Horizontes de Grandeza. La fauna de la Conquista del Oeste. 3. El bisonte

Querida hija: 

Si en la primera entrega de esta serie sobre la fauna de la Conquista del Oeste te hablé del caballo, que hizo posible la conquista geográfica, y en la segunda entrega te hablé de los animales peleteros que hicieron posible la primera conquista económica de estas nuevas tierras, en esta tercera entrega voy a hablarte del bisonte americano, el coloso de las praderas, un animal de una importancia cultural excepcional para los nativos americanos pero que, en el reverso de la moneda, hasta cierto punto facilitó la conquista militar del Oeste mediante uno de los zoocidios más crueles y rápidos que nuestra despiadada especie jamás ha desatado contra una especie que ningún daño o amenaza podía causar al hombre blanco. 

La caza del bisonte por los indios es una estampa clásica del Oeste americano

Afortunadamente el hombre blanco no logró exterminar al bisonte (llamado buffalo en los EEUU) pero los supervivientes de la guerra de exterminio son, literalmente, una pálida sombra de lo que fueron. Voy, pues, a relatarte esta epopeya agridulce. 

El monarca de las Praderas. 

El bisonte americano Bison bison es una de las dos especies de bisontes que hay en el mundo. La otra es el bisonte europeo Bison bonasus. Se trata del mayor herbívoro de Norteamérica y un auténtico coloso. Pertenece al Orden Artiodáctilos, familia bóvidos, donde es el segundo en tamaño después del gaur del sudeste asiático. Es un magnífico animal de figura maciza, de 2 a 3,5 metros de longitud con una cola de entre 30 y 91 centímetros. Su altura hasta los hombros oscila entre 152 y 186 centímetros…puede ser más alto que muchos hombres, y su peso varía entre los 318 y la tonelada de peso. 

Bisonte americano

Su cabeza es grande y maciza, con un par de cuernos relativamente pequeños. Sobre los hombros tiene una espalda muy abultada, que cae luego abruptamente hacia los cuartos traseros, más pequeños que los delanteros, que están cubiertos por un espeso pelo que, en parte, fueron la causa de su desgracia. Se reconocen dos subespecies: el bisonte de las praderas, que es la nominal y más numerosa y extendida, y el bisonte de bosque Bison bison athabascae, que vive en los bosques canadienses. Originalmente estaba extendido desde Alaska, al Norte, hasta México central siguiendo las praderas centrales norteamericanas, y desde las Montañas Rocosas en el Oeste hasta los Apalaches, en el Este, incluso en algunos puntos alcanzaba el Atlántico. Más adelante verás la dramática desaparición de su área original de distribución. 

Es un animal social que vive en manadas. Las hembras con sus terneros viven separadamente con respecto a la manada de los machos. Se juntan en la época de la reproducción, que empieza a finales de Junio – comienzos de Julio y termina en Septiembre. En esta época, los machos luchan entre sí para establecer harenes de hembras a las cuales cubrir. Después de 285 meses de gestación nace un solo ternero, que tradicionalmente se conocía como “zorro rojo” por su notable pelaje rojizo, que nace en primavera y permanecerá entre siete y ocho meses con su madre. 

Migraciones de los bisontes del Parque Nacional de Yellowstone

Las manadas de bisontes son migratorias. Pueden moverse en dirección norte-sur y vuelta para evitar lo más crudo del invierno, y también pueden moverse en altitud dentro de una misma zona. Es un rumiante pastador muy perfeccionado: con su masiva cabeza aparta la nieve acumulada en la pradera para poder acceder a la hierba, cosa que otros ungulados no pueden hacer. Se ha dicho que la forma de pastar del bisonte favorece la diversidad vegetal en la pradera, ya que tiende a alimentarse de las especies de más rápido crecimiento, que pueden acaparar los nutrientes del suelo y eliminar así otras especies competidoras. En praderas de hierba corta selecciona las especies de la temporada cálida, y en praderas mixtas, consume las plantas de la temporada fría. Esta eficiente y sostenible forma de pastar contrasta con la del ganado vacuno doméstico, que no hace distinciones y esquilma el pasto, lo que tiene graves consecuencias ecológicas. 

