El dingo. El indomable proscrito del Sur.

Querida hija: 

En la tierra de los marsupiales, un placentario es el Rey: el dingo. Cánido singular en un continente singular, su origen ha producido controversias durante décadas. ¿Es un perro? ¿es un lobo? ¿es una especie por derecho propio?. La controversia sobre su origen no está cerrada del todo. El dingo se ha convertido, junto con el canguro y el koala, en un símbolo de la fauna australiana. Su paralelismo con el lobo en el Hemisferio Norte es asombroso: su presencia genera polémica, enfrentamientos, filias y fobias. Hoy voy a hablarte del proscrito del Sur. 

Dingo. Fotografía de Jason Edwards.

Voy a estructurar esta primera crónica del 2019 en tres partes. En la primera, te contaré los hechos más relevantes de su biología, en la segunda abordaremos el espinoso tema de su origen y naturaleza, y para finalizar voy a hablarte de sus tormentosas relaciones con los seres humanos. 

Biología de un depredador portentoso 

El dingo es un cánido, como el lobo, el zorro o el chacal. Por ahora vamos a dejarlo así. La palabra “dingo” viene del idioma dharug de la región de Sydney. Su tamaño es mediano, más cercano al tipo chacal que al tipo coyote: un peso medio de unos 15,8 kg y una longitud de 125 cm, con una alzada de 59 cm. El pelo es corto, si bien en las regiones australianas donde hace frío, es capaz de desarrollar un pelo más largo. Sus orejas son cortas, erectas y situadas altas en el cráneo. 

Un primer tema controvertido sobre el dingo es su color o “capa”. Digamos que existe un color “canónico”: tostado-dorado con el pecho, vientre, “calcetines” y la punta de la cola de color blanco. Pero, atención, existen dingos de otras coloraciones: negro y tostado, y también crema blanquecino. En Australia suele decirse que los dingos “puros” son aquellos que tienen la capa canónica, mientras que los demás serían híbridos con perros asilvestrados o, directamente, perros asilvestrados. Pero la cosa no es así. Se han realizado estudios en la zona de los Montes Azules, cerca de Sydney, que demuestran que estos supuestos dingos “bastardos” se comportan en todo y por todo como verdaderos dingos. Más adelante te hablaré un poco más sobre el problema de la hibridación con perros domésticos. 

Aspecto general de un dingo, con la capa canónica

A estas alturas de la crónica, no voy a darte pistas sobre el origen del dingo pero es bastante significativo que el comportamiento y estructura social de los dingos son idénticos a los del lobo del Hemisferio Norte. Su unidad social es el grupo familiar, constituido por la pareja dominante o “alfa”, que es la única que se reproduce, así como los descendientes del año actual y anteriores, y algún otro adulto. Los dingos aúllan igual que los lobos, y no ladran como los perros. Y sus técnicas de caza son, como los lobos, colectivas, basadas en la persecución incansable de sus presas hasta que caen agotadas. Sin perjuicio, claro está, de consumir otras presas mediante acecho o emboscada. 

Representación de las principales presas del dingo

¿Qué comen los dingos? En el anchuroso continente australiano, donde han logrado ocupar todos los tipos de hábitats, el dingo es, sin discusión, el superdepredador, el ápice, el jefe. En un estudio realizado en estómagos de dingos, se estableció el siguiente patrón de alimentación: 

72% mamíferos 
19% aves 
3,3% semillas 
1,8% reptiles 
3,8% insectos/peces/cangrejos/ranas 

Pero el 80% de su dieta la constituyen sólo diez especies: el canguro rojo, el wallaby de pantano, el ganado doméstico, las ratas del desierto, el ganso urraco, el possum común de cola de cepillo, la rata de pelo largo, el wallaby ágil, el conejo europeo y el wombat común. 

Dingo devorando restos de un tiburón. Isla Fraser (Queensland)

Los dingos, como buenos cánidos sociales, son capaces de estructurar sus manadas en función del tipo y abundancia de sus presas principales: allá donde hay disposición de presas de gran tamaño, las manadas son mayores como se ha demostrado en las Snowy Mountains, donde son capaces de cazar ocasionalmente los caballos cimarrones allí conocidos como brumbies. De hecho, la misma presencia de estos caballos parece haber inducido el aumento del tamaño de las manadas de dingos. En esta misma región, incluso las presas ocasionales son también grandes: wombats y canguros. Portentoso el dingo. 

