Fantasmas del pasado. El Rancho La Brea.

Querida hija: 

Los Ángeles, la mayor ciudad de California, es mundialmente conocida por ser la Meca del Cine, la Televisión y la Música popular. Es una de las ciudades globales del mundo, lo que quiere decir que su actividad y costumbres sociales influyen en todo el planeta. Es menos conocida, a pesar de todo ello, por albergar uno de los yacimientos paleontológicos más extraordinarios y productivos del mundo: los Pozos de Alquitrán de La Brea, popularmente conocidos como “el Rancho La Brea”. 

Reconstrucción de la Cuenca de Los Ángeles en tiempos del yacimiento de La Brea

Durante los últimos cuarenta mil años, en el Pleistoceno Final y el arranque del Holoceno, miles de animales han quedado atrapados en los pozos de asfalto natural que surgieron en lo que hoy es la ciudad de Los Angeles. Llevan más de cien años excavándose y estudiándose, y han revelado (y siguen revelando) una valiosa información sobre un periodo que siempre ha fascinado a los humanos: la época de las grandes bestias de la Edad del Hielo. Hoy voy a hablarte de este notable lugar. Como siempre me gusta hacer, empezaré por una cronología histórica que te pondrá en situación, a continuación te hablaré de los animales más interesantes que se han recuperado en este yacimiento y terminaré con unas reflexiones sobre todo ello. 

Alquitrán en el Parque Hancock. Un yacimiento pegajoso. 

Imagina la escena. Cuenca de Los Ángeles, hace 15.000 años. 

Un ternero de bisonte se ha extraviado de su manada. En su migración anual a finales de la primavera, una manada de lobos esperaba la aparición de los bisontes, iniciando inmediatamente una persecución seguida de un ataque por toda la línea media de la asustada manada que huía despavorida de los robustos y hambrientos lobos. Durante esta caótica huida, el ternero se ha perdido. Trata de recobrar el rastro de su madre, sin conseguirlo. Agotado, deambula atravesando una llanura salpicada de robles. De repente, el suelo se hunde bajo sus pezuñas. Lo que parecía ser una costra de barro resulta ser una trampa mortal y el infortunado ternero se hunde hasta el cuello en un chapapote negro y viscoso. 

Por mucho que intenta salir de allí es imposible. El alquitrán es demasiado denso y no tiene suficiente fuerza. Después de varias horas agoniza, hambriento y agotado. En ese momento asoma por el matorral un fornido tigre dientes de sable que se acerca oteando carne fácil y fresca. De un ágil salto el tigre se sube sobre el ternero y lo mata de una certera puñalada en el cuello con sus larguísimos caninos. Pero cuando se dispone a devorar su comida, algo va mal…el ternero no aguanta el peso del depredador y ambos, ejecutor y ejecutado, se hunden en el negro chapapote… 

Campos petrolíferos del área de Los Ángeles

¿Qué ha pasado aquí? Lo que sucede es que la Cuenca de Los Ángeles es rica en campos de petróleo. De entre los varios que salpican el subsuelo, existe uno en concreto, llamado más tarde Salt Lake Oil Field, cuyo petróleo se filtra lentamente hacia la superficie, a través de las fracturas que los frecuentes terremotos de la zona crean en la roca que cubre el campo petrolífero. Concretamente, el petróleo sube por la falla que luego se conocerá como “Falla de la Calle 6”. 

Situación y origen del Rancho La Brea

Una vez el petróleo alcanza la superficie, sus componentes más ligeros y volátiles se evaporan, dejando en la tierra la fracción más pesada, que los especialistas llaman Gilsonita, y que comúnmente se denomina “alquitrán natural”, o, también “brea”, en castellano popular. De ahí el nombre. Estas charcas se cubrían frecuentemente de tierra, de hojas o de agua de lluvia que, al ser menos densa que el alquitrán, flotaba sobre él, camuflando más engañosamente la pegajosa trampa, que no paraba de tragarse animales. 