Debido a su gran tamaño, el bisonte sólo puede temer un depredador natural: el lobo que, por su parte, sólo puede optar a capturar terneros o hembras. 

¿Cuál es el origen de este maravilloso ungulado?. Los fósiles más antiguos del género Bison que se han encontrado en Norteamérica son un bisonte de estepa Bison priscus, hallado en Alaska y que tiene 130.000 años de antigüedad y un bisonte gigante Bison latifrons encontrado en Colorado, con 120.000 años. Según los estudios genéticos que se han realizado en estos, y otros fósiles, se ha podido constatar que el primer bisonte, seguramente un bisonte de estepa, llegó a Norteamérica procedente de Eurasia a través del Puente de Beringia hace entre 195.000 y 135.000 años. El bisonte se extenderá rápidamente por todo el subcontinente y se convierte en el herbívoro más eficiente de todos, desplazando al mamut y al caballo. 

Comparación entre bisontes fósiles y el bisonte actual

El bisonte de estepa dará origen a otras especies de bisontes: Bison latifrons, B. antiquus y B. occidentalis, además del actual bisonte americano. Los especialistas aún no han establecido un árbol filogenético definitivo para los bisontes, y no está aún claro si el bisonte americano, una especie bastante reciente, desciende de forma lineal de las anteriores especies o directamente del bisonte de estepa, siendo el bisonte gigante una línea hermana. En cualquier caso, el bisonte americano es la más pequeña de todas las especies antecesoras. Una vez más se confirma que, en relación a los cambios climáticos del fin de la última glaciación, el tamaño más pequeño resultó favorecido para adaptarse a las nuevas condiciones. Por eso el bisonte americano es la única especie de bisonte que no se extinguió en Norteamérica. 

Origen del bisonte

El bisonte y los nativos americanos 

La importancia del bisonte para los nativos americanos de las praderas es difícil de calibrar. Lo era todo para ellos. Imagínate la escena cuando los primeros humanos llegaron al continente americano y vieron las inmensas manadas de bisontes que oscurecían el horizonte hasta donde alcanzaba la vista. El bisonte les proporcionaba carne, pieles, cuero, huesos, tendones…absolutamente todo lo que podían necesitar. Los pueblos nativos de las praderas eran nómadas en gran parte porque los bisontes lo eran también, y seguían a las manadas a prudente distancia, quedándose en sus proximidades durante el tiempo necesario hasta que las manadas volvían a ponerse en marcha. 

Caza del bisonte. Óleo de George Catlin

Para los lakota, por ejemplo, el bisonte era considerado no sólo un regalo del Creador, sino que también era considerado un pariente. Y cada vez que se cazaba un bisonte hacían fervorosas acciones de gracias. 

Es difícil calcular cuántos bisontes podía haber en Norteamérica antes de la llegada del hombre blanco. Las estimaciones más optimistas hablan de 60 millones de cabezas, pero los estudios más serios lo reducen a entre 20 y 30 millones, lo que ya es bastante dicho sea de paso. Por tanto, había para todos. Antes de que los indios adquiriesen los caballos, su forma de cazar bisontes era de lo más ingeniosa: rodeaban la manada y asustaban a los bisontes para conducirlos hacia ciertos lugares hoy conocidos como “buffalo jumps” (saltos de bisonte), normalmente colinas elevadas desde donde eran forzados a despeñarse y a matarse, o bien zonas lo suficientemente encerradas como para poder rodear a los bisontes y poder abatirlos. Algunos de estos “buffalo jumps” se conservan hoy en día como lugares históricos. Por ejemplo, los blackfeet de lo que hoy es Montana usaban estos saltos que llamaban pishkuns

Método de caza del "buffalo jump"

Con la adquisición de caballos, la forma de cazar cambió completamente. Ahora era mucho más fácil y rápido alcanzar las manadas de bisontes y dispararles lanzas y flechas y, más tarde, usar armas de fuego que conseguían del hombre blanco. Mientras los hombres cazaban, las mujeres y los niños se encargaban de desollar y despiezar los bisontes abatidos. Una vez terminaba la cacería, había carne más que suficiente para alimentar a las comunidades durante mucho tiempo. Tanta, que la carne sobrante se dejaba secar obteniendo el famoso pemmican, un clásico alimento indio que también fue adoptado por los primeros exploradores occidentales de Norteamérica. Esta carne seca debía ser algo muy parecido a la actual cecina de vaca. 