Existe una línea de investigación reciente en la cual se está determinando la relación que existe entre los dingos, autóctonos, con los zorros y gatos europeos, plagas importadas. Empieza a verse claro el papel que el dingo desempeña como limitador de la población de estas dos especies invasoras: allá donde el dingo está ausente, zorros y gatos ferales proliferan descontroladamente. Es un valor añadido que el dingo aporta a los ecosistemas australianos. 

Los dingos, a semejanza del lobo y a diferencia del perro, crían sólo una vez al año. Algunos especialistas indican que las hembras sólo entran en estro una vez al año, mientras que otros sostienen que tienen dos celos anuales, pero sólo uno de ellos se convierte en embarazo. La temporada de cría usualmente se establece entre Marzo y Mayo, naciendo las crías tras una gestación de entre 61 y 69 días. Las camadas están constituidas entre 5 y 10 cachorros. Es bastante interesante notar que la época de reproducción del dingo es aproximadamente la misma que la del lobo, pero al vivir en el Hemisferio Sur dan a luz a los cachorros en pleno invierno, justo cuando las necesidades de agua son menores en un continente desértico y árido, lo que no deja de ser una ventaja aparecida de carambola. 

El dingo se distribuye por toda Australia continental, estando ausente de Tasmania y de los ángulos SE y SO del Continente. Se ha adaptado a prácticamente todos los hábitats australianos si bien es más abundante en el Norte tropical y en el Centro desértico y semiárido. 

Distribución actual del dingo

Como antes te apuntaba, existe un problema de hibridación entre dingos y perros ferales o asilvestrados. Este porcentaje de dingos híbridos aumenta claramente en las zonas más humanizadas, allí donde abundan los perros, mientras que los dingos considerados puros se acantonan en el Centro y Norte del Continente. Existiría entre ambas zonas una amplia zona buffer donde existe presencia de ejemplares híbridos, sin alcanzar una presencia crítica. A este respecto me gustaría hablarte de los dingos de la Isla Fraser. 

La Isla Fraser se encuentra pegadita a la costa Sur de Queensland. Sólo está separada del continente por un pequeño brazo de mar, que no ha sido ningún obstáculo para que los dingos, en su momento, alcanzaran la isla a nado. Pero, dado que en la Isla Fraser no hay perros domésticos, se considera con cierta lógica que se trata de los dingos más puros que existen. Por eso, están sujetos a especial protección y son objeto de todo tipo de estudios. Como curiosidad, te diré que los dingos de la Isla Fraser han aprendido a alimentarse con los recursos del mar también: peces y carroñas que el mar arrastra. 

Porcentaje de híbridos dingo-perro en su distribución australiana

En 2011 se realizó un estudio que afectó a dingos de todo el continente. Los resultados fueron preocupantes: sólo el 46% de los dingos analizados podían considerarse “puros”, entendiéndose aquí esa pureza como la ausencia de alelos (expresión de genes) de perros domésticos. Por el contrario, en lugares como el Territorio del Norte este porcentaje subía hasta el 88%. 

¿Qué hace un cánido como tú en un lugar como éste? Origen y naturaleza del dingo. 

La controversia acerca del origen del dingo puede resumirse así. En tierra de marsupiales, un euterio salido de nadie sabe dónde se ha hecho el Rey. ¿Cómo ha llegado a Australia? ¿de dónde demonios ha salido? Durante muchas décadas, la teoría dominante era sencilla: los dingos son los descendientes asilvestrados de los perros que trajeron consigo los antepasados de los aborígenes australianos cuando éstos llegaron al Continente. ¿Es esta teoría cierta o falsa? Vamos a verlo. 

El origen del dingo aún presenta ciertas incógnitas

Deberíamos partir de un hecho: el fósil más antiguo de dingo que se ha encontrado en Australia, en las Cuevas de Mandura (Llanura de Nullarbor, Australia Occidental) data de hace 3.450 años BP. O sea, “antes del presente”, no “antes de Cristo”. Debo aclararte que, en paleontología, se ha impuesto la idea anglosajona de que deben datarse las fechas no a partir del año “cero” (tomada por convenio para el nacimiento de Cristo), sino a partir del “presente”, que se fija por convenio en el año 1950. Es decir, que un rápido cálculo mental nos dice que este primer fósil de dingo data de hace sólo 1.400 años antes de Cristo. 