Cuando los grandes mamíferos de la Megafauna se extinguieron, serían los indios locales quienes frecuentarían la zona, y pronto aprenderían a usar la brea para impermeabilizar canoas y recipientes durante miles de años. Esta existencia pacífica tocaría a su fin cuando el poderoso monarca español Carlos III decidió que California debía pasar a formar parte de la Corona, pues llegaban rumores de que potencias europeas rivales asentaban sus reales en el Pacífico Noroeste de América, y era vital establecer una posición que protegiera el rico Virreinato de Nueva España. 

Por eso se puso en marcha la “Expedición Portolá” en 1769, que establecería una línea de conventos franciscanos desde San Diego hasta Monterrey como forma de poblar dicho nuevo territorio, y reclamarlo así para España. Durante dicha expedición, el padre franciscano Juan Crespí nos transmitió la primera referencia a los pozos de La Brea: 

“Mientras cruzábamos la cuenca, los exploradores informaron haber visto géiseres de brea saliendo del suelo como fuentes. Relataron que habían visto muchas de estas fuentes y grandes pantanos de ello bastante, según dijeron, para calafatear muchos navíos. Nosotros no fuimos tan afortunados de ver esos géiseres, aunque lo deseábamos estaban a cierta distancia del camino que debíamos tomar y el Gobernador [Portolá] no quería que fuésemos. Los bautizamos como Los Volcanes de Brea”. 

Los Ángeles en la época mexicana.

En el año de 1781 se fundaría el Pueblo de Nuestra Señora de Los Ángeles de la Porciúncula en las cercanías de los géiseres que relató Crespí, que hoy día es la ciudad de Los Ángeles. Cuando finalizó la Colonia española, en 1828 el Alcalde de Los Ángeles, José Antonio Carrillo, realiza la concesión de una propiedad en La Brea para Antonio José Rocha y Nemesio Rodríguez. La familia Rocha fundaría el Rancho La Brea. Como se había realizado siempre, los habitantes del Pueblo tenían derecho a usar la brea de la propiedad. 

En 1848 en virtud del Tratado de Guadalupe-Hidalgo, que puso fin a la guerra entre los EEUU y México, California pasa a los EEUU, con el estatus de Estado desde 1850. Las nuevas autoridades estadounidenses no están dispuestas a reconocer las propiedades de los mexicanos en las rancherías californianas y, tras años de litigios judiciales, la familia Rocha debe tirar la toalla en 1860. Sería el abogado de la familia, Henry Hancock, quien finalmente les compra la propiedad por 20.000 dólares, y comienza a explotar el alquitrán que tan abundantemente brota en su rancho. Durante todo este tiempo era común encontrar huesos de animales en los charcos de brea, pero se atribuían a ganado que se extraviaba de cuando en cuando, y no se le daba importancia. 

En 1875 el profesor inglés William Denton, cuando visitaba el Rancho, examinó un colmillo de Smilodon que la familia Hancock le regaló. Denton fue el primero en describir un fósil procedente de La Brea, pero su trabajo no tuvo ninguna repercusión y cayó en el olvido. En el año 1890 Arthur Gilmore compra una parte del Rancho y descubre el Salt Lake Oil Field, que es inmediatamente puesto en explotación. Era la época en la que se iniciaba la industria petrolera tal como la conocemos y en 1901 el geólogo W.W. Orcutt fue el primero en darse cuenta que los abundantes huesos que aparecían en La Brea eran fósiles. Y esto cambió la perspectiva. 

Los pozos de La Brea en 1910

La Familia Hancock llegó a un acuerdo con el entonces Museo del Condado de Los Ángeles para iniciar la primera campaña de excavaciones científicas en La Brea, entre 1913 y 1915. Ante la magnitud de lo que se iba encontrando, finalmente los Hancock cederían en 1924 al Museo 23 acres del Rancho para poder realizar estudios en profundidad. Las excavaciones y los estudios se centrarían casi exclusivamente en los grandes mamíferos de la Megafauna, los mamuts, mastodontes o tigres dientes de sable, descuidando valiosos depósitos de fósiles más modestos. En 1969 finalmente se cambia el enfoque y, con la apertura del Pozo 91, se presta atención a todos los fósiles independientemente de su tamaño. Con esto se llegna a alcanzar las 600 especies de animales y plantas recuperadas de los yacimientos, proporcionando ya una información completa sobre aquel ecosistema desaparecido. 