Los nativos también se enfrentaban entre sí por la posesión de los mejores terrenos de caza de bisonte, y estos enfrentamientos proliferaron y se agravaron a raíz de la posesión de caballos por parte de los nativos, al incrementar su movilidad. La última batalla entre indios por la posesión de terrenos de caza fue la llamada Massacre Canyon, en 1873 en Nebraska, entre dos partidas de cazadores lakota y pawnee. 

"Buffalo jump" que se conserva en Porcupine Hills, Alberta, Canadá

Esta caza era completamente sostenible, ya que los nativos americanos cazaban sólo lo que necesitaban y cuando lo necesitaban, respetando los periodos de cría de la especie. Por lo tanto, los bisontes no se resintieron de milenios de caza. No obstante, es cierto que en las Praderas meridionales hubo una sobreexplotación del bisonte por parte de los comanches. Este pueblo se había hecho hegemónico en la zona de Texas y territorios adyacentes y, en la década de 1830, mataban 280.000 bisontes anualmente. Entre 1845 y 1860 una tremenda sequía se abatió sobre la zona y el número de bisontes descendió muchísimo, llegando a crear una crisis en el pueblo comanche. Bien es cierto que en parte esta situación se creó porque los comanches estaban explotando a los bisontes no tanto a la manera tradicional de los indios, sino para alimentar el comercio de pieles de los blancos. 

Como ya te expliqué en la segunda entrega de esta historia de la fauna de la Conquista del Oeste, durante la primera mitad del siglo XIX los primeros hombres blancos que se establecieron en el Oeste explotaban sobre todo las pieles de los animales como el castor, la rata almizclera o la marta americana. El pelo de los cuartos delanteros del bisonte era también apreciado, y con él se hacían unas afamadas mantas que abrigaban muy bien en el crudo invierno norteamericano. Pero mientras los indios fueron los intermediarios y principales suministradores de mantas de bisonte, la caza peletera de éstos no constituyó una seria amenaza para la especie, al menos al Oeste del Mississippi. Porque, allá donde el hombre blanco cazaba directamente los bisontes, éstos desaparecían. En 1802 desaparecieron de Ohio. En 1820 no quedaba ya ningún bisonte vivo al Este del Mississippi. Y en 1840 desaparecieron al Oeste de las Montañas Rocosas, donde nunca habían sido muy numerosos. 

Las manadas de bisontes podían oscurecer las llanuras.

En 1844 la Compañía de la Bahía de Hudson, en Canadá, exportó 75.000 mantas de bisonte. Negros nubarrones se cernían sobre el bisonte americano según la pujante marea colonizadora de los blancos avanzaba inexorablemente sobre el Oeste. 

Y llegó la Guerra Civil. 

El más despiadado zoocidio. 

Entre 1861 y 1865 los EEUU se desangraron en la más cruenta guerra que conoció el mundo hasta la Primera Guerra Mundial. Una vez terminó la guerra con el triunfo del Ejército Federal, los estadounidenses se lamieron las heridas y volvieron la mirada de nuevo hacia el Oeste. Muchas cosas cambiaron con respecto del periodo anterior a la guerra. 

En primer lugar, las autoridades estadounidenses estaban decididas a “resolver” el “problema indio”. No estaban dispuestos bajo ningún concepto a compartir el continente con ninguna población aborigen. El destino que el Tío Sam había diseñado para ellos era: o ingresar en reservas o perecer por las armas. 