¿Qué quiere decir esto?, quiere decir que el dingo es prácticamente un recién llegado al continente australiano. Y también quiere decir que los aborígenes no trajeron dingos consigo, puesto que su presencia en Australia data de hace 50.000 años, y entonces no existían perros domésticos. O sea, querida hija mía, que de un plumazo hemos tumbado la teoría clásica acerca del origen del dingo. Entonces, ¿quién lo trajo? O, mejor dicho, ¿lo trajo alguien? 

Como suele suceder hoy en día, la genética viene en nuestro auxilio. He consultado para ello el siguiente artículo: "A detailed picture of the origin of the Australian dingo, obtained from the study of mitochondrial DNA”, Peter Savolainen, et. al, University of Cambridge, 2004. 

En este studio, se analizaron 211 dingos de todos los Estados de Australia, 676 perros de todos los continentes, 38 lobos eurasiáticos y 263 restos de perros de 19 sitios arqueológicos pre-europeos de Polinesia. Los resultados de estos análisis son sólidos y concluyentes: los dingos tienen su origen en un grupo de perros de Asia Oriental, y su origen se remonta a hace unos 5.000 años, lo que en principio cuadra con las fechas de los fósiles más antiguos localizados en Australia. 

Posibles rutas por donde el dingo pudo penetrar en Australia

Por consiguiente, ya podemos establecer cuál es la naturaleza de nuestro esquivo cánido austral: la ciencia lo bautiza como Canis lupus dingo. Síiiii, no me mires así de raro. Ya sé que Canis lupus es el lobo de toda la vida. ¿Es, pues, el dingo, un lobo australiano?. Pues sí y no. 

Los especialistas están de acuerdo en que los perros son lobos domesticados. A pesar de la gran variedad de aspectos y razas que presenta el perro doméstico, para los taxónomos esto es irrelevante: lo que importa es el perfil genético. Y genéticamente hablando el perro es un lobo. Por eso el perro, antiguamente llamado Canis familiaris, hoy día se considera Canis lupus familiaris. O sea, perros y dingos son subespecies del lobo. Primos, pero no hermanos. 

De todos modos, la controversia sobre la naturaleza del dingo no ha terminado. Mucha gente y no pocos especialistas se “emperran” (nunca mejor dicho) en considerar al dingo como una especie separada, Canis dingo. Pero los hechos son como son, y no como nos gustaría que fueran. Así que como me vengas con lo de Canis dingo, te espera un buen pescozón. 

Representación de un dingo en pinturas rupestres en Laura (Queensland)

Volvamos ahora a la segunda parte de nuestro misterio. ¿De dónde vino el dingo? Si se trataba de un perro… ¿quién lo trajo? (ahora ya sabemos que por narices tuvo que traerlo alguien). A este respecto hay dos teorías que, a mi ver, no son del todo excluyentes entre sí. 

La primera teoría queda definida en el artículo que te he citado antes. Según esto, la llegada del dingo está ligada a la expansión de la cultura austronesia desde Taiwan a través de Filipinas e Indonesia. La Cultura austronesia está en la base de pueblos aborígenes por toda Insulindia, así como los malgaches, los malayos, los melanesios y los polinesios. Esta cultura conocía el perro, el cerdo y el pollo domésticos, y era una cultura neolítica. Su expansión fuera de su Taiwan originario empezó hace unos 6.000 años, llegando a las mismas puertas de Australia, a Timor, hace 4.000 años. 

Pero la cosa tiene una dificultad: esta cultura austronesia, neolítica, jamás tuvo contacto con la cultura aborigen australiana, más antigua y de carácter paleolítico. Por tanto, no sabemos cómo saltó el dingo entre ambas culturas que no tuvieron contactos entre sí. ¿O tal vez sí hubo contactos comerciales esporádicos? ¿es posible que algunas familias austronesias llegaran a Australia con sus perros, pero que luego no prosperasen allí?. La cuestión sigue siendo un misterio. 

