El Megalodon. El último monstruo.

Querida hija: 

Durante el pasado verano se estrenó en España la película Megalodón, y de nuevo se desató la megalodonmanía. Este tiburón gigante de la Era Terciaria, en efecto, ha capturado la imaginación humana y, cada cierto tiempo, la fascinación humana se recrea en él mediante documentales, artículos y películas de variado pelaje. Una vez apagados los ecos de la última película, y en el sosiego de nuestras crónicas, voy a contarte cosas sobre este mega-depredador, tal vez el último de su clase. 

Cartel de la película Megalodon (2018)

Por sus dientes los conoceréis 

Los dientes de tiburón son los fósiles más abundantes del mundo. Esto es debido a que los tiburones reemplazan sus dientes con mucha frecuencia: su dentadura está estructurada en una serie de filas de dientes paralelas entre sí y que funcionan como una cinta transportadora, avanzando los dientes de la fila inmediatamente trasera según se van cayendo los dientes delanteros, los que hacen el trabajo. 

Por eso, históricamente conocidos, desde la Edad Media se les llamaba glossopetrae, esto es, lenguas de piedra. Y se pensaba que se trataba de lenguas de serpientes. Pero, de cuando en cuando, aparecía alguna “lengua de piedra” notablemente más grande que las habituales. De hecho, bastante más grande que ellas. Entonces, la explicación que se daba para ellos era que se trataba de lenguas de dragón. Hasta que, en 1667, un naturalista danés llamado Nicolás Steno, que ejercía el cargo de médico del Duque de Florencia, examinó una de estas supuestas “lenguas de dragón”, que le había sido remitida desde Malta, donde fue encontrada. Al estudiarlo, por primera vez lo identificó como lo que era realmente: un diente de tiburón. 

Diente de Megalodon, comparado con el tamaño de un plátano

Pasaron los siglos y llegó la Ciencia moderna. En 1835 el naturalista Louis Agassiz, a partir de estos dientes, describió una nueva especie de tiburón, que bautizó como Carcharodon megalodon. Y de ahí saltó su nombre común: megalodón, “el gran diente”. Este tiburón fue asignado al órden Lamniformes, que es integrado por las especies de tiburones más conocidas, como el famoso tiburón blanco Carcharodon carcharias, y más concretamente, en la familia Otodontidae, hoy completamente extinta. Finalmente, en los años 80 del siglo XX fue reasignado al género Carcharocles, que tiene cuatro especies. 

Vamos a fijar ya la cronología del megalodón: vivió hace entre 23 millones de años y 2,6 millones de años. Es decir, desde principios del Mioceno a finales del Plioceno, en plena Era Cenozoica. Por consiguiente, no fue contemporáneo de los dinosaurios, ni de los mosasaurios. Fue posterior a todos ellos. 

Bien. Tenemos entonces un tiburón fósil. ¿Qué hace que éste tiburón en concreto sea tan especial?. Pues que era muy grande. Mejor dicho, era realmente grande. Y cuando tenemos conocimiento de un depredador muy grande, entonces su interés se dispara pues los humanos lo asociamos rápidamente al concepto de “monstruo terrible”. ¿Era megalodón, en efecto, un monstruo terrible? 

Anatomía del diente de un megalodón

El problema es que, del megalodón, sólo se conservan dientes, centros de vértebras y coprolitos. O sea, caca de tiburón fosilizada. No es mucho. Destacan los 150 centros de vértebras que aparecieron en 1926, en Amberes (Bélgica), o la dentadura completa que apareció en una mina de fosfato en Florida. Lo que le pasa a los tiburones es que son Condrictios, vertebrados marinos cuyo esqueleto se compone de cartílago, que no fosiliza. Por eso sólo se conservan estos magros restos. Sólo muy excepcionalmente se han encontrado tiburones fosilizados de forma completa, a condición de que el cadáver del animal se cubra rápidamente de sedimentos, cosa que sólo ha sucedido un puñado de veces, y ninguna con el megalodón. Por tanto, hay que realizar toda una labor detectivesca a partir de unos dientes. 

¿Qué sabemos sobre el megalodón? 

Estos dientes alcanzan una longitud de 17 – 18 centímetros. Fíjate, en la fotografía, la diferencia de tamaño entre el diente de megalodón y el del actual tiburón blanco. Está claro que, a partir de las dimensiones del diente, había que deducir de algún modo cuánto medía. Se han propuesto varias estimaciones: 13 metros según John E. Randall (1973) o 24 – 25 m, según Patrick J. Schebri y Stephen Papson (década de 1990). La regla de proporcionalidad más aceptada hoy día la propuso Clifford Jeremiah, en 2002: según él, por cada centímetro de longitud del diente anterior, le corresponde 1,4 metros de longitud corporal. 

Hoy existe un consenso entre los especialistas: la longitud máxima del megalodón estaría en torno de los 18 metros, con una longitud media de 10,5 m y un peso máximo de 60 toneladas. Para que te des cuenta de cuán grande fue este tiburón, compara con la longitud máxima conocida para el tiburón blanco: 6,1 m, o la longitud del tiburón ballena, 12,65m. 