La piel de los cuartos delanteros del bisonte fue explotada comercialmente

En segundo lugar, los pacíficos colonos que antes de la guerra pasaban de largo por las hostiles praderas para establecerse en las fértiles tierras de California y Oregón desaparecieron. Personas muy distintas eran las que ahora cayeron sobre el Oeste como una plaga de langosta: mineros y buscavidas ávidos de dinero. Personas humildes desmovilizadas de la guerra, que esperaban hacerse ricos en el Oeste. Bandidos. Cazadores. Y ganaderos. Personas con vacas y ovejas que esperaban establecerse en los infinitos pastos de las praderas para criar su ganado y fundar la industria cárnica estadounidense. Y no estaban dispuestos a compartir los pastos con veinte millones de bisontes. 

La guerra contra indios y bisontes empezó con la Pacific Railway Act de 1862, que establecía el objetivo de tender una línea ferroviaria transcontinental que atravesaría las Praderas desde Chicago hasta San Francisco. Los ferrocarriles tenían ciertas razones para desear matar cuantos más bisontes, mejor. En primer lugar, eran un suministro de carne barato y abundante para los trabajadores que construían el ferrocarril, mayoritariamente irlandeses en el lado Este, y chinos en el lado Oeste. Multitud de cazadores fueron contratados para esta labor. El más famoso de ellos fue William Cody, que llegó a ser apodado “Buffalo Bill” por su destreza en abatir bisontes para el Kansas Pacific Railway. En 8 meses entre 1867 y 1868 abatió 4.282 bisontes. 

Se llegaron a matar bisontes directamente desde los trenes

La otra razón que tenía el ferrocarril para ver desaparecer los bisontes derivaba de su gran número. Las enormes manadas cuando atravesaban las vías obligaban a los trenes a parar durante días enteros, causando graves transtornos. El Coronel Dodge, un conocido cazador de la época, relató en sus memorias cómo una vez observó una manada de 50 millas de ancho que tardó cinco días en pasar por un determinado punto. Desde lo alto de una colina pudo observar cómo toda la llanura circundante se teñía de negro hasta donde la vista alcanzaba. Por su parte, un empleado del Kansas Pacific relató en 1868 cómo en un trayecto entre Ellsworth y Sheridan observó 120 millas de una manada continua de bisontes que obligaron al tren a pararse muchas veces por motivos de seguridad. 

Pronto se corrió la voz de que había “barra libre” de bisontes en el Oeste y que los ferrocarriles pagaban bien. Los cazadores llegaban en manadas del Este, se subían a los trenes y éstos ralentizaban su paso junto a las manadas para que los “deportistas” pudieran masacrarlos tranquilamente desde las ventanillas del tren con sus rifles Springfield y Winchester. 

La construcción de los ferrocarriles entre Colorado y Kansas dividió geográficamente la población de bisontes en dos: la Población Norte y la Población Sur. El zoocidio empezó en el Sur. 

Mapa que muestra las fases del exterminio del bisonte americano

No sólo los ferrocarriles tenían motivos para ver desaparecer a los bisontes. Los ganaderos no tenían ninguna intención de compartir los pastos con sus vacas y temían las posibles enfermedades que los bisontes podían transmitir al ganado doméstico, como la brucelosis. Pero la caza comercial se reactivó en los años 70 no sólo por las pieles sino también por el cuero. El el Este se había inventado un modo de usar el cuero de bisonte para elaborar correas de utilización en la industria del Este. Por tanto, cada bisonte era considerado un tesoro en sí mismo: en Dodge City, Kansas, una buena piel de bisonte se pagaba a 3 dólares. Y una muy buena podía llegar a pagarse a 50 dólares. El bisonte desollado se pagaba a 5 dólares: la piel 2,5 dólares, la lengua (considerada una delicatesen) a 0,25. La carne a 2 dólares y los cuernos a 0,25. Los huesos se pagaban de 2,5 a 15 dólares la tonelada para elaborar fertilizantes. 