En 1977 se abre finalmente al público el Museo George Page de los Descubrimientos de La Brea, adscrito al Museo de Historia Natural del Condado de Los Ángeles, donde se exponen los restos paleontológicos más notables encontrados durante las excavaciones, y desde donde se dirigen los trabajos. En 2006 se descubren 16 nuevos depósitos de fósiles, que se estudian en la actualidad. El complejo se alza en medio del Parque Hancock, nombrado así en honor de la familia propietaria del Rancho, cuando ya Los Angeles se tragó la propiedad durante su desaforada expansión. Por eso el yacimiento está hoy en pleno centro de la gran ciudad de California. 

El yacimiento de La Brea no es único en el mundo, pero sí es el mayor y más importante en su género. El segundo yacimiento en importancia en depósitos de alquitrán natural se encuentra en Talara, Piura, en Perú, y hay yacimientos similares en todo el mundo, como por ejemplo en Ecuador o en Venezuela. Actualmente el mayor lago de asfalto natural que existe se encuentra en la isla caribeña de Trinidad. 

La Brea en la actualidad

La Brea nos registra la fauna y flora de los últimos cuarenta mil años (el fósil más antiguo encontrado allí data de hace 38.000 años), por tanto, nos muestra cómo era la Cuenca de Los Ángeles durante la última glaciación y el arranque del posglaciar. Se trataba de un ambiente semiabierto, con presencia de matorral de salvia y salpicado de arboledas de robles y enebros con bosques de ribera a lo largo de los cursos de agua y vegetación de chaparral en las colinas circundantes. El ambiente hoy en día en la misma zona no es tan diferente de aquel, pero el clima entonces era algo más frío y húmedo, más como el actual clima de la costa de Monterrey y San Francisco, y hoy es más cálido y seco. Básicamente el Sur de California se ha desertificado. 

Una particularidad del yacimiento es que, en La Brea, se han recuperado restos de diez carnívoros por cada herbívoro. Esto no es normal debido a que en la naturaleza la proporción se invierte más bien. Pero se piensa que cuando los herbívoros quedaban atrapados en el chapapote, iban acudiendo los depredadores y carroñeros como las abejas a la miel, unos defendiendo su “presa”, y otros disputándola. Unos por otros, la casa sin barrer y era frecuente que al final todos quedaran atrapados en el viscoso alquitrán. Aves incluidas. 

La fauna fósil encontrada en La Brea ha resultado ser tan importante que ha definido, desde 1951, un periodo que define la Historia de la fauna de mamíferos terrestres norteamericanos: el periodo Rancholabreano abarca desde hace 240.000 hasta hace 11.000 años, y empieza cuando se detecta por primera vez la aparición del género Bison por debajo del paralelo 55ºN, y su asociación con el género Mammuthus. Es decir, lo que caracteriza al periodo Rancholabreano es la presencia de bisontes junto con la de mamuts. 

Mamuts, perezosos gigantes y leones americanos: la fauna de La Brea. 

Como te he contado antes, el 90% de los fósiles de Mamíferos encontrados en La Brea corresponden al Orden Carnívoros, correspondiendo el 5% a Artiodáctilos, 2,5% a Perisodáctilos, 2% a Pilosa (perezosos) y el 0,5% a Proboscídeos. En cuanto a las Aves, se observa también una mayoría de aves depredadoras y carroñeras: el 60% Falconiformes (águilas y buitres), el 15% Galliformes (pavos), el 7% Estrigiformes (búhos y lechuzas), el 8,5% Paseriformes (gorriones), 4% Anseriformes (patos y ánades), Caradriformes el 2% (gallinetas) y Otros el 3,5%. 

