La peste bovina africana de 1890. Muerte y pestilencia.

Querida hija:

Entre 1890 y 1900, África fue azotada por una plaga de proporciones bíblicas. La peste bovina no sólo estuvo cerca de exterminar a todo el ganado vacuno, sino que provocó una catástrofe demográfica sin precedentes en un periodo de tiempo tan corto. De hecho, dejó a los africanos de rodillas e inermes ante las potencias colonizadoras europeas, que estaban precisamente entonces afilando sus cuchillos, ávidas de lanzarse sobre el desdichado continente. En 2011, la peste bovina se convirtió en la segunda enfermedad en ser erradicada de la faz de la Tierra, tras la viruela humana. En esta época de virus emergentes, quiero que conozcas esta terrible (y esperanzadora) historia.

Ganado muerto por peste bovina. África del Sur, 1896

Introducción. La peste bovina.

La peste bovina era una enfermedad infecciosa del ganado, provocada por un virus denominado RPV (RinderPest Virus), de la familia Paramyoxiviridae, y que afectaba fundamentalmente al ganado vacuno pero también en menor medida a cabras y ovejas, y asimismo a ungulados silvestres como la jirafa, el ñu, el alcélafo, el facóquero y varios antílopes.

Tenía un periodo de incubación de entre 8 y 15 días, y tras él, el animal presentaba síntomas como mucosidad en vías respiratorias y ojos, fiebre, erosiones orales, necrosis linfoide y una severa diarrea que terminaba con la muerte del animal por deshidratación. La mortalidad era elevadísima y alcanzaba prácticamente el 100% de los casos. Las vías de contagio eran aéreas, por lo que era fácilmente transmisible en los poblados rebaños en los que el contacto entre animales era estrecho, contacto con mucosidades de un animal enfermo y compartir la misma agua para beber.

Estructura del RPV. Veteriankey.com

El virus RPV está genéticamente muy relacionado con el virus del sarampión humano y el del moquillo canino, y de hecho los especialistas creen que el sarampión derivó de la peste bovina que "saltó" a los humanos y en ellos mutó hasta hacerse diferente. Un ejemplo más de cómo las zoonosis (enfermedades humanas de origen animal) nos han acompañado desde tiempos muy antiguos, pues se cree que la peste bovina se originó en Asia hace más de 5.000 años, desde donde se fue extendiendo a través de los movimientos del ganado perteneciente a los pueblos nómadas.

En Europa la peste bovina era conocida al menos desde el Imperio romano, y tuvo especialmente prevalencia en la parte centro-septentrional: las Islas Británicas, Países Bajos, Alemania, etc, donde se desataron enormes y largas panzootias durante todo el siglo XVIII. Los veterinarios intentaron varios tipos de vacunas obtenidas a partir de fluidos procedentes de vacas inmunizadas que habían sobrevivido a la peste, pero estas vacunas sólo lograban controlar la enfermedad a nivel local y durante tiempo limitado. 

Cuando se desataba un brote, la única manera efectiva de controlarlo era destruir no sólo los rebaños afectados, sino incluso los sanos a cierta distancia a la redonda para cortar la cadena de transmisión. Puedes imaginarte, entonces, el tremendo daño económico que suponía un brote de peste bovina, ya que el ganado no sólo proporcionaba carne, leche y cueros, sino que desde el punto de vista económico era un capital que creaba riqueza y modos de vida.

Episodio de peste bovina en los Países Bajos, siglo XVIII. Grabado de Jan Smit

Se supone que la peste bovina entró en África en repetidas ocasiones durante la Antigüedad y el Medievo, presumiblemente a través de Egipto, pero no tenemos documentación que lo corrobore. En cualquier caso, la peste no pasaba del país de los Faraones porque el Desierto Líbico, al oeste, y el Desierto de Nubia, al Sur, cortaban la expansión de la enfermedad.

La primera vez que tenemos constancia de la llegada de la peste bovina a África fue en 1841, cuando el virus llega al puerto egipcio de Alejandría en un cargamento de ganado importado de Rusia. Entre 1841 y 1846 el virus mostró su terrorífico poder: mató un millón de cabezas de ganado vacuno, que constituían el 90% de la cabaña egipcia, enfermedad que también padecieron las gacelas pero no los asnos ni las cabras. La escasez de leche se dejó sentir gravemente, y una residente británica en El Cairo relataba así lo que le contestó una vendedora:

"¿Leche? ¿de dónde? ¿la saco de mis pechos?"