Es difícil imaginar la magnitud de la matanza de bisontes

No se necesitaba más. Las masas de emigrantes y colonos empobrecidos se dedicaron a cazar a mansalva bisontes. La masacre empezó en la Población Sur. Entre 1873 y 1883 se mataban entre 2.000 y 100.000 bisontes al día. En 1871 una firma de Saint Louis sólo ese año elaboró 250.000 mantas de bisonte. En 1872 se mataron 5.000 bisontes al día al mismo tiempo que se establecía el primer Parque Nacional del mundo: Yellowstone. Y fue providencial porque en Yellowstone sobreviviría la última manada salvaje de bisontes de los EEUU. 

En 1873 se alcanzó el pico de la matanza en la Población Sur. Ya sólo podía ir a un final inexorable. En 1872 se vendían en Fort Worth, Texas, 200.000 mantas cada día o cada dos días. Para 1876, cuando Custer fue derrotado en Little Big Horn, entre tres y cuatro millones de bisontes habían muerto en la Población Sur. La última manada del Sur sobrevivió en el Texas Panhandle un año más. Cuando fue descubierta en 1877 fue inmediatamente exterminada. Es difícil medir el grado de despiadada codicia que se desató entre los blancos. Los empobrecidos granjeros de las praderas se ganaban un jornal recorriendo las praderas y recogiendo huesos de bisonte para venderlos para fertilizantes. 

En 1879, por primera vez desde la Edad del Hielo, la caza del bisonte falló. 

Por esta época se celebraron las últimas cacerías indias de bisontes. En 1874 los shoshones de la Reserva Wind River abatieron 125 bisontes. En 1876 fueron los indios Omaha, en Nebraska. Y en 1882 fueron los lakota y yanktonai de la Agencia Standing Rock, abatiendo 5.000 bisontes. 

Los huesos de bisonte se usaban para la elaboración de fertilizantes

Una vez exterminada la Población Sur, le llegó el turno a la Población Norte. Las praderas septentrionales fueron las últimas tierras vírgenes estadounidenses conquistadas, debido a la dureza de su clima y su aislamiento. Por eso, en una simbiosis que siempre tuvieron, allí fueron exterminados los últimos bisontes y derrotados los últimos indios. En 1880 un solo condado de Montana exportó 180.000 mantas de bisonte. En 1882 10.000 bisontes fueron abatidos en una sóla cacería. 

En 1884 los bisontes habían desaparecido virtualmente de Norteamérica. Ese año quedaban 325 bisontes en libertad en los EEUU, 25 de ellos en Yellowstone, que tenían que ser protegidos por el Ejército para que no cayeran víctimas de los furtivos. 

Cuando terminó la matanza, las Praderas estaban literalmente cubiertas de huesos de bisonte.

Treinta millones de cabezas se habían volatilizado en veinte años. 

El papel del Ejército de los EEUU en la matanza de bisontes. 

Los especialistas se dividen en dos grandes escuelas a la hora de valorar la responsabilidad del Ejército de los EEUU en el zoocidio de bisontes. Existe una corriente de opinión que sostiene que el Ejército ejecutó una política deliberadamente diseñada por el Gobierno de los EEUU para exterminar los bisontes como medio de debilitar a los indios insumisos, privándoles de su fuente de alimentación, y así obligarles a ingresar en las reservas y depender de las vacas del hombre blanco. La segunda corriente de opinión sostiene lo contrario: no existió ninguna política definida oficialmente por los EEUU con respecto a los bisontes. 

¿De dónde viene esta sospecha?, de declaraciones como éstas: 

Sabéis que este tipo de caza se está haciendo cada vez más escasa y pronto tendréis que encontrar otros medios de vida. Deberíais cultivar la amistad del hombre blanco así, cuando la caza termine, pueda cuidar de vosotros” (General Winfield Scott Hancock, 1867) 

Mientras el bisonte esté en el Republican [río de las praderas], los indios irán allí. Creo que sería sensato invitar a todos los deportistas de Inglaterra y los EEUU este otoño para una gran cacería de bisontes y hacer una buena limpieza de ellos. Hasta que el bisonte y, consecuentemente, los indios estén fuera de los caminos habrá enfrentamientos y problemas” (carta del General Sherman al General Sheridan, 10/05/1868) 

El General Sherman recalcó, en conversación el otro día, que la manera más rápida de obligar a los indios a establecerse en una vida civilizada es enviar diez regimientos de soldados a las llanuras, con órdenes de disparar a los bisontes hasta que se vuelvan tan escasos que no puedan sostener a los pieles rojas” (Army News Journal, 28/06/1869). 