Una escena típica de La Brea: un tigre dientes de sable y un lobo terrible disputándose una presa

En cuanto a los microfósiles, se ha encontrado un millón de fósiles de invertebrados, de los cuales hay sólo dos extinguidos (dos escarabajos). También se han encontrado Anfibios, Reptiles y Peces, la mayor parte de los cuales continúan viviendo en la misma zona. 

Pero son los Megamamíferos las estrellas del Yacimiento. Destacan dos grandes Proboscídeos. El mamut de Columbia Mammuthus columbi fue el gran herbívoro de la época y el mamut característico de los EEUU. Tenía 4 metros de altura y de 8 a 10 toneladas de peso. Tenía una verdadera ristra de dientes listos para ir reemplazando a los que se iban desgastando, a un ritmo de una vez cada diez años, hasta los 60 cuando ya no había reemplazo y el mamut que llegaba a esa edad acabaría muriendo de hambre, si no le pasaba otra cosa. En las Islas del Canal que se encuentran frente a la costa de Los Angeles evolucionó una raza enana de este mamut, a partir de ejemplares continentales que alcanzaron las islas en épocas en las que el nivel del mar era más bajo. La escasez de comida allí favoreció a los ejemplares más pequeños, que necesitaban menos comida, en un proceso de enanismo insular que ha sucedido en más partes del mundo. 

Mamuts de Columbia

Por su parte, del mastodonte americano Mammut americanum se han recuperado 15 individuos, entre ellos una cría. El mastodonte americano fue el último de la estirpe, así como el más conocido de ellos. Con 2,8 metros de altura y 4,5 toneladas de peso era sensiblemente más pequeño que los mamuts. Además, eran habitantes del bosque más que de las zonas abiertas que frecuentaban los pastadores mamuts, y se alimentaban ramoneando hojas, ramas y brotes. Las denticiones de ambos géneros no pueden ser más distintas: planas muelas pastadoras las de los mamuts y muelas crestadas las de los mastodontes. 

Mastodontes americanos

Se han recuperado nada menos que doscientos individuos de caballo occidental Equus occidentalis, mucho más relacionado con las cebras de África Oriental y las quagas de África del Sur que con la línea de los caballos modernos. Según el análisis de sus dientes, no parecen haber sido 100% pastadores, incluyendo en su dieta hojas y matorrales. En La Brea también se han encontrado restos de dos especies de perezosos gigantes que, como ya te expliqué cuando te hablé de la Megafauna de las Américas, se extendieron hacia Norteamérica desde Sudamérica cuando se produjo el Gran Intercambio. Se trata del perezoso de Harlan Paramylodon harlani, el mayor de los perezosos encontrados en dicho yacimiento, así como el perezoso de Shasta Nothrotheriops shastensis. Ambas especies tenían nódulos óseos en la piel (osteodermos), que les servían a modo de protección. 

Perezosos de Harlan

Un notable camélido también ha sido encontrado en La Brea: el camello prehistórico Camelops hesternus, del cual se especula que tendría un aspecto similar a los actuales, pero no es posible saber si tenían giba o no, dado que son estructuras que no están soportadas por huesos, y por tanto no se conservan. El herbívoro más abundante encontrado en La Brea con diferencia es el bisonte antiguo Bison antiquus, que es considerado como el antecesor directo del actual bisonte americano. Como te expliqué antes, la llegada del bisonte marca el comienzo del periodo Rancholabreano. Se han encontrado sobre todo juveniles, y a tenor de lo encontrado se ha deducido que eran animales migratorios que hacían su aparición en La Brea a finales de la primavera. Otros hebívoros que han sido encontrados en los pozos de alquitrán son el antilocapra enano Capromeryx minor, parecido al actual antilocapra americano, pero más pequeño y con los cuernos algo diferentes, y, más raros en La Brea, tapires, llamas y pecaríes. 

Esqueleto de bisonte antiguo en el Museo de La Brea

Los carnívoros, como ya te he dicho, están sobrerrepresentados y puedo destacarte entre ellos el famoso tigre dientes de sable Smilodon fatalis. Era éste un felino grande, robusto, macizo y muy musculoso, con una cola corta similar a la de los actuales linces. Sus llamativos y famosos colmillos en forma de sable debieron convertirle en un enemigo formidable, diseñado especialmente para la emboscada más que la persecución. El análisis isotópico de los huesos han mostrado que sus presas principales eran los bisontes y los camellos. 

