Hijo del Viento: el caballo Árabe.

 Querida hija:

De entre las muchas razas equinas, sin duda la raza Árabe está considerada como la más antigua de todas, la más carismática, la más legendaria y la más prestigiosa. Nacida en los inhóspitos desiertos de Arabia, ha conquistado todo el mundo merced a su potentísima genética y a sus completísimas cualidades físicas y psíquicas. Pero también hay que reseñar que las modernas investigaciones en genética molecular han matizado un tanto muchos aspectos de esta leyenda. Ahora, ¡a correr como el viento!

El caballo Árabe es la raza equina más prestigiosa

Introducción y orígenes míticos.

Voy a empezar por explicarte algo que parece obvio, pero que en este desconcertante siglo XXI no lo es en absoluto para muchas personas: el caballo Árabe es un animal doméstico. Y como animal doméstico que es fue seleccionado por sus creadores, los beduinos de Arabia, porque les era útil para sus propósitos. Un animal doméstico se selecciona y se cría para aportar un servicio al humano que lo ha seleccionado y, como tal, se debe al humano y no a la Naturaleza, de la que no forma parte. La pregunta es: ¿para qué podían necesitar caballos los beduinos, si ya estaban bien servidos con los dromedarios?

En efecto, el dromedario es el animal clave (también domesticado) que permitió al ser humano poder vivir en el durísimo entorno de los desiertos. Su prolongada resistencia al hambre y a la sed le hacen insustituible para el transporte a largas distancias en los desiertos o en zonas muy áridas. Y, como tal, a los beduinos les servía. Pero en el caso concreto de los beduinos de Arabia y Siria (entendiendo como "Arabia" la Península Arábiga y "Siria" como el interior del Oriente Medio entre el Líbano y Persia) tenían una característica común: se trata de un pueblo nómada dividido en tribus frecuentemente enfrentadas entre sí y que se hacían la guerra.

Beduino a caballo, de Czeslaw Wasilewski


Por otro lado, no toda la zona de Arabia y Siria es un desierto. También hay regiones esteparias, sobre todo en su parte Norte, muy adecuadas para el galope de un caballo. El caballo se convirtió en un arma de guerra con la que unas tribus hacían la guerra contra otras, o planeaban acciones de saqueo conocidas como razzias. El dromedario nunca fue un animal demasiado adecuado para este tipo de guerras donde se requería velocidad. De ahí la importancia del caballo para los pueblos beduinos.

Pero usar la caballería en las áridas estepas y semidesiertos árabes no es exactamente lo mismo que en las verdes llanuras de Francia. La amplitud térmica es brutal, pasando de 50ºC por el día a -10ºC por la noche, y con una elevadísima insolación anual, poquísimas precipitaciones concentradas sólo en unos pocos días de la primavera y el otoño, y una tremenda sequedad atmosférica. 

Por eso, los beduinos realizaron una estricta selección artificial de sus caballos: necesitaban un caballo resistente y austero, que pudiera aguantar el calor, el frío, el hambre y la sed durante interminables recorridos por el desierto en busca de sus botines de guerra. Así, el escritor y diplomático francés François-René de Chateaubriand (1768 - 1848), durante su viaje a Palestina y Egipto en 1807 fue testigo de cómo los beduinos dejaban a los caballos al inmisericorde sol sin agua ni refugio y sólo les daban de beber una vez al día. Por otro lado, en una región donde apenas hay pastos para los caballos, éstos eran alimentados con dátiles y leche de camella.

Finalmente, los criadores beduinos solamente permitían reproducirse a aquellos caballos que demostraban resistir ese duro tratamiento y ese austero régimen alimenticio. El resultado fue una raza extraordinariamente resistente y dura, inteligente y muy unida psicológicamente a los humanos, con los que colabora sin fisuras, con una gran capacidad respiratoria lo que le confiere una resistencia en marcha no igualada por ninguna otra raza caballar. De hecho, los caballos Árabes son la raza más perfecta para las carreras de resistencia, donde esta raza no tiene competencia.

Paisaje del Nejd, la meseta central de Arabia donde se supone que nació el caballo Árabe

Se trata, además, de una raza "fundadora", es decir, que no desciende de ninguna otra raza conocida y, a su vez, sus extraordinarias condiciones la han hecho ser una raza "mejoradora" de otras razas equinas, aportando ese plus de resistencia y nobleza.