El Ejército apoyó la matanza de bisontes, pero ayudó a proteger a los últimos bisontes salvajes

El General Sherman fue el arquitecto de la conquista de los indios de las praderas. Fue nombrado en 1866 comandante de la División del Missouri y entre 1869 y 1883 sustituyó a Grant como Comandante General del Ejército de los EEUU. Este militar, que hoy diríamos que era un “halcón”, aprendió una valiosa lección en la Guerra Civil: el enemigo puede ser doblegado mediante la destrucción de sus suministros. Como general federal, liderando el Ejército del Tennessee, en 1864 protagonizó la tristemente famosa Marcha hacia el Mar. Avanzando desde Tennessee a través de Georgia arrasando las tierras, quemando cosechas como si fuera la Ira de Dios, e incendiando Atlanta, llega al Océano Atlántico poniendo de rodillas a la Confederación, que no tardaría en pedir la paz. Ése era el militar que iba a “resolver” la cuestión india. 

El General William T. Sherman

En realidad, no he encontrado ninguna prueba de que existieran instrucciones escritas del Gobierno estadounidense para lanzar un exterminio de bisontes como modo de doblegar a los indios. Pero sí había una libertad de acción del Ejército en el frente para tomar sus propias decisiones. Y no cabe duda de que entre los militares sí existía la idea de que tocando los bisontes, tocaban a los indios. Aun así, el Ejército no realizó ninguna campaña tendente a conseguir este objetivo. 

Lo que hacía el Ejército era apoyar, proteger y colaborar con los cazadores privados, a los que sí se animaba a matar cuantos más bisontes, mejor. En enero de 1872 se organizó una cacería para el Gran Duque Alexis, el tercer hijo del Zar de Rusia. Se fletó un tren especial de la Union Pacific hasta North Platte, Nebraska, nutridamente protegido por el Ejército. En cinco días mataron cientos de bisontes. El Ejército daba todo tipo de facilidades a cazadores particulares, como suministros, municiones o locales para almacenar la caza. 

También los oficiales del Ejército realizaban cacerías pero más a título particular que como parte de una política deliberada. El General Schofield, Comandante del Departamento del Missouri entre 1869 y 1870 escribiría en sus memorias: “con mi caballería y mi artillería acampamos en el frente. No quería otra ocupación en la vida que echar al salvaje y matar su comida hasta que no quede ni un solo indio en nuestro hermoso país”. El bisonte era a menudo considerado como “el compañero migratorio de los indios”. 

Finalmente, en los puestos militares más aislados, los propios soldados cazaban bisontes para su propio suministro de carne y pieles. Especialmente en los gélidos inviernos árticos de las Praderas del Norte, el Ejército dio instrucciones de usar botas de piel de bisonte. 

La milagrosa recuperación de un espectro 

¿Cómo logró el bisonte escapar al destino de su extinción, al que estaba abocado? En 1864, el Estado de Idaho aprobó la primera ley de protección del bisonte. Durante los años álgidos de la gran matanza, varios Estados siguieron su ejemplo. Pero estas leyes llegaban tarde porque siempre se aprobaban cuando el bisonte ya había desaparecido del Estado en cuestión. Y en los que aún albergaban bisontes la ley rara vez se cumplía porque había demasiados intereses en juego. La salvación del bisonte llegaría por otro lado. 

Bisontes en el National Elk Refuge, Wyoming

En 1866 un granjero privado capturó algunos bisontes y, con ellos, formó una pequeña manada privada. La idea era cruzarlos con sus vacas para obtener mejor rendimiento cárnico. Entre 1873 y 1904 se formaron, así, seis manadas privadas fueron formadas en granjas particulares, y pronto entraron en un circuito comercial de compraventa. Así, a finales de la década de 1870 y comienzos de 1880, Charles Goodnight formó una de estas manadas en Texas, salvando a unos pocos supervivientes de la gran matanza. Entre estos granjeros privados se formó un stock de menos de 500 ejemplares a partir de los cuales descienden casi todos los bisontes actuales. 