Una vez más las barreras desérticas contuvieron la enfermedad dentro de Egipto, que volvió a sufrir otro brote entre 1864 y 1865. Esto sólo era un aperitivo de lo que le esperaba a África sólo unos años más tarde. Y el responsable del origen de la terrible panzootia (palabra que significa lo mismo que "pandemia", pero aplicado a enfermedades animales) fue el colonialismo italiano, que abrió al virus una puerta lateral.

Principales síntomas de la peste bovina

De modo que, si quieres entender cómo empezó todo, la primera pregunta que debes responder es: ¿qué se les había perdido a los italianos en África?

El gran desastre (1890 - 1900)

Italia había llegado cien años tarde a la carrera colonial por África entre otras razones por su propia tardía unificación en el Reino de Italia en 1861, pero estaba dispuesta a recuperar el terreno perdido. En el año 1869, la compañía naviera genovesa Rubattino compra el puerto eritreo de Asab a un sultán local. La empresa esperaba beneficiarse del previsible aumento del tráfico marítimo en el Mar Rojo suscitado por la apertura, ese mismo año, del Canal de Suez.

Los cálculos empresariales no debieron ser muy acertados porque durante los siguientes diez años el puerto permaneció muy infrautilizado, y finalmente convencieron al Gobierno italiano de que les comprase el puerto, cosa que se hizo en 1882. Inmediatamente, las autoridades italianas empezaron una serie de negociaciones de protectorado con varios sultanes somalíes. La idea era controlar el lado africano de la salida del Mar Rojo al Océano Índico, para chinchar a británicos y franceses, principales usuarios del Canal de Suez.

El Ejército colonial italiano en Eritrea trajo la peste bovina

En 1887 los ejércitos italianos se vuelven hacia el Oeste y conquistan el otro puerto importante de Eritrea, Massawa, y penetran en el interior para conquistar Asmara. La guerra con el vecino Imperio Etíope fue inevitable, ya que los etíopes consideraron entonces que los italianos se estaban metiendo en su propia esfera de influencia. La guerra terminó en 1889 con la victoria italiana, que en el Tratado de Wuchale se aseguró el reconocimiento etíope de la presencia italiana en Eritrea, que pudo proclamarse solemnemente como Colonia en 1890. Pero los ejércitos italianos llevaban, sin saberlo, un arma biológica que les facilitaría enormemente su penetración y asentamiento en el Cuerno de África: el virus de la peste bovina.

Se cree que fue precisamente en 1887 cuando los italianos importaron ganado vacuno procedente de India al puerto de Massawa para abastecer a su ejército. Y, al parecer, tres vacas de dicha partida estaban enfermas de peste bovina. La guerra ítalo-etíope fue el medio por el que el virus empezó a extenderse: se supone que los etíopes se incautaron de parte de dicho ganado en un ataque a Asmara. 

Batalla de Adowa. Guerra Ítalo-etíope (1896)

Empezó el Apocalipsis. En 1890 la peste bovina estaba ya firmemente establecida en Etiopía, y desde allí empezó una fulgurante expansión hacia el oeste a través del Sahel, llegando a Senegal en 1892. Pero también se expandió hacia el Sur, a ambos lados del Rift Valley: por Somalia hacia Kenia y Mozambique en el lado oriental, y por Uganda (donde también llega en 1890) durante los siguientes dos años a través de la región de los Grandes Lagos hasta llegar en 1892 a las orillas del Zambeze, gran río que detendría la expansión del virus durante cuatro años.

Entre 1887 y 1892 Dios abandonó a Etiopía.

La Gran Hambruna se desata en el Imperio Etíope exterminando a un tercio de la población humana. No sólo se trataba de que no hubiera carne o leche de vacuno, sino que no había bueyes para arar la tierra ni excrementos de vaca para abonarla. Al fallar las cosechas se desata el hambre generalizadamente. Y no sólo eso: la peste bovina diezma a los ungulados silvestres dejando a leones, hienas y leopardos sin presas. Los felinos aumentan los ataques a humanos, que también se devoran entre sí en episodios de canibalismo. El hambre y la miseria desatan otras enfermedades que se suman a lo que los desdichados etíopes ya están padeciendo.

Un poema etíope de 1890 nos transmite estos dos terroríficos versos:

"¿Por qué los campos están sin arar?

He venido de aquí y allá sin ver ni un solo buey"

La gente, desesperada, buscaba semillas en los excrementos de los animales, comía carne putrefacta de cualquier animal muerto que encontraba. Fue una catástrofe humana de primer orden. Lo sabemos todo sobre la Gran Hambruna de Irlanda entre 1845 y 1849, pero no sabemos nada de la Historia de África. O no queremos saber nada de ella, tal vez.

