El emú. Vigilante del "outback"

Querida hija:

¿Cómo es que no sabemos apenas nada sobre la segunda ave más grande del mundo? es justa la fama y popularidad que el avestruz (la más grande) tiene, pero el emú no es un ave despreciable en modo alguno: puede alcanzar 1,8 m de altura y 55 kg de peso. Es curioso cómo suspiramos por los gigantes de la Megafauna del pasado, y no le damos importancia a la megafauna del presente. El emú es un ave formidable, un gigante que recorre y patrulla las enormes extensiones del outback australiano, y que además forma parte del escudo de armas de la gran nación austral. ¡Vamos allá abajo a conocer al emú!

Emú en Tidbinbilla, Territorio de la Capital, Australia. J.J. Harrison

Taxonomía y biología

El emú (Dromaius novaehollandiae) pertenece al grupo de las Ratites, aves sin quilla, no voladoras, y que en su mayoría han alcanzado enormes tamaños merced a un estilo de vida corredor y marchador, como el avestruz, el ñandú, el casuario, el kiwi o los extintos moa y pájaro elefante. Si recuerdas, ya te hablé de ellas en una crónica anterior. Dentro de este notable grupo de aves, los emúes se sitúan en el Orden Casuariformes, que comparten con los casuarios, si bien en respectivas familias: Casuariidae para los casuarios, y Dromaiidae para nuestro emú.

Como recordarás que te conté en dicha crónica, las Ratites se originan en un grupo de aves voladoras que vivían en Laurasia durante el Cretácico, e iniciaron una dispersión a través de la ruta americana (excepto los ancestros de los avestruces) que llevaría a los antepasados comunes de los casuarios y los emúes a atravesar el continente americano, Antártida y establecerse en Australasia, donde sus descendientes florecieron y se mantienen hoy en día. En Australia, donde viven exclusivamente los emúes, se conocen especies fósiles pertenecientes al género Dromaius desde el Mioceno/Plioceno.

Ubicación del emú en el árbol filogenético de las Ratites

Si bien hasta hace pocos años se creía que había al menos tres especies de emúes, los estudios moleculares han dejado claro que el emú es una sola especie, si bien dividida en seis subespecies, tres de las cuales han sido exterminadas por los colonos anglosajones que se establecieron en Australia a partir de 1788.

Las tres subespecies actualmente vivas son:

- La nominal, Dromaius novaehollandiae novaehollandiae, extendida desde Queensland centro-meridional hasta Victoria. Es decir, la fachada sudoriental del continente.

- D. n. woodwardi, limitada al Norte del continente (al parecer, subespecie no reconocida por todos los especialistas)

- D. n. rothschildi, en el Oeste y suroeste del continente. (tampoco reconocida por todos los especialistas)

Las tres subespecies exterminadas fueron:

- El emú de Tasmania, D. n. diemenensis, exterminada hacia 1850

- El emú de Isla King (situada en el Estrecho de Bass), D. n. minor, subespecie que experimentó onanismo insular y que fue exterminada en estado salvaje hacia 1805, mientras que en cautividad murieron los últimos ejemplares en París, 1822, que fueron ejemplares recolectados para su estudio por la expedición francesa del Capitán Nicolas Baudin (1800 - 1803).

- El emú de la Isla Kangaroo (frente a la costa de Australia Meridional), D. n. baudinianus, exterminada hacia 1827. En la década de 1920, el emú fue reintroducido en esta isla, pero con emúes "nominales" del continente.

Área de distribución del emú y sus subespecies insulares exterminadas

El emú, en efecto, es un ave muy grande: las hembras son más grandes que los machos y pueden alcanzar una altura de entre 150 y 190 cm, con una longitud entre pico y cola de entre 139 y 164 cm. Sin embargo, a pesar de ser la segunda ave del mundo en tamaño, es la cuarta o quinta en peso, tras las dos especies de avestruz y las dos del casuario: el peso oscila entre los 18 y los 60 kg. El emú tiene alas vestigiales, que puede agitar mientras corre para estabilizarse, puesto que el emú puede alcanzar corriendo velocidades de hasta 48 km/h ayudada por sus extremidades de tres fuertes dedos, con grandes garras que le sirven tanto de agarre para la carrera como elemento de defensa.

Como ya te dije antes, el emú es exclusivamente australiano. Ocupa cierta variedad de hábitats a lo largo y ancho de todo el continente, si bien es más abundante en la sabana arbolada y el bosque esclerófilo, y menos abundante en bosques cerrados y áreas excesivamente secas si bien durante las últimas décadas el emú se ha hecho más abundante en zonas áridas del interior gracias a la presencia del agua y los cultivos irrigados que los humanos han establecido en dichas zonas. En la costa este y, en general, en las zonas muy urbanizadas, el emú ha sido prácticamente expulsado. Es un ave abundante, que en función de la disponibilidad de alimento puede oscilar entre el medio y el millón de individuos.