Como te comenté antes, sólo dos manadas salvajes sobrevivieron. La primera, en el recién declarado Parque Nacional de Yellowstone, en Wyoming, aunque al principio fue diezmada por los furtivos hasta que el Ejército impuso una protección efectiva. La segunda de estas manadas era la canadiense de Wood Buffalo, Alberta, protegida en 1893 y cuyo territorio se elevaría a Parque Nacional en 1922. 

Se iban perfilando así dos tipos de manadas de bisontes supervivientes: manadas privadas destinadas a una explotación comercial, y manadas públicas destinadas a la conservación. En 1886 el Smithsonian Institute obtuvo ejemplares para el Zoo Nacional. El año 1889 vio los últimos envíos de mantas procedentes de bisontes cazados, y ese año había unos 1.000 bisontes vivos: 85 en libertad, 200 en el Parque Nacional de Yellowstone, 550 en Canadá (Great Slave Lake) y 250 en zoos y ranchos privados. Una vez establecido este sistema, y completamente acabada la época de la caza, entre 1888 y 1902 se dobla la población de bisontes. 

Bisontes de bosque en Wood Buffalo National Park, Alberta, Canadá

En 1905 se forma la American Bison Society, cuyos objetivos eran proteger y conservar a los últimos bisontes, y funcionar como grupo de presión hacia el Gobierno de los EEUU para que formase más manadas públicas. En ese momento, los bisontes bajo protección federal eran únicamente 100 ejemplares entre Yellowstone y el Zoo Nacional de Washington. Consiguen así que el Gobierno inicie una política de compras o donaciones de bisontes de fincas privadas y su progresiva reintroducción en lugares escogidos. En 1910 había 1.076 bisontes en Canadá y 1.028 en los EEUU, de los cuales 151 en manadas públicas. 

En 1970 había ya 30.000 bisontes de las praderas en Norteamérica, la mitad de ellos en manadas públicas, Parques nacionales y áreas protegidas. Actualmente hay unos 500.000 bisontes, el 95% destinados a producción comercial y el 5% a conservación. Existen 15 manadas públicas gestionadas por el Gobierno Federal, los Estados o Fundaciones, que totalizan unos 19.200 bisontes, el 90% en los EEUU y el 10% restante en Canadá. Aparte de éstos, existen unos 8.300 bisontes que vagan en plena libertad. Los bisontes no destinados a producción ganadera pueden verse, por ejemplo, en el Custer State Park (Dakota del Sur), el Parque Nacional de Yellowstone, el único lugar en los EEUU donde siempre ha habido bisontes ininterrumpidamente, Henry Mountains (Montana), Parque Nacional Wind Cave (Dakota del Sur), la Reserva India de Fort Peck (Montana), en cuatro lugares de Canadá: los Territorios del Noroeste, el Parque Nacional Elk Island y el Parque Nacional Wood Buffalo, en Alberta, y el Parque Nacional Príncipe Alberto, Saskatchewan. Asimismo, entre 2002 y 2009 se ha reintroducido en México, en dos lugares de Chihuahua: Rancho El Uno (Janos) y Cañón Santa Elena, y en Boquillas del Carmen, Coahuila. 

Actualmente la mayoría de los bisontes se explotan como ganado

La situación legal del bisonte americano es complicada. Debido a décadas de cruces con vacas domésticas, una parte significativa de los bisontes existentes es legalmente considerado ganado en muchos estados de la Unión. Por eso el bisonte no se encuentra incluido en ninguna lista internacional de especies protegidas o en peligro de extinción, ya que sería ilegal usar una especie listada para intereses comerciales. Paradójicamente, los bisontes que sobrevivieron a la gran matanza sólo goza de la protección que puede brindarle la del territorio en el que vive, si es un área protegida. En algunos Estados es legal cazar bisontes cuando las manadas son sometidas a “control” poblacional. Por ejemplo, la manada salvaje de Yellowstone cuando crece mucho, parte de sus ejemplares se sacan y se reintroducen en otros sitios, y parte se caza legalmente para que la manada no supere los límites del parque y extiendan enfermedades al ganado doméstico. 