La guadaña de la Muerte segó dos tercios de la población Maasai en África oriental.

Para las sociedades tradicionales africanas, sus vacas lo son todo. Ganadero de Nigeria

Por todas partes se desarticulaba el modo de vida africano, para el cual las vacas lo son todo: son el capital económico y el símbolo de estatus social. Las dotes matrimoniales se pagaban en vacas, las ceremonias de iniciación consistían en beber la sangre de la vaca. Se aprovechaba la carne, la leche, los huesos, los excrementos eran combustible y revoco para las casas. De la vaca no se tiraba nada. Fue una catástrofe sanitaria, social, económica...

Y vinieron las consecuencias políticas: el Reino de Buganda (actual Uganda) quedó debilitado hasta el punto de que los británicos los conquistaron y sometieron a Protectorado en 1894, por ejemplo. En 1892, Sir Frederick Lugard, uno de los muñidores y conquistadores del Imperio Británico en África nos dio su testimonio directo: 

"No tenía evidencia de que la enfermedad hubiera atacado a la caza salvaje hasta que llegué al Sur del Lago Mweru. Aquí murieron grandes cantidades. En el momento de mi llegada en octubre de 1892, la plaga estaba en su apogeo, las bestias muertas o moribundas estaban por todas partes"

Al año siguiente, Lugard estaba en la tierra de los Maasai:

"Nunca antes en la memoria humana, o en la voz de la tradición, el ganado ha muerto en tales cantidades  y nunca antes la caza salvaje ha sufrido tanto"

La segunda ola: África Austral

En febrero de 1896, la plaga había conseguido cruzar al lado sur del Zambeze y se reportaron grandes cantidades de ganado y ungulados salvajes muertos.

Mapa de la expansión de la peste bovina africana

Ahora el virus se encontraba en una región del continente con mayor influencia y presencia europeas y había mejores caminos carreteros en los que las carretas y diligencias tiradas por bueyes eran el principal medio de transporte allá donde no se habían construido ferrocarriles aún, por lo que el virus se expandió a la gran velocidad de veinte millas por día: para comienzos de abril había llegado a Mafeking (a 500 millas al sur de Bulawayo, Rodesia del Sur, hoy Zimbabwe), e inmediatamente cruza el Limpopo diezmando los ganados de la República de Transvaal.

Vacas enfermas sacrificadas en Klipdan, África del Sur

La plaga llegaba en un momento de grave tensión política entre las repúblicas boer de Transvaal y Orange y las colonias británicas que lo circundaban: El Cabo y Rodesia, ya que éstos codiciaban los yacimientos de oro y diamantes de aquellos. De hecho, tres años más tarde estallaría la Guerra Anglo-Bóer. Pero también la tensión racial agravaba el problema: para los nativos de color, la plaga había sido introducida deliberadamente por los blancos para exterminarlos, mientras que para los blancos se trataba de una enfermedad del ganado de los "negros", que trataban de extender al de los blancos. Las acusaciones de este tipo no eran raras: si los etíopes acusaron a los italianos de haberles introducido la peste deliberadamente, a su vez dentro de Etiopía los oromo acusaban de lo mismo a los abisinios.

A pesar de los cordones sanitarios y los controles que se establecían, la plaga llega en Mayo a Vryburg, Colonia de El Cabo, y en Octubre a Kimberley. Las autoridades de la Colonia tomaron entonces una medida desesperada para frenar el virus: construyen una larguísima barrera de alambre de espino a lo largo de la orilla Sur del río Orange que prácticamente llega de costa a costa, con presencia policial a lo largo de la misma, y estrictos controles: no se permitía la entrada de ningún nativo, y sólo de europeos a condición de que se les desinfectara la ropa. Esta medida detuvo temporalmente la expansión de la enfermedad, pero una negligencia en uno de los controles provocó que el 24 de marzo de 1897 el virus apareciera al otro lado de la barrera, en Herschel.

Robert Koch (1843 - 1910)

Entonces llegó la hora de la Ciencia. El Gobierno de El Cabo había llamado al famoso médico alemán Robert Koch, quien había descubierto los bacilos causantes de la tuberculosis y del cólera, para investigar una manera de vencer a la peste. Koch siguió una línea de investigación basada en la creencia de los ganaderos locales de que la bilis de las vacas que había sobrevivido a la peste tenía propiedades inmunizadoras. Koch demuestra que así es y entre febrero de 1897 y finales de 1898 se inmuniza a dos millones de cabezas de ganado por este método. El último brote de peste bovina fue en la frontera entre Transvaal y Bechuanalandia en agosto de 1899.