Inicialmente se creía que el dingo fue traído por los aborígenes. My Land, my tracks, de Dale Hunter

La segunda teoría se apunta en un artículo posterior: Mitochondrial DNA data indicates an introduction through Mainland Southeast Asia for Australian dingoes and Polynesian domestic dogs, de 2011. Esta segunda teoría apunta que el origen del dingo estaría en el Sur de China, y que llegó a Australia a través del Continente: Indochina y Malasia, antes de pasar a Indonesia. Esta cronología sería más antigua: hace entre 4.600 y 18.300 años, con lo que ya estaríamos hablando de una cultura neolítica, más antigua que la austronesia. Aun así, sigue abierto el problema de cómo pasó físicamente el dingo entre esta cultura pre-neolítica y la cultura aborigen australiana, que siempre estuvo aislada. 

Un hecho interesante es que el dingo puede tener un ancestro común con el llamado “perro cantor de Nueva Guinea”, autóctono de las Tierras Altas, y con un asombroso parecido físico con el dingo. Ambos perros pertenecen al mismo haplotipo, descendiente de perros pre-neolíticos. 

Una vez el dingo puso sus patas en el continente australiano, su expansión fue rapidísima. Los especialistas han calculado que en un periodo de entre 60 y 70 años, el dingo colonizó toda Australia. Y esta nueva presencia tuvo consecuencias en la fauna autóctona. Según una corriente de opinión muy extendida, el dingo fue el responsable directo de la extinción en el territorio continental de los dos carnívoros marsupiales entonces dominantes: el diablo de Tasmania (Sarcophilus harrisii) y el lobo marsupial (Thylacinus cinocephalus), supuestamente porque era un competidor directo más agresivo y eficiente, y también de la gallineta de Tasmania (Tribonyx mortierii), ave no voladora que podría haber constituido una presa fácil para los dinámicos y organizados cánidos. 

Esta teoría se encuentra actualmente en revisión, y se está investigando en qué medida los dingos eran, efectivamente, competidores de diablos y tilacinos, si es que lo eran en la realidad. En cualquier caso, es significativo que estas tres especies sobrevivieron en la Isla de Tasmania, justo donde nunca hubo dingos. Allí, el lobo marsupial sería finalmente exterminado por los seres humanos a comienzos del siglo XX, mientras que diablos y gallinetas de Tasmania continúan existiendo en la isla. 

¿Qué hacemos con los dingos? Relación con los humanos. 

Sea como fuere, un buen día los aborígenes acabaron reparando en ese extraño mamífero que de repente había aparecido en sus tierras. Lo observaron, lo calibraron, y al final decidieron que podían hacer dos cosas con él. Para los aborígenes, era común capturar cachorros de las camadas y comérselos. No olvides que la cultura aborigen era cazadora-recolectora. No conocían la agricultura ni la ganadería. 

Pero pronto aprendieron a criar a esos mismos cachorros, y en el seno de la sociedad aborigen solían acompañar a las mujeres y los niños, auxiliar en la caza y servir de guardianes. Incluso es interesante que los aborígenes usaban a los jóvenes dingos como una especie de “manta viviente”, para dar protección y calor. 

Mujeres aborígenes protegiéndose la zona lumbar con dingos

No debes pensar que los aborígenes, a su vez, domesticaron al dingo. Nada más lejos de la verdad. El dingo puede ser descendiente de perros, pero jamás ha sido domesticado del todo. En ese sentido es como el gato: mantienen su independencia y, de hecho, cuando estos dingos aborígenes cumplían 2 – 3 años, eran devueltos a la Naturaleza. La naturaleza de la relación entre los aborígenes y algunos dingos era más bien el comensalismo: dos partes que se benefician mutuamente, pero manteniendo las respectivas independencias. El dingo es, pues, un perro que no ha sido sometido a ningún tipo de selección ni crianza artificial por parte del ser humano. 

Este periodo “feliz”, en el cual humanos y dingos convivían cordialmente llegó bruscamente a su final el 26 de enero de 1788, cuando arribó a lo que luego se convertiría en Sydney, la flota británica al mando del Capitán Phillips que iba a fundar la primera colonia penal en la futura Australia. Llegó el hombre blanco, el brutal e insensible hombre anglosajón que transformaría para siempre el continente austral. 