Hechos básicos sobre el emú. Infografía de Guillermo Munro y Feng Xuxia / China Daily

Estamos ante un ave diurna, que se alimenta de semillas y brotes tiernos de plantas, así como de insectos. Es un gran dispersor de semillas, lo que le valió problemas en Queensland cuando dispersaba semillas de la chumbera, planta invasora allá y se le persiguió por ello hasta que se encontró una forma natural de luchar contra este cactus. También es capaz de alimentarse de cultivos humanos lo que le ha valido la consideración de "plaga" por la que ha sido perseguido, como verás en el apartado siguiente. 

En general, no se puede decir que el emú sea un ave social. Se mueve en solitario o en parejas, y cuando forma grupos de varios individuos lo hace por propósitos defensivos o para desplazamientos estacionales en busca de comida. Cuando forma estos grupos no muestra ningún comportamiento social ni jerarquía en ellos. En otoño se van formando las parejas, que criarán en invierno permaneciendo juntas durante cinco meses. No obstante, la hembra es poliándrica, lo que quiere decir que se aparea con varios machos pero no a la vez sino sucesivamente durante toda la estación reproductiva.

La hembra pone entre cinco y quince huevos en varias puestas durante la época de reproducción. El huevo es grande, pesa 680 g y tiene un color verdeazulado oscuro característico. El nido es una excavación en el suelo rodeada de hierbas, hojas y ramas de árboles y el macho es el encargado de la incubación, mientras la hembra va en busca de otro macho con el que aparearse. En esta especie, las hembras pueden luchar entre sí por los machos, y al menos durante la época reproductiva ella es la dominante.

Huevo de emú

Durante las ocho semanas que dura la incubación, el macho apenas ingiere alimento por lo que acumula reservas alimenticias en el periodo anterior al reproductivo. En general, tampoco beben casi agua durante todo el año, pues la extraen de su alimento. Los polluelos nacen ya con 12 cm de altura y medio kilo de peso. Son nidífugos, y a los pocos días ya pueden abandonar el nido.

Actualmente, aparte del ser humano, sólo hay dos depredadores capaces de capturar y devorar emús adultos: el dingo (Canis lupus dingo) y el águila audaz (Aquila audax), que es la mayor ave rapaz australiana. Los huevos y los polluelos pueden ser depredador por varanos, serpientes y por animales introducidos como el zorro rojo, perros domésticos o los cerdos ferales.

Emú incubando los huevos. Obsérvese cómo es el nido.

El emú y el ser humano: la Guerra de los Emúes.

El ser humano caza al emú desde hace 60.000 años. Los aborígenes australianos obtenían de él carne, piel para hacer cuero y sus huevos además de las plumas. Los primeros colonos británicos aprendieron de los aborígenes a apreciar los productos del emú, y se apuntaron también a su caza en los primeros tiempos precarios de su establecimiento en el novísimo continente.

Los problemas empezaron luego, cuando se generaliza en Australia la agricultura de corte europeo, en un continente por lo demás poco propicio a ella. Los emúes se acercaban a los sembrados de los europeos y consumían lo que les apetecía. Se ganaron así una fama de "plaga" que les valió el ser perseguidos, ya sabes, balazo y tentetieso. El problema es que el emú corre mucho, y no era fácil darle alcance y tener un buen tiro, con lo que si bien los europeos intentaban "controlar" su población, lo cierto es que el emú jamás estuvo en peligro de exterminio a pesar de las persecuciones. 

El emú está a la derecha del escudo de Australia

Sin embargo, esto no impidió que en 1908 se eligiese al emú como uno de los animales que figuran en el Escudo de Australia, junto con el canguro rojo. Parece ser que se eligió a estos dos animales porque son incapaces de caminar hacia atrás, dando simbolismo a una nación que se proyectaba hacia adelante.

La dificultad de "vencer" a los emúes quedó puesta de manifiesto en uno de los más lamentables y patéticos hechos de la Historia de Australia: la Guerra de los Emúes.

Sitúate en la Australia de 1932, azotada por el paro y la crisis económica mundial. En Australia Occidental se habían establecido miles de veteranos de guerra a los que se había concedido tierra para establecer granjas. La crisis les golpeó duramente, y dependían para sobrellevar sus cultivos de subsidios públicos que no acababan de llegar. Los que sí llegaron a los distritos de Chandler y Walgoolan fue una horda de 20.000 emúes que hacían uno de sus desplazamientos estacionales en busca de alimentos. Los campos de cultivo de aquellos atribulados granjeros fueron saqueados por los emúes, dejándoles en difícil situación.

La "Guerra de los Emúes" fue uno de los episodios más lamentables de la Historia de Australia

Finalmente una delegación de agricultores de la región, casi todos ex-militares, se dirigen al ministro de Defensa de la Federación, Sir George Pearce, solicitándole el envío de tropas dotadas de ametralladoras para exterminar a los emúes o, al menos, echarlos del territorio. Finalmente el ministro accedió a la petición, siempre que los gastos fueran sufragados por el Gobierno de Australia Occidental, y los granjeros proveyeran a los soldados de comida y alojamiento. Además, al ministro le pareció una ocasión idónea para realizar "prácticas de tiro" con las nuevas ametralladoras, con los emúes como víctimas propiciatorias. 