Smilodon del Museo de La Brea

Pero el felino más grande de Norteamérica también está aquí representado. Se trata del león americano Panthera atrox. Era algo más grande que los actuales leones africanos (que ya son grandes): 1,5 metros de alzada, 2,5 – 3,5 metros de longitud y entre 350 y 450 kg de peso. Era un habitante de espacios abiertos pues no se han encontrado fósiles suyos en zonas de bosque boreal o tropical, éste último dominio del jaguar. Se cree que el origen de este león americano se encuentra en el león de las cavernas eurasiático P. spelaea, que llegó a Norteamérica a través de Beringia, y constituyó un linaje hermano de aquél, y sólo lateralmente relacionado con los leones africanos. 

El mayor de los carnívoros norteamericanos, también representado en La Brea, era el oso de rostro corto Arctodus simus pero, dado que era de hábitos omnívoros, era menos letal que el león americano, rey indiscutible de la pirámide alimentaria de Norteamérica. Este oso era mayor que los mayores osos actuales, los grizzlies y los osos polares. 

León americano disputándose una presa con lobos

No puedo terminar este apresurado repaso a los carnívoros recuperados de La Brea sin hacer mención a uno de los más notables: el lobo terrible Canis dirus, del cual se han recuperado nada menos que 4.000 individuos del asfalto, atrapados cuando trataban de devorar otros animales atrapados. No se trataba de ningún lobo gigante, como es posible que lo veas nombrado por ahí, pero sí era algo mayor que el lobo actual. Según los estudios genéticos que se han realizado se ha visto que está relacionado con dos subespecies de lobos canadienses: el lobo maderero oriental Canis lupus lycaon y el occidental Canis lupus occidentalis. Debió ser un espectáculo fascinante y aterrador ver cómo una manada de estos grandes lobos acosaban a las manadas de bisontes antiguos, que debían ser inmensas… 

Lobo terrible

Otros mamíferos que se han recuperado del asfalto son: coyotes, mofetas, linces, ardillas o liebres. Los coyotes recuperados son la misma especie actual: Canis latrans, pero su tamaño es apreciablemente mayor. Más adelante volveremos sobre este dato pues nos ayudará a sacar algunas conclusiones. 

Se han encontrado 100.000 fósiles de Aves de 140 especies, de los cuales el 20% extinguidos.. Sobre todo aves rapaces. Dos de ellas aún existen: el águila real y el águila calva. Y otras dos águilas extinguidas: el águila de Woodward y el águila crestada de Grinnell. También se han encontrado cóndores y buitres. Pero la más notable de ellas es la Teratornis de Merriam Teratornis merriami, uno de los últimos representantes de la familia Terathornitidae, grandes rapaces que vivieron en América desde el periodo Plioceno. En La Brea se han recuperado restos de 100 individuos, y se cree que hacían presa en el suelo, como los búhos y algunas águilas. Tenían una envergadura alar entre 3,5 y 3,8 metros, y un peso de hasta 15 kilos. Era algo más grande que el actual cóndor de los Andes, que ya es un ave gigantesca. 

Teratornis de Merriam

Las estrígidas (búhos y lechuzas) han sido bien estudiadas en La Brea, pues se han recuperado 1.103 individuos de nueve especies. De ellas, dos géneros y tres especies se hallan actualmente extinguidas. El más común de los búhos encontrados en La Brea es el mochuelo de madriguera Athene cunicularia, que es una especie existente, y el más raro de los encontrados es el búho miniatura Asphaltoglaux cecileae

En conclusión 

La extraordinaria concatenación de circunstancias creadas por el afloramiento de asfalto natural en el Rancho La Brea nos ha traído información de un tiempo y un lugar que ya no existen. En cierto sentido, un yacimiento paleontológico es una puerta hacia otra dimensión. Asomándonos a esos pozos de alquitrán aparecemos en un lugar más húmedo y verde que el actual semidesierto del Sur de California, poblado por una prodigiosa aglomeración de animales: mamuts, mastodontes, caballos, camellos, perezosos, bisontes, lobos, leones, antílopes, y una miríada de aves y micromamíferos. Hoy nos es muy difícil imaginar tal riqueza animal en un lugar fuera de África. 