Una de las primeras representaciones de dingo: George Stubbs. A Portrait of a large dog from New Holland (1772)

A partir de 1800 más o menos, se generaliza en los establecimientos británicos la ganadería europea: ovejas y vacas, que encontraron allí un paisaje aparentemente ideal. Y digo “aparentemente” porque, doscientos años más tarde, se ha demostrado que el ganado europeo ha sido un desastre ecológico: los ecosistemas herbáceos australianos no habían co-evolucionado con grandes manadas de herbívoros, y las cada vez mayores hordas de ovejas y vacas provocarían, en muchos casos, y agravarían en otros, problemas de desertización y destrucción del suelo que hoy está pagando muy caro Australia. 

Pero esa es otra historia, y a nosotros nos interesa hacer notar que, para el dingo, las ovejas fueron una presa más para consumir. Y lo hicieron. 

Entonces, el hombre blanco respondió con la guerra. 

Al igual que los británicos hicieron siglos atrás con el lobo, al que exterminaron de sus brumosas islas, declararon al dingo una guerra cruel, atroz, sin cuartel. Se usaron profusamente las armas de fuego para tratar de extirpar a aquellos osados fantasmas que atacaban las ovejas y desaparecían furtivamente en lo profundo del outback. Al igual que sucedía en Europa con los tristemente famosos loberos y alimañeros, en Australia surgió la figura del trampero que perseguía a los dingos, llamado allí dogger

Pronto se puso en marcha un sistema de recompensas, en 1846, por cada dingo muerto. Este sistema pervivió hasta los mismísimos finales del siglo XX. En 1912, en Australia Meridional, se aprobó la Wild dog act, en la que se autorizaba a desollar a cada dingo muerto y presentar la piel para poder cobrar la recompensa, sistema que sería pronto imitado por Australia Occidental y el Territorio del Norte. 

Hoy día se siguen matando dingos en Australia

A medida que las armas de fuego demostraban su fracaso en esta guerra sucia, el veneno hizo su aparición. Primero, el veneno llamado 1080 (fluoroacetato de sodio), y más tarde la infame estricnina. El veneno llegó a ser difundido desde avionetas, hasta que voces autorizadas hicieron notar que este sistema era ineficaz y no discriminaba entre dingos y otras especies de la fauna australiana. 

Algo pasaba. Los dingos no desaparecían como sí lo hicieron los lobos en amplios sectores del Hemisferio Norte. Eran inasequibles al desaliento. Inatacables por los ácidos. ¡Aquéllos piojosos perros salvajes osaban desafiar al Imperio Británico!, ¡Intolerable! En este continente inexorable, los arrogantes británicos partían con desventaja: eran pocos y estaban arrinconados, mientras que los dingos corrían a sus anchas por todo el continente, refugiándose allá donde la larga mano de la Reina no podía alcanzarlos. El proscrito se convirtió en la pesadilla del colonizador blanco. 

Entonces, a alguien se le ocurrió una “brillante” idea. ¡construyamos una valla!. Como hicieron los chinos con la Gran Muralla para detener las hordas mongolas, o los romanos en Germania y en la tierra de los Pictos para detener a los bárbaros, los británicos construyen, entre 1880 y 1885 una valla. Una valla de estacas de madera con alambre de espino, para proteger las fértiles tierras ovejeras del Sureste del ataque de las hordas bárbaras de dingos. 

Mapa que muestra la situación de la Dingo Barrier Fence

Conscientes del ridículo que estaba haciendo el Imperio Británico ante el mundo, decidieron disfrazar un tanto el propósito de la valla, a la que dieron un aire sanitario para “detener” plagas que ellos mismos habían introducido: conejos y zorros, principalmente. No podían reconocer su impotencia para controlar a la población de dingos, erigiendo una barrera para que no pasaran. Durante la primer mitad del siglo XX la valla sería progresivamente ampliada hasta alcanzar desde los Darling Downs, en Queensland, hasta la Llanura de Nullarbor, en Australia Meridional, con una longitud total de 5.614 kilómetros, lo que convierte a la Dingo Barrier Fence, como al final acabó denominándose, en la construcción de este tipo más larga del mundo. 

Esta valla sólo tuvo éxito parcialmente ya que, si bien en la parte Sur de la misma la población de dingos es muy reducida, no ha desaparecido nunca, y es una barrera constantemente atravesada por dingos que excavan por debajo de ella o bien usan las carreteras, caminos o líneas férreas, que no están cortadas por la valla. Esta valla está mantenida por los propios ganaderos y tramperos, y se realiza un mantenimiento de la misma por parte de personas que viven junto a la valla cada 100 kilómetros. En realidad, más que ser un baluarte para mantener a los dingos fuera de ella, da la sensación de ser todo lo contrario: los humanos y sus ganados parecen más bien encerrados en ellas, pastoreados por los mismos dingos. Irónico. 