Tamaño del megalodón

El megalodón tenía cuatro tipos de dientes: anterior, intermedio, lateral y posterior. El número total de dientes estaría en torno a los 250, distribuidos en 5 filas. Ha habido polémica en la reconstrucción de sus mandíbulas. A comienzos del siglo XX, se hizo famosa una reproducción gigantesca de unas mandíbulas en las que cabían cinco personas. Pero se cometió el error de realizar la reconstrucción asumiendo sólo los dientes más grandes como tamaño único de los dientes, cuando los dientes de tiburones tienen diversos tamaños. Por eso, las reconstrucciones que se hacen hoy en día dan un diámetro de la boca abierta de unos dos metros. Lo que tampoco está nada mal. 

Reproducción de las mandíbulas de megalodón. Museo de Historia Natural de Florida

Es inevitable que los científicos se preguntasen qué podía hacer el megalodón con semejante dentadura. Y se ha calculado la fuerza de su mordida. Los datos obtenidos fueron asombrosos: el megalodón mordía con una fuerza de entre 108.514 y 182.201 N (S. Wroe, 2008). Estamos, pues, no sólo ante el mayor tiburón de todos los tiempos, sino ante la mordedura más poderosa de todos los tiempos. La mordida de Tyrannosaurus rex, por ejemplo, se ha calculado en 57.000 N, mientras que la de Dunkleosteus, en 7.400 N. 

Debido a la existencia de dientes y poco más como únicas pruebas de la existencia de megalodones, los científicos han usado muy frecuentemente como término de comparación en cuanto a reconstrucciones al tiburón blanco actual. En primer lugar, debes saber que el megalodón y el tiburón blanco no están emparentados, ya que pertenecen a linajes diferentes. Dicho de otro modo, megalodón no es antepasado del tiburón blanco. El megalodón fue la última especie de una serie de tiburones llamados tiburones megadentados, cuyo origen hay que rastrearlo en el Paleoceno: 

Paleoceno------------------------------------ Otodus obliquus 
Eoceno--------------------------------------- O. mugodzharicus 
Eoceno--------------------------------------- Carcharocles aksuaticus 
Eoceno medio -------------------------------C. auriculatus 
Fin Eoceno/Oligoceno ---------------------C. angustidens 
Fin Oligoceno/Mioceno --------------------C. subauriculatus 
Mioceno/Plioceno -------------------------- C. megalodon 

Evolución del tamaño de los dientes del linaje del megalodón.

Biología de un megadepredador 

Si comparas un diente de megalodón con uno homólogo de un tiburón blanco, podrás observar algunas diferencias entre ellos, aparte de la obvia del tamaño. En primer lugar, el borde aserrado del diente del megalodón es más fino que el borde del diente del tiburón blanco, más aserrado. Por otro lado, en el diente del megalodón puedes observar una forma de transición entre el diente y la raíz, de una forma aproximadamente triangular, forma que no se observa en el diente del gran blanco. 

Comparativa de dientes de megalodón (izq) y tiburón blanco (dcha)

Estas diferencias nos dicen básicamente que el megalodón y el tiburón blanco no pertenecen a la misma familia. Pero, aparte de esto, existen similitudes entre ambos dientes que nos pueden ayudar a deducir parte de su biología. Ambos dientes, por ejemplo, están adaptados para cortar carne. El modo de ataque del tiburón blanco consiste en asestar a su presa uno o varios mordiscos para provocar una hemorragia tal, que mate a la presa por desangramiento. No es descabellado suponer que el megalodón podría atacar de la misma manera. 

Si el megalodón era un super-depredador, cosa que hoy no duda ningún especialista, debió ser un animal que se moviera rápido lo que, en un ambiente marino, significa tener una forma esbelta y fusiforme. ¿Qué comía, pues, el megalodón? 

Escala de tamaños de los mayores tiburones

La evidencia fósil indica que los dientes de megalodón están con frecuencia asociados a restos de cetáceos. Su dieta consistía, posiblemente, en un amplio repertorio de presas, sobre todo cetáceos de diversos tamaños, desde el tamaño del delfín hasta el del rorcual, además de focas, sirenios, tortugas marinas y, por supuesto, peces. Pero el gran tamaño del megalodón nos indica que, seguramente, se enfocaría sobre todo en presas de gran tamaño. No podemos descartar, sin embargo, que el megalodón también carroñease cadáveres de cetáceos, tal como hacen los tiburones actuales. 

Los estudios de los isótopos de calcio presentes en los dientes de megalodón nos informan, también, sobre qué proporción de presas predominaba. Los resultados indican que el megalodón podría ocupar, incluso, un puesto más elevado en la cadena trófica que el que ocupa el gran blanco actualmente. A pesar de ello, su cúspide trófica no era incontestable. Los especialistas creen que tenía terribles competidores en un grupo de ballenas dentadas conocidas como cachalotes mega-rapaces, concretamente los géneros Acrophyseter, Brygmophyseter, Livyatan y Zygophyseter. Desde luego, los mares miocenos y pliocenos no tenían desperdicio. 