Para terminar, una razón política: existía un movimiento secesionista en Australia Occidental que pensaba que separándose de Australia la crisis económica desaparecería como por ensalmo. Al final, en 1933 se realizaría un referéndum "de autodeterminación", que aprobó mayoritariamente la secesión, pero se declaró ilegal e ilegítimo por haber sido unilateral al no haberse negociado con el Gobierno de la Federación. La situación nos es familiar, ejem... El caso era que al Gobierno de la Federación le interesaba apoyar los problemas del Estado díscolo, a ver si se calmaban los ánimos.

En realidad, el "Ejército" que se envió a la zona "invadida" por las aguerridas huestes emúes sólo constaba de tres personas: el mayor Meredith, de la 7ª Batería de la Real Artillería Australiana, el sargento McMurray y el artillero O'Halloran. Magra tropa para enfrentarse a tan correoso adversario, como pronto comprobarían los militares, que habían sido enviados a un berenjenal.

La Guerra de los Emúes en la Prensa local de la época

La primera intentona, entre el 2 y el 8 de noviembre de 1932 fue saldada con una humillante derrota del minúsculo Ejército australiano. Resultó que era poco menos que imposible disparar a emúes corriendo a 50 km por hora siguiéndoles en un vehículo dando tumbos por el campo, y encima pretender mantener una puntería en el tiro. Los animales se dispersaban por todas partes y era casi imposible dispararles. Tal vez los valientes soldados del Rey pensaban que los emúes "posarían" para ellos para ser abatidos con comodidad.

En palabras del ornitólogo Dominic Servently:

"El sueño de los artilleros de una fácil matanza en masa con tiro fácil pronto se disipó. El Comando Emú había organizado evidentemente técnicas de guerrilla y su ejército se dividía en muchas pequeñas unidades cuya persecución hacía antieconómico el uso del material militar. Por consiguiente, tras un mes de combate, la alicaída fuerza de combate tuvo que decretar la retirada"

En efecto, el Gobierno australiano ordenó la retirada del contingente el 8 de noviembre, ante la generalizada rechifla que la Prensa comenzaba a agitar, en la que bautizaron con retranca como Emu Wars. De modo que los emúes continuaron saqueando a su sabor los cultivos de los agricultores de la región. Ante esta situación, desde la región vuelven a solicitar al Ejército, y el 13 de noviembre Meredith es enviado de nuevo al teatro bélico para terminar lo que había empezado.

El Ejército australiano había aprendido algo desde la primera fase de la "guerra", y en esta segunda parte de la campaña le fue algo mejor, y Meredith informó en diciembre que había abatido a 986 emúes, y supuso que otros 2.500 que había herido, habrían muerto antes o después. Parecía un pobre resultado para tanto bombo y platillo, pero en cualquier caso pareció suficiente para salvar lo que quedaba de los cultivos. La campaña fue detenida puesto que su eco había llegado ya a Gran Bretaña, y empezaban a elevarse voces conservacionistas denunciando la matanza de emúes, y el Gobierno australiano ya tenía problemas suficientes.

A la postre, el "Ejército Emú" resultó vencedor de la Guerra

Aunque hubo campañas militares de "control" de población de emúes en 1934, 1943 y 1948, lo que mejor funcionó fue el sistema de recompensas que estaba en marcha desde 1923: sólo en seis meses de 1934 se reclamaron más de 57.000 recompensas. También se usaron vallas para impedir el paso a las hordas emúes (para ellos es un juego de niños aplastarlas) y el veneno. Pero, a la postre, nada llegó a funcionar del todo, y la población de emúes nunca ha descendido hasta el punto de ponerse en peligro la viabilidad de la especie. Su velocidad y su movilidad son sus grandes aliados.

Y claro, si no puedes con tu enemigo, únete a él. 

Ante el éxito de la cría comercial de avestruces en Sudáfrica, en 1970 los australianos envían allá una delegación para aprender los secretos de la explotación avícola de las avestruces con el fin de aplicarlo a los emúes de Australia. A su regreso, se establecen las primeras granjas experimentales y se encarga a aborígenes la captura de emúes vivos para su cría en cautividad en las mismas.

Granja de emúes en Tooraweenah, Nueva Gales del Sur. Lucy Kinbacher

En 1987 el Gobierno Australiano reconoce oficialmente al emú como animal de granja y a comienzos de la década de 1990 empieza la explotación comercial de la especie en granjas, que también se popularizaría en los EEUU y otros países. Fundamentalmente de los emúes de granja se obtiene la grasa, que tiene aplicaciones en cosmética y Farmacia, la carne, que es una carne roja y magra y la piel para elaborar cuero. 

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