Tramo de la Dingo Barrier Fence

¿Son para tanto los daños que el dingo causa al ganado doméstico?. Al igual que sucede con el lobo, me parece que se exagera. He encontrado unos datos muy interesantes en el artículo: The feeding ecology of the dingo. Australian Wildlife Research 10, 477 – 486, de Newsome et al (1983): un estudio del contenido estomacal de 421 dingos de Australia Occidental. De estos dingos, sólo 10 contenían restos de ganado doméstico no carroñeado. 7 otros tenían restos de carroña, pero 2 de éstos correspondían a cebos puestos por los doggers. En cambio, el 70% tenían restos de wombats, y se puso de manifiesto el control de plagas: 4% restos de cerdos ferales, y el 8% de conejos europeos. 

No, hija mía. Al igual que sucede con el lobo, los ataques al ganado son sólo una excusa. La verdadera razón es que el hombre blanco no tolera ningún ser vivo que demuestre su insumisión a su intolerable dictadura. El indomable proscrito del Sur ha derrotado, y seguirá derrotando, al mono desnudo. 

Dingo atacando una oveja

Pero la guerra está lejos de haber terminado, y aún queda mucho por hacer. Para que lo entiendas del todo, te haré un resumen del actual estatus legal del dingo en Australia. Verás qué desbarajuste de leyes y normas: 

Gobierno Federal australiano 
A nivel federal, la Environment protection and Biodiversity conservation Act, de 1999, reconoce al dingo como una especie nativa australiana, entendiendo como tales a las especies presentes en el territorio australiano antes del año 1400. Y, como tal, goza de protección pero solamente en los parques nacionales y reservas gestionadas por el Gobierno Federal. 

Australian Capital Territory 
El dingo es considerado como una “plaga”. 

Nueva Gales del Sur 
Es definido como un “perro salvaje” en la parte occidental del Estado. Puede ser matado en tierras privadas. En otras partes del Estado puede ser poseído como mascota. 

Territorio del Norte 
Protegido. 

Queensland 
Protegido sólo en Parques Nacionales y áreas de conservación. Fuera, es considerado “plaga” y los propietarios de los territorios privados pueden matarlo. 

Australia Meridional 
Considerado “perro salvaje” y puede ser matado por propietarios de terrenos privados al Sur de la valla. 

Tasmania 
Considerado como “perro”, no puede ser importado a la isla sin permiso. 

Victoria 
Protegido en las tierras estatales, puede ser matado en las tierras privadas. Australia Occidental Considerado “plaga”, la política del Estado es erradicarlo de las zonas ganaderas, y dejarlo vivir en el resto del territorio. 

EPÍLOGO 

Absolutamente incapaz de compartir los recursos naturales con la fauna silvestre, estúpidamente ignorante de que el humano debe adaptar sus producciones a la geografía y al clima de cada territorio, y no al revés, el hombre blanco no sólo está perdiendo la guerra que él mismo ha declarado al dingo (hay más dingos que nunca, suelen decir, exasperados, demostrando una vez más la ineficacia del llamado “control” de depredadores), sino que está abocado a perderla inexorablemente. 

En efecto, la población blanca de Australia no sólo ha sido incapaz de colonizar por completo un continente muy hostil, sino que su natalidad, ya muy baja, no deja de bajar año tras año. El Gobierno australiano trata de paliar esta situación favoreciendo la inmigración de otras gentes que vienen con una cultura diferente a la británica. Y, entre esta cultura, no está la crianza de ovejas ni de vacas. 

Probablemente dentro de los próximos doscientos años, la ganadería de corte europeo colapsará en una tierra que jamás pudo mantenerla, y una nueva población australiana mayoritariamente de origen asiático dejará en paz al dingo. 

Entonces, el dingo, orgulloso, paladeará su victoria desde el rojo interior australiano. 

Indómito.

MÚSICA RECOMENDADA

Elton John: Live in Australia 
Jerry Goldsmith: Acorralado

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