Bisonte antiguo

En su momento te conté mis ideas acerca de la extinción de la Megafauna pleistocena, y no voy a repetírtelas aquí. En mi opinión, en Norteamérica y Eurasia el cambio climático que siguió a la retirada de los glaciares fue lo suficientemente brusco y rápido como para provocar la extinción de una parte significativa de la vida animal de entonces. 

Pero siéntate en mis rodillas y vamos a reflexionar un poco sobre los fósiles de La Brea para ver si lo que aquí se ha descubierto contradice mis ideas o las confirma. Cuando examinamos el problema de la extinción de la Megafauna a nivel planetario nos sentimos abrumados ante la magnitud de la Sexta Extinción. Pero si examinamos yacimientos que nos hablan de faunas locales, limitadas a una pequeña área geográfica parece que entendemos mejor cómo se produjo la extinción porque somos capaces de “ver”, gracias al trabajo de los científicos, qué cambios concretos se han producido en dicha zona y a qué ritmo. 

Mamuts de Columbia en el Museo de La Brea

El hecho más importante que en este caso nos arroja mucha luz es que durante el Pleistoceno final, en La Brea se produjo una coexistencia de animales que se extinguieron con otros animales que no se extinguieron. En efecto, en la fauna de La Brea encontramos animales que sucumbieron en el fatídico límite de hace 10.000 años como los perezosos gigantes, el mamut, el mastodonte, el camello, etc, con otros animales que siguen entre nosotros: el coyote, el lobo Canis lupus (que parece convivió con el lobo terrible Canis dirus), el lince, los perritos de las praderas Cynomys o las ardillas de tierra del género Marmota. Todos ellos fueron sometidos al mismo cambio climático: una notable y rápida desertificación. Esa desertificación causó una menor disponibilidad de vegetación que desató un efecto dominó: menos herbívoros – menos carnívoros – extinción masiva. 

Como ya sabemos, la Sexta Extinción afectó sobre todo a los grandes animales mayores de 44 kilos de peso, considerado el límite de la megafauna. Por tanto, la conclusión es clara: los animales más pequeños resultaron más favorecidos por el cambio climático y ecológico que se produjo. ¿Por qué? Seguramente por su mayor movilidad y agilidad para encontrar y capturar presas más pequeñas con las que salir adelante en el nuevo escenario de escasez. Yo no sé tú, pero yo no me imagino a un enorme león americano tratando de atrapar a un ágil perrito de las praderas. Pero sí me imagino a un coyote haciéndolo. Y lo hacen. Y aquí es donde quiero recordarte el dato de que los coyotes de la época del Rancholabreano eran más grandes que los actuales. El coyote sobrevivió a la Sexta Extinción precisamente disminuyendo su tamaño, al igual que hizo el lobo con respecto del lobo terrible. Y lo mismo que hizo el bisonte americano en relación con el bisonte antiguo. Ninguna de las especies que sobrevivieron a la extinción han sido más grandes que sus equivalentes extinguidas. 

Camello prehistórico

En conclusión: la Megafauna, en razón de su gran tamaño y elevados requerimientos alimenticios, no pudo adaptarse a los drásticos cambios climáticos y ecológicos que se produjeron con la retirada del hielo glaciar. Es doloroso recordar a esos magníficos animales que se fueron para no volver, pero te aseguro que el ser humano no tuvo que ver en su extinción. 

Y hablando del Rey de Roma: ¿qué pasa con los humanos en el Rancho La Brea? Sólo se han encontrado los restos de una única persona en los pozos de alquitrán: una mujer de hace 10.000 años. Y no se han encontrado evidencias que demuestren que los humanos convivieron, en La Brea, con aquellos magníficos fantasmas del pasado.

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