La pesadilla había terminado. Había muerto entre el 85 y el 95% de toda la cabaña vacuna de África.

Todo un patrimonio zootécnico apenas conocido. ¿Quiénes son estas vacas africanas?

Las vacas indígenas africanas

Actualmente existen entre 150 y 180 razas vacunas africanas indígenas pero los especialistas prefieren no hablar de "razas" en el sentido occidental del término porque en África no ha habido hasta ahora estudios genéticos ni una política de definición, fomento y protección de razas como tales y prefieren hablar de "ecotipos" o morfotipos.

Llegados a este punto, quiero recordarte aquí el origen del ganado vacuno. Este data del uro (Bos primigenius), cuyas tres subespecies dieron origen a tres tipos de ganado diferente. La subespecie B. p. primigenius fue domesticada en Oriente Medio y dio origen al ganado taurino (B. taurus). En la India, la subespecie B. p. namadicus dio origen al ganado cebuino (B. indicus), caracterizado por su inconfundible joroba en la zona cérvico-escapular. La tercera subespecie, B. p. africanus, estaba distribuida por el Norte de África y es la menos conocida. Se cree que también fue domesticada en la zona sahariana, cuando aún era una zona de clima húmedo. Pero este uro africano no fue exactamente el origen del ganado vacuno en aquel continente.

Mapa que muestra el origen del ganado vacuno africano

El origen de las actuales vacas africanas se compone de varias líneas.

- La primera, y más antigua, de esas líneas la compone el ganado taurino que penetró en Egipto desde Oriente Medio hace entre 6.000 y 2.500 años. Se extendió hacia el Oeste y el Centro del continente a través del entonces Sahara húmedo. Primero se introdujo una variedad de "cuernos largos" y posteriormente una variedad de "cuernos cortos". Son más abundantes en África centro-occidental.

- La segunda es el ganado cebuino, y que constituye hoy la mayoría de las líneas de vacuno africano (sobre todo en el Sahel y África oriental), pero con una particularidad: si bien existe ganado taurino africano "puro", no existe ninguna línea de ganado cebuino africano "pura", existiendo en todas las líneas introgresión de ADN taurino. La llegada de los cebúes a África se produjo en dos oleadas. La primera, hace unos 2.000 años y se cree que entró a través del Cuerno de África, alcanzando su punto álgido en torno al siglo VII, cuando se establecen las relaciones comerciales entre Arabia y África oriental. La segunda oleada de ganado cebuino es muy reciente, y está formada por las importaciones que se hicieron tras la Peste de 1890 - 1900 para sustituir las cuantiosas pérdidas que produjo esta plaga (entre el 85 y el 95% de la cabaña ganadera africana.

Las siguientes dos líneas son híbridas:

- El ganado Sanga está formado por el cruce de ganado taurino indígena con ganado cebuino importado, y es el grupo mayoritario en África centro-meridional, y fue el ganado que acompañó la gran migración de pueblos bantúes desde su patria originaria entre Nigeria y Camerún, hacia África central y meridional, donde hoy constituye la cultura africana mayoritaria, desplazando a los cazadores-recolectores.

- El ganado Zenga está formado por el cruce de ganado Sanga con ganado cebuino

Algunas razas vacunas africanas actuales

El ganado vacuno indígena africano se caracteriza por su adaptación a las características africanas, para lo que han sido seleccionados y criados durante miles de años: resistencia al estrés hídrico provocado por una fuerte y larga estación seca, así como tolerancia hacia las tripanosomiasis (transmitidas por el protista Trypanosoma, que es transmitido por la mosca tsé-tsé, como características más importantes.

Se calcula que un 22% de estas razas están ya extinguidas, y un 32% en peligro de extinción. Todo un patrimonio del que te puedo destacar razas como la Ankole (Sanga), de larguísimos, espectaculares y robustos cuernos dirigidos hacia arriba, y capa rojiza, distribuida por la zona de los Grandes Lagos, la Nguni (Sanga) del Alto Veld sudafricano, la Kamba (cebú) de Kenia, denominada así (o Akamba) por ser posesión característica del pueblo Kamba. 