Por todo ello, el caballo Árabe se convirtió en la más preciada posesión de cada beduino, que incluso era admitido en la tienda beduina en pie de igualdad con la familia cuando había que darle refugio contra las tormentas de arena o protección contra los ladrones, cosa que el beduino jamás hacía con los dromedarios. Y, por supuesto, el robo de otros caballos era con frecuencia la principal razón para desatar razias contra tribus vecinas, para cruzarlos con sus yeguas y evitar así la consanguinidad.

Sobre todo el beduino apreciaba las yeguas por encima de los sementales, porque eran más silenciosas en las expediciones bélicas (no relinchan como los machos), y los meticulosos criadores beduinos consideraban que los linajes genéticos eran transmitidos por vía materna y no paterna. Por eso, el caballo Árabe como raza se considera dividido en linajes maternos que llevan el nombre de una yegua fundadora o del lugar geográfico donde este linaje se originó. Los caballos Árabes empezaron con el tiempo a ser regalados como una prueba de aprecio para cerrar tratos familiares y diplomáticos cada vez a mayor nivel, pero era extraordinario que una yegua fuera regalada por este motivo.

Orígenes legendarios del caballo Árabe:

Como puedes imaginarte al tratarse de un pueblo soñador y muy dado a la fabulación y la poesía como el beduino, sobre el origen de los caballos Árabes se cuentan varias leyendas:

Según la primera de ellas, se cuenta que Ismael (hijo de Abraham del cual descienden los pueblos árabes) capturó una yegua preñada a la que llamó Kokailán ("Antílope Negro"), y que ésta parió un potro que sería el primero de una serie de caballos excepcionales. Las cien estirpes que se originaron en Kokailán serían los caballos Árabes.

La segunda leyenda es más piadosa o teológica: según la creencia musulmana, el mismísimo Dios queriendo darle la felicidad al Hombre, ordenó que el viento del desierto se condensase en su mano y, soplando sobre él, creó un caballo bayo dorado que regaló a Ismael, el hijo de Abraham. Dios también bendijo al caballo profetizando que "volaría sin alas" y "vencería en la batalla sin sacar la espada". Sin duda, un auténtico Hijo del Viento.

Otra leyenda asegura que los caballos Árabes descienden de siete caballos que el Rey Salomón escogió de entre los 40.000 caballos de tiro y los 12.000 de monta que la Reina de Saba tenía en sus establos. Los siete linajes que originaron estos caballos llevaban los nombres de Kokeitán (muy parecido a la yegua Kokailán de Ismael), Menaki, Hedregi, Saklani, Gilfi, Hebdán y Trefi.

Las cinco líneas genéticas originadas en las Cinco Yeguas del Profeta


Según la tradición musulmana, finalmente, el mismo Profeta Mahoma era un gran aficionado a los caballos y un criador tan entusiasta de ellos que dejó dicho a sus discípulos que Dios reservaría el Paraíso a quienes cuidaran de los caballos.  Una vez Mahoma estaba cerca de un río con cien de sus yeguas, y pensó en realizar una selección para obtener los mejores caballos de batalla. Lo que hizo fue evitar que las yeguas bebieran agua hasta que la sed casi las enloqueció. 

Entonces las soltó para que fueran al río a beber agua pero antes de que llegasen, lanzó la llamada a la batalla. Sólo cinco de las yeguas obedecieron la llamada y acudieron junto al Profeta antes que saciar su sed. Estas cinco yeguas fundadoras de la raza Árabe tienen una enorme importancia: se llamaban Abbayan, Saglawiyah, Koailán, Hamdaniyah y Habdah, que han pasado a la Historia con el nombre de "Las Cinco del Profeta", y hoy día sus linajes siguen existiendo como parte de los principales linajes de caballos Árabes.

Pero basta ya de leyendas. Voy a hablarte ahora de los hechos comprobables.

Características y origen del Caballo Árabe.

Físicamente, el aspecto del caballo Árabe es inconfundible. La forma de la cabeza es muy característica, con un perfil cóncavo y una forma vista de frente triangular, con un hocico fino que se ha comparado más al de una gacela que al de un caballo. Los ojos son grandes, prominentes y bastante separados, a menudo muestra un ligero abultamiento en la frente denominado jibbah. El cuello es arqueado, no troncocónico como en la mayoría de caballos. La espalda es relativamente corta y la grupa relativamente plana y larga, llevando la cola de una forma característicamente alta.

Aspecto general de un caballo Árabe


El análisis del esqueleto del caballo Árabe revela unos huesos inusualmente densos, así como otras dos características que lo diferencian de los demás caballos: 5 vértebras lumbares en lugar de 6, lo que provoca ese acortamiento del conjunto espalda-grupa que te decía antes, y 17 pares de costillas en lugar de 18.

