte todas las teorías que han aparecido en estos ciento veinte años desde que empezaron las publicaciones. Están todas en internet. Yo, examinando las descripciones disponibles, y especialmente la primera de ellas, considero que hay un animal que coincide en casi todo: la hiena rayada Hyaena hyaena, tal como también indican los documentos reseñados por Franz Jullien. 

La hiena rayada. Ejemplar que coincide punto por punto con las descripciones de la Bestia

Pero, en honor a la verdad, hay algo que no encaja, y es la longitud de las patas delanteras. Todas las descripciones indican que las patas delanteras eran más cortas que las traseras, cosa que se da justo al revés en las hienas. Aunque, si bien esta es la regla general, por ejemplo en la foto que aporto aquí el ejemplar sí tiene las patas delanteras más cortas que las traseras, y entraríamos en el terreno de la variabilidad entre individuos. Ahora contestemos a las preguntas que estarán bullendo en tu cabecita. La primera de ellas: ¿qué hacía una hiena en Francia, sabiendo que no hay hienas en Europa desde la extinción de la Hiena de las cavernas en la última glaciación? 

La respuesta no es complicada. En la Francia del siglo XVIII existían zoológicos privados que pertenecían a la alta aristocracia. El área de distribución de la hiena rayada coincide con todo el Norte de África, el Oriente Medio hasta la India, y el Cáucaso. Por tanto, lugares cercanos a Francia, donde cualquier aventurero pudo capturar una hiena, y venderla a un coleccionista francés. Una hiena pudo escapar del cautiverio en la región del Gévaudan y, acuciada por el hambre, pudo considerar una de las presas más fáciles para un carnívoro decidido: el ser humano. 

Área de distribución de los hiénidos. En azul, la zona donde se distribuye la hiena rayada

Y viene la segunda pregunta a responder. ¿Es, en efecto, una hiena capaz de hacer lo que hizo la Bestia? La respuesta es sí. Popularmente se considera a las hienas como animales meramente carroñeros. Pero, aunque la carroña es una parte importante de su dieta, en realidad, la hiena es uno de los depredadores más peligrosos que existen. Son cazadoras hábiles: el 70% de su dieta es cazada por ellas mismas. Tienen la mandíbula y mordedura más fuerte de los mamíferos: son capaces de triturar una pata de elefante, y devorar huesos hasta no dejar nada de ellos. Una mandíbula y mordedura así exigen unos muy fuertes músculos maseteros, y amplias zonas de inserción de los mismos. Por eso todo el tren anterior de las hienas está más desarrollado que el tren posterior. Según el Informe Marin, se trataba de un macho de 53 kilos, lo que sería una hiena especialmente grande y robusta. Un animal así puede, y lo hace, atacar y reducir a una persona. 

Porque las hienas atacan a las personas. Son innumerables los ataques de hienas reportados por toda África. Si bien se lleva la palma la hiena manchada Crocuta crocuta, la hiena rayada no le va a la zaga. Son conocidos varios casos de hienas en la zona del Cáucaso que devoraron a varias personas en el transcurso de un cierto lapso de tiempo. 

¿Cuántas fueron las víctimas de la Bestia?. No hay un recuento oficial, y las cifras bailan considerablemente. De entre los estudios que he podido ver en internet, el que más credibilidad me merece es uno que dice que hubo 112 muertos, 53 heridos y 75 ilesos. Se encuentra disponible en http://www.betedegevaudan.com/es/index_es.html

Para finalizar, estos terribles tres años dejaron una impronta indeleble en aquella desgraciada región de Francia. La Bestia pasó al folclore regional: monumentos, placas conmemorativas, un parque temático, canciones, poemas, blasones… Lozère es, desde entonces, el País de la Bestia por siempre jamás.

Placa conmemorativa de Jean Chastel en su pueblo de La Besseyre-Sainte-Marie

Comentarios

  1. Más que un cuadrúpedo, creo más bien que el autor de los crimenes fuese un bípedo implume, un violador muy, pero que muy humano. Con mucha probabilidad de ser un aristócrata con peso.

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  2. Muy interesante artículo. El link en español (http://www.betedegevaudan.com/es/index_es.html) no funciona.

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    1. Cuando yo hice el artículo el enlace sí funcionaba. Se lo habrán cargado a posteriori.

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  3. ¡Qué interesante el tema! Buscando sobre el lobo y sobre hombres lobo me surgían páginas sobre esta bestia y su caso en Francia. Como mujer que no conoce nada del tema del lobo (salvo la fascinación cuando los veía en El hombre y la tierra), pensé que sería uno grande; pero viendo tu argumentación cuando ha surgido la foto de la hiena, aunque ha quitado bastante misterio a la bestia, tiene mucho más sentido y es más racional.

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  4. La teoría de la hiena tiene mucha aceptación pero no tiene sentido alguno. El animal abatido por Chastel fue claramente La Bestia (su descripción en la autopsia coincide con la descripción tipo de los testigos atacados por el animal, en su estómago aún había restos humanos (la cabeza de fémur de un niño) y tras ese día no se volvió a ver a La Bestia. Cualquier jurado enviaría a ese animal a la cárcel con menos pruebas. ¿Y qué era el "animal de Chastel"?. Tenía la fórmula dentaria de un cánido: era un lobo (o quizá un híbrido perro-lobo). Fin de la historia. No es verdad lo que se ha dicho del Informe Marin, en él se dice "nos parece que es un lobo, si bien de proporciones y características extrañas en los lobos de la region". Lo que también las otras teorías (hiena, león, psicópata disfrazado) intencionadamente esconden es que en todos los "escenarios del crimen" lo único que siempre aparecía eran huellas de un gran lobo. Lo del libro sobre la hiena del Gabinete de Historia Natural está refutado desde hace mucho: no sé quién "metió la pata" en ese libro, pero ESA hiena ingresó en el Gabinete (solo hay que ver las fechas) cuando a La Bestia aun le quedaban seis meses de matanzas en Gevaudan.
    Si la idea de tergiversar una historia que está muy clara es por "salvar al lobo de la mala fama", la cosa es infructuosa. Los lobos ahora no atacan humanos (bueno, en Europa, porque en India/Pakistán aún hay ataques mortales) y no se puede comparar con la situación de hace 250 años, cuando la hambruna, guerras y pestes (carne humana muerta demasiado a la vista) y diezmado brutal habitual de herbivoros por parte de las autoridades y cazadores en determinadas zonas (otra vez, por el hambre), dejaba muchas veces a los lobos la fácil y lógica salida de volverse antropofagos. Lo de Gevaudan no fue único (La Bestia de Cinglais, La Bestia de Cusago, La Bestia de Vivarais, La Bestia de Benais, La Bestia de Chaves...) hay cientos de documentos (con autopsias a victimas, nombres y fechas incluidas) sobre lobos atacando a humanos en el Siglo XVIII especialmente en Francia y Norte de Italia.

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