Livyatan melvillei (Mioceno de Perú), debió ser un competidor del megalodón

Los dientes de megalodón han aparecido en todos los continentes, concretamente en 264 localidades. Pero su distribución sigue un cierto patrón: latitudes predominantemente subtropicales y, sobre todo, templadas. Del estudio de los paleoambientes asociados a los lugares donde aparecieron los dientes, se ha deducido que el megalodón ocupaba una gran variedad de ambientes marinos: aguas costeras y también alta mar, hasta los 55 metros de profundidad. Pero lo más intrigante es que el rango de temperaturas que presentaban las aguas donde habitaba el megalodón estaba entre 1ºC y 24ºC, es decir, habitaba aguas relativamente frías, lo que hace pensar a los especialistas en algún tipo de mesotermia, es decir, algún tipo de almacenamiento calórico hasta ahora desconocido. Por alguna razón hasta ahora desconocida, los ejemplares del Hemisferio Sur eran más grandes que los del Hemisferio Norte. 

Los Cetáceos debieron constituir una parte importante de la dieta del megalodón.

Al igual que los tiburones actuales, que “paren” vivas su crías (ovoviviparismo), el megalodón sin duda hacía lo mismo y también es probable que, como los tiburones de hoy, dieran a luz a sus crías en “guarderías” situadas en aguas someras y cálidas. Pero no deja de ser especulación sin ninguna prueba que lo apoye. 

La extinción del megalodón 

Como ya te he dicho en alguna ocasión, la extinción natural es un proceso que forma parte del ciclo de la vida, y no hay que buscar misterio en ello. Vivimos en un planeta cambiante: los movimientos de la corteza terrestre y los cambios en la órbita de nuestro planeta han originado, siguen originando, y seguirán originando, el surgimiento de nuevas condiciones ecológicas así como la destrucción de las condiciones antiguas. Y las especies que no consiguen adaptarse a estos cambios, se extinguen. Tan sencillo (o tan complicado) como eso. 

El final del periodo Plioceno está marcado por la acumulación de cambios importantes para el medio marino donde vivía el megalodón. Por un lado, el cierre del istmo de Panamá, que aisló el Atlántico del Pacífico, influyó en el cambio de corrientes marinas y condiciones ecológicas de grandes masas de agua. Se produjeron también cambios en el Océano de Tethys, y el progresivo enfriamiento de la atmósfera propició el comienzo del surgimiento de glaciares que tuvieron sus consecuencias en las aguas: progresivo descenso de nivel, mayor concentración salina y disminución de temperatura. La evidencia fósil nos muestra una ausencia de fósiles de megalodón precisamente en las zonas donde se presume que el descenso de la temperatura fue más acusado. 

Los primeros que se resintieron de este cambio de condiciones fueron los Cetáceos. El periodo Mioceno marcó el momento de máximo esplendor de la diversidad de los mamíferos marinos. A partir de ese momento, el número y abundancia de las especies de cetáceos empieza a decaer, arrastrando sin duda a los megalodones, que eran su principal depredador. Se ha calculado que, a finales del Plioceno, el 36% de las mayores especies marinas se extinguió. De este grupo, se extinguió el 55% de los mamíferos marinos, el 37% de las aves marinas, el 43% de las tortugas marinas y el 9% de los tiburones. 

El megalodón forma parte, ya, de las pesadillas humanas

Y todo ello sin necesidad de la caída de meteoritos, ni tampoco con la presencia de seres humanos. Ya sabes por dónde voy. 

Una consecuencia interesante de la desaparición del megalodón fue que, a partir de ese momento, los cetáceos empiezan a crecer de tamaño hasta alcanzar los tamaños gigantescos que tienen en la actualidad. De aquí se podrían extraer interesantes deducciones sobre la relación entre los super-depredadores y el tamaño de sus presas. Liberadas de su pesadilla, las ballenas empezaron un momento de esplendor que se truncó únicamente cuando un mono desnudo aprendió a navegar y a matarlas en alta mar…pero esa es otra historia. 

Quiero hacerte una consideración más, antes de terminar esta crónica. Desde hace décadas, algunos seres humanos especulan sobre la no extinción del megalodón. Según estas personas, este megatiburón todavía podría sobrevivir en ignotas regiones oceánicas. Debes saber categóricamente que esta opinión no tiene ninguna base científica, y sólo obedece a intereses sensacionalistas de ciertas cadenas de televisión, que montan “documentales” donde desaparece la línea que separa la realidad de la fantasía. NO les prestes ninguna atención.

MÚSICA RECOMENDADA:

Harry Gregson Williams: The Meg 

Comentarios

  1. Me a aclarado muchas cosas que no sabia sobre el megalodon y es bueno saberlo. Gracias

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