El caballo Árabe tiene la piel negra que en su patria de origen le servía para aguantar bien el inmisericorde sol del desierto, y las siguientes capas de pelo: bayo (marrón rojizo con crines y cola negros), gris, alazán (color que varía del marrón rojizo al marrón claro pero las crines y la cola del mismo color), negro (relativamente infrecuente en esta raza) y ruano (mezcla de pelos de color y blancos). El caballo Árabe nunca es blanco, siendo en realidad grises los caballos que parecen blancos. Existe, además, la capa "Sabina", que incluye áreas blancas en rodillas, corvejones, pecho, vientre, etc. Estas áreas manchadas, si son excesivas o demasiado amplias o aparecen en otras partes del cuerpo son motivo de sospecha de impureza en la raza.

Caballo Árabe de capa gris

Origen del caballo Árabe.

La domesticación del caballo salvaje (Equus ferus), hoy extinguido, es uno de los asuntos más difíciles de dilucidar. Como suele suceder en la mayoría de las especies domesticadas, no existió un único evento de domesticación asociado a un sólo lugar, sino que fue un proceso que afectó a una amplia área geográfica de Eurasia.

A finales del siglo XX y comienzos del XXI estuvo en boga la teoría de que el caballo salvaje estaba dividido en siete subespecies, y cada una de las cuales dio origen a distintas "razas" o tipologías de caballos domésticos, con lo que se proponían diversos eventos locales de domesticación. Así, el caballo Árabe descendería del caballo Afro-Túrquico (E. f. pumpelli), que estaría extendido por el Norte de África, Anatolia y las estepas de Uzbekistán y Kazajistán.

Mapa que muestra la zona geográfica donde se domesticó el caballo


Pero las modernas investigaciones moleculares y zooarqueológicas han determinado que el caballo pudo ser domesticado por primera vez en algún lugar de las estepas occidentales eurasiáticas, más concretamente hace unos 5.500 años en la Cultura Botai, en lo que hoy es Kazajistán. Si bien los estudios moleculares arrojan un único evento de domesticación para un reducido número de sementales, la expansión del caballo doméstico desde Kazajistán está mediatizada por continuos aportes de yeguas salvajes en las diversas áreas donde se iba expandiendo. Esa es la explicación que se ha encontrado en la elevada diversidad genética de líneas matrilineales en el caballo doméstico.

Originariamente la Península Arábiga no era un lugar habitado por el caballo salvaje, que seguramente sí merodeaba en la parte más norteña del Creciente Fértil. El caballo debió llegar a Arabia y Siria ya domesticado, y en Arabia existen pinturas rupestres y petroglifos datados durante la Edad del Bronce (2º Milenio AC) que muestran caballos asociados con carros, si bien no se descarta un evento de domesticación autóctono originado en la actual provincia saudí sudoriental de Asir hace 9.000 años, si bien esto aún está muy "verde".

Representación rupestre de un caballo en Arabia


¿Qué tipo de caballo sería éste caballo que había en Arabia hace 4.000 años? el análisis de las representaciones rupestres muestran una fisonomía similar al actual caballo Árabe en algunas características, lo que hace que los especialistas lo denominen proto-Árabe. Este caballo proto-Árabe sería un caballo de tipología Oriental, emparentado con los actuales caballos Bereber (norte de África), Ajal-Teke, Yamud (ambos de Turkmenistán), el extinto Turcomano y el Marwari indio. Las modernas investigaciones han determinado que hubo dos linajes extinguidos de caballos domésticos, uno ibérico y otro siberiano, y que los linajes Orientales son los que se han impuesto andando el tiempo, como indica la ilustración:

Los linajes orientales comprenden la mayoría de la genética del caballo doméstico


Se considera que, sometido este caballo proto-Árabe de tipología oriental a la severa selección beduina que te he explicado más arriba, hizo que la raza Árabe moderna cristalizara en el área del Nejd, la meseta central de Arabia, en torno a la época de la Islamización, sobre el siglo VII de Nuestra Era. Los criadores beduinos fueron los primeros, que se tenga constancia, de llevar registros genealógicos sobre éstos caballos, lo que modernamente se denominaría "pedigrí" o Stud book, pero con la particularidad de que estos registros eran orales, basados en la tradición y la memoria.

Precisamente con la fulgurante expansión del Imperio Islámico tuvo el mundo noticia y conocimiento de las extraordinarias cualidades guerreras del caballo Árabe, que fue uno de los factores del éxito militar de esta expansión musulmana. Se considera que fue durante las Cruzadas cuando los primeros caballos Árabes llegaron a Europa traídos desde Levante mediante comercio o regalos, pero no tuvo mucho éxito más que como caballo de representación, ya que la forma de combatir de entonces en Europa a base de caballeros cargados de hierro, exigía un caballo robusto, pesado y fuerte, y no grácil y veloz como era el Árabe.