Vaca Ankole. Kiruhura, Uganda. Foto: Daniel Naudé

Etiopía es el país africano con mayor número de ganado vacuno, y nos presenta la raza Boran (cebú), adaptada a la sequedad de la meseta sureña del mismo nombre, y también presente en regiones limítrofes de Kenia y Somalia. El pueblo borana permite que los chotos se desplacen libremente dentro y fuera de las casas de cada aldea. Un ejemplo de raza africana taurina es la rara raza Lobi, de cuernos cortos, y presente sólo en una pequeña área fronteriza de Burkina Faso y Costa del Marfil. Su pequeño tamaño es engañoso: se trata de una raza fuerte y muy resistente. Una de las razas africanas más extendidas es la Fulani roja (Sanga), extendida por todo el Sahel desde Mali hasta Etiopía y de incierto origen: podría ser descendiente de cebúes de cuernos largos traídos por los árabes o bien resultado del cruce de cebúes de cuernos cortos con ganado hamita de origen en el Antiguo Egipto.

Ganado de raza Fulani roja

En fin, hija mía, este puñado de ejemplos te dan una idea de esa riqueza cultural que es el vacuno indígena africano, que hunde sus raíces en el origen mismo del ganado vacuno. 

Epílogo

Ya te he contado las gravísimas consecuencias sanitarias, humanas y culturales que la hecatombe de la peste bovina causó en África. Pero es que, además, hubo consecuencias ecológicas. También hubo una muerte masiva de ungulados silvestres, que normalmente mantienen los pastos a una altura corta, al irlos devorando. Pero al faltar tantos ungulados (incluido también el vacuno desaparecido), grandes extensiones de pastos acabaron transformándose en matorrales, y éstos favorecieron la expansión de la mosca tsé-tsé, que extendieron su tristemente famosa "enfermedad del sueño".

También te expliqué que hubo muchas acusaciones mutuas: los etíopes acusaban a los italianos, los oromo a los abisinios, los "bóers" a los "Kaffirs" (expresión despectiva que usaban hacia los nativos africanos), y viceversa. Pero lo cierto es que no hay evidencia ninguna de que la peste bovina haya sido usada como arma biológica deliberadamente en aquella desdichada ocasión, aunque es legítimo que los historiadores se lo pregunten y lo investiguen.

Mapa que muestra el año en que se reportó el último caso de peste bovina en cada país

Finalmente, fue Walter Plowright quien diseñó una vacuna verdaderamente efectiva entre 1956 y 1962. Armada con esta vacuna, la FAO lanzó una campaña mundial para la erradicación de la peste bovina a nivel mundial, con vacunaciones masivas. Sólo Sudán y Somalia tuvieron casos de peste bovina durante los años 1990, y el último caso oficialmente reportado se dio en Kenia en 2001. El 25 de mayo de 2011, la FAO proclamaba la erradicación de la peste bovina

Lo cierto es que el movimiento de virus y patógenos varios (humanos y animales) es inherente al propio movimiento de seres humanos, y esto sucede desde los albores de nuestra Humanidad, como bien saben los genetistas. Hoy sabemos que muchas de las enfermedades que conocemos "de toda la vida" tienen orígenes tan antiquísimos como movimientos de pueblos que, en el neolítico, llegaron desde Asia a Europa. Las consecuencias son a menudo devastadoras, pero no podemos señalar con el dedo a todo aquél que lleva un virus en su maleta. Lo estamos viendo a diario en esta pandemia de CoVid-19.

No parece lógico que, 500 años después del Descubrimiento de América, se siga reprochando a los españoles el hecho de que la viruela o la malaria hayan exterminado (involuntariamente) a millones de aborígenes americanos,  mientras que los anglosajones que esparcieron (también involuntariamente) la viruela en las Grandes Praderas de Norteamérica a comienzos del siglo XIX se van de rositas como si la cosa no fuera con ellos.

Monumento a Raffaele Rubattino. Génova, Italia

Ni parece tampoco lógico que se derriben estatuas de Cristóbal Colón mientras que la Universidad de Oxford decide mantener en su recinto la estatua de Cecil Rhodes, el Primer Ministro de la Colonia de El Cabo que edificó el Imperio británico en África austral sobre sangre, racismo, oro y diamantes, y máximo símbolo del supremacismo blanco.

Ni parece de recibo que el creador último del imperio colonial italiano, Raffaele Rubattino (sí, el propietario de la naviera que compró el puerto de Asab) siga riéndose de nosotros desde su estatua en plena Génova.

O "semos", o no "semos".

MÚSICA RECOMENDADA: James Horner - The four feathers


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