Ganado bravo de bisontes

Por lo tanto, el grueso de los bisontes existentes forman parte de explotaciones parecidas al ganado bravo que tenemos en España, y cuya carne se comercializa normalmente en los EEUU, con el reclamo de ser una carne baja en grasa y en colesterol. 

La carne de bisonte se comercializa en los EEUU

El final de esta historia es, pues, agridulce. Dulce, porque finalmente el monarca de las praderas escapó al exterminio que se había diseñado para ellos. Agrio, porque buena parte de esos bisontes ya no son bisontes puros, y sobreviven únicamente porque los ganaderos obtienen un beneficio de ellos. Pero, aunque en muy poco número…aún quedan en Norteamérica bisontes puros corriendo libremente por las grandiosas praderas que una vez señorearon.

Comentarios

  1. Muy interesante el artículo. Es cierto que te deja un cierto sabor agridulce la situación actual. Como somos capaces de influir para bien o para mal en las demás especies.
    En Europa tenemos un problema legal parecido con el vacuno y el equino. No conozco exactamente la legislación, pero si se introducen ejemplares de razas autóctonas en la naturaleza para recuperar el papel ecológico de los desaparecidos uros y caballos salvajes, no dejan de ser considerados por las administraciones como ganado.
    A menos que cambie la legislación no podrían vagar libres en áreas naturales, solo en fincas privadas. Es una pena la verdad. Aunque creo que el gobierno de Euskadi si mantiene ejemplares de Betizu en régimen de semilibertad.
    Muchas gracias por tus artículos, un saludo

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    1. Así es, Ernesto. En España tenemos la nueva Ley de Biodiversidad que, al menos en teoría, permite la reintroducción de especies parecidas y que ocupan el mismo nicho ecológico que otras especies ya extinguidas. El bisonte europeo, el uro (reconstruido) y el tarpán (reconstruido), o el caballo de Przwalskii (que no deja de ser un caballo feral), pueden ser reintroducidos, y de hecho ya lo han sido pero de momento sólo en régimen de semilibertad en recintos privados. Para que pudieran ser auténticamente liberados hace falta una labor de educación ambiental muy fuerte, y un cambio de mentalidad social muy drástico para que los de siempre no cojan la escopeta y se líen a tiros. En eso estamos amigo mío.

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  2. Deberìas documentarte mejor si quieres mantener un blog que sea serio porque lo que logras es desinformaciòn. Ignoro tu corriente polìtica pero te puedo asegurar que "conservadora" no es sino populista de izquierda ya que tu discurso (copiado) va hacia perpetuar una mentira històrica y te haces eco. Te explico, presta atenciòn: los datos estimados de la existencia del bisonte americano calcula unos 70 millones de ejemplares con una tasa de reproducciòn de 500 mil nuevos individuos por año, asì mismo los reportes màs ostensos de individuos cazados pueden llegar a los 50 mil por año. Te lo pongo fàcil: puedes matar un millon de seres asì como tu dices, cada diez años sin que se reproduzcan porque si se reproducen, con todo y la matanza la manada crece ¿te queda claro? se necesitarian entre 70 y 100 años matando 10 mil individuos por año y sin que se reproduzcan para exterminarlos por la via de la caza, asì es que revisa el concepto de zoocidio. La causa fueron enfermedades epidèmicas derivadas del ganado de los granjeros afectado por enfermedades de las garrapatas como la ricketsiosis que diezmò casi la especie. Las bacterias, rectifica, no las balas. Acuèrdatre de H G. Wells (¿Lo habràs leìdo?)

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  3. Tienes alguna referencia bibliográfica referente a la distribución más al sur de la especie ( en territorio de México)?

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