Caballo Ájal - Teke, ejemplo de tipología de caballo Oriental


Sería en el Renacimiento, cuando la caballería ligera ya se estaba imponiendo en Europa, cuando los turcos llevaron caballos árabes en sus campañas militares en el corazón de Europa. Y los ejemplares que eran capturados por los europeos sí pudieron fundar las primeras yeguadas de caballos Árabes en Europa, concretamente en Hungría, Polonia y Rusia. De éstas, Polonia se convertiría con el tiempo en una de las mejores, que iría importando con regularidad caballos directamente de Arabia para reforzar la línea genética.

Pero no sería hasta los siglos XVII y XVIII cuando la introducción del caballo Árabe en Europa y luego en el mundo no se haría sistemática e imparable.

Historia moderna del caballo Árabe

Fueron los ingleses, inveterados amantes de los caballos, los primeros en importar de una forma "científica" y sistemática caballos Árabes en Europa. Si bien fue en 1616 cuando el Rey James I importó el primer semental Árabe, Markham Arabian, serían tres famosos sementales Árabes (aunque más adelante voy a puntualizar esto) los que, entre finales del siglo XVII y comienzos del XVIII los que fundasen nada menos que la raza Purasangre inglesa, caballos especializados en carreras de velocidad, al ser cruzados con yeguas inglesas. Son los siguientes:

-Byerley Turk (1680 - 1706): del cual, según el General Stud Book, sólo se sabe que era posesión del capitán del Ejército Byerley. Según la teoría más aceptada, este caballo debió ser capturado en el Sitio de Viena (1683) o en la Batalla de Buda (1686), al Ejército turco, y llevado a Inglaterra por el Duque de Berwick. Fundó una línea de notables campeones que puede ser rastreada hasta hoy, ya que los ingleses, a diferencia de los beduinos, sí llevaron un registro genealógico por escrito.

Byerley Turk


-Darley Arabian (nacido hacia 1700): este caballo fue comprado en Alepo (Siria) por Thomas Darley, que era el Cónsul inglés en Levante, y lo envió a Inglaterra en 1704. En 1722 ganó el prestigioso título de Leading Sire of Great Britain and Ireland, que se reserva al semental cuya descendencia haya ganado el mayor número de premios en carreras de caballos durante la temporada. Su descendiente Flying Childers (nacido en 1714) fue el primer campeón invicto que ganó la popularidad y la admiración del gran público.

Darley Arabian


-Godolphin Arabian (1724 - 1753): llamado así por su propietario más conocido, el 2º Conde de Godolphin. Nacido en Yemen, fue ofrecido como regalo por el Bey de Túnez al Rey Luis XV de Francia. Pero este Rey no apreciaba los caballos Árabes y acabó tirando de carros por las calles de París, donde fue descubierto y rescatado por Edward, Vizconde de Coke, quien lo envió a su yeguada en Derbyshire donde viviría hasta su muerte. Este notable semental ganó el título de Leading Sire nada menos que en tres ocasiones: en 1738, 1745 y 1747.

Godolphin Arabian

Estos tres sementales dieron origen al 95% de todos los Purasangre actuales.

Hacia 1800, los principales propietarios de caballos en Europa habían fundado yeguadas Árabes por todo el Continente. Una de las más prestigiosas fue la yeguada inglesa Crabbet Arabian Stud, fundada por la XV Baronesa Wentworth, Lady Ann Blunt y su marido Wilfred Blunt en su propiedad de Crabbet Park, Sussex. Aquí se criaron multitud de caballos que engrosaron yeguadas en Rusia, Polonia, Australia, Egipto y el continente americano. Incluso el caballo de batalla de Napoleón, Marengo, era un Árabe importado de Egipto en 1799.

Y hablando de Egipto. Si bien este país pertenecía nominalmente al Imperio Otomano, en la práctica era semi-independiente merced a la ambición y el poder del Virrey (de origen albanés) Muhammad Alí quien, precisamente por esta época estableció una yeguada Árabe para surtir a su Ejército de caballos de guerra. Esta yeguada egipcia perduraría en el tiempo a través de los sucesores de Alí, del periodo colonial británico y de la Monarquía Egipcia. Aquí se seleccionó una de las líneas genéticas más prestigiosas entre los criadores de caballos Árabes, denominada Straight Egyptian, y que se caracteriza por la pronunciada concavidad de la cabeza y ojos muy resaltados. Más adelante también comentaré un poco más este asunto.

En España, sería la Reina Isabel II la fundadora de la Yeguada Militar de Jerez de la Frontera en 1847, que se dedicó a la cría de caballos de Raza Andaluza y, mediante compra directa en Arabia de caballos, también de raza Árabe. Al cruzar estos caballos árabes con yeguas españolas, se dio origen al no menos famoso Caballo Hispano-Árabe. Esta Yeguada continúa existiendo hoy día.

La Yeguada Militar en la actualidad


Finalmente, el caballo Árabe acabaría también criándose en América, donde las potencias coloniales, España y Gran Bretaña lo introducirían a partir del siglo XVIII en forma sistemática.

Los modernos estudios moleculares

A pesar de toda la dilatada Historia que te he resumido, hija mía, los modernos estudios moleculares sobre el caballo Árabe han matizado algunas cosas que se daban por seguras. Aquí sigo el artículo Genome Diversity and the Origin of the Arabian Horse, de Elissa J. Cosgrove, Raheleh Sadeghi, Florencia Schlamp y Heather M. Holl.

Según este trabajo, y tal como cabía esperar, la mayor diversidad genética de la raza Árabe se encuentra en las muestras tomadas en Oriente Medio, mientras que las muestras pertenecientes a otros continentes muestran una pobre diversidad que indica que, en realidad, fueron relativamente pocos los caballos de pura raza Árabe que se llegaron a exportar fuera de Oriente Medio o, explicado en términos genéticos, las líneas genéticas extra-árabes se deben a un reducido número de animales fundadores.

La segunda conclusión es que la tradicional genealogía oral que llevaban los beduinos falló a menudo, dado que líneas consideradas tradicionalmente Árabes no poseían el ADN correspondiente a un verdadero origen Árabe. Y es normal que así suceda, ya que es muy complicado llevar de memoria registros genéticos que se remontan a cientos de años. Así, no era raro que se diera "gato por liebre", vendiendo por Árabes caballos que, en realidad, no lo eran. Pero no por mala fe, por supuesto, sino por conocimientos inadecuados por parte vendedora y compradora en una época en la que no había maneras científicas de verificar un linaje, y menos en criadores europeos para los cuales los caballos orientales eran bastante desconocidos.

Caballo Árabe con pronunciada concavidad facial


La tercera conclusión está relacionada con lo que te acabo de contar: ¿te acuerdas de Los Tres Sementales fundadores de la raza Purasangre inglesa?. Pues este estudio demuestra que la contribución genética Árabe en los Purasangre es mucho menor que la esperada. La conclusión es que, como mínimo, alguno de los tres fundadores no era un caballo Árabe. Y, en efecto, resultó ser Darley Arabian el infiltrado, puesto que su genoma parece tener origen en caballos Turcomanos, y no Árabes.

Es más, parece ser que existe introgresión genética de Purasangres en ciertas líneas Árabes, supuestamente para dar un plus de velocidad a un caballo que es fundamentalmente de resistencia. Lo curioso es que los estándares de la raza Árabe no permiten este tipo de cruzamientos, por lo que alguien, en algún momento, lo hizo ilegalmente...

Para terminar, vamos a volver al perfil cóncavo que ostenta la cabeza de un "auténtico" caballo Árabe. Si se examinan fotografías y grabados de caballos Árabes de finales del siglo XIX y principios del XX, se puede apreciar que esta concavidad está mucho menos pronunciada que hoy día. Parece ser una característica que se está seleccionando hoy día sobre todo el caballos destinados a exhibiciones no montadas. Y una de ellas es la línea Straight Egyptian de la que te hablaba antes. En efecto, el caballo Árabe padece problemas de endogamia derivadas de la obsesión de ciertos criadores por acentuar o exacerbar determinadas características externas que interesa hacer resaltar por su "arabidad". 

El caballo Árabe es un importantísimo patrimonio histórico y zootécnico


De hecho, los detractores de esta raza le achacan esa excesiva endogamia, con una alta incidencia de enfermedades hereditarias autosómicas recesivas, como la Inmunodeficiencia Severa Combinada, la Abiotrofía Cerebelar o la Epilepsia Equina Juvenil, entre otras.

Pero que estos datos no te hagan perder la admiración y el respeto por una raza equina que nació del viento y fue forjada en el Horno de Arabia para dar origen a un caballo de admirable belleza, inteligencia y resistencia.

MÚSICA RECOMENDADA: Maurice Jarre - Lawrence de Arabia


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