Cañas y barro. La Albufera, la fauna y el hombre.

Querida hija:

Los pasados días 5 y 6 de mayo tuve el gusto de participar en las I Jornadas de Meteorología y Medio Natural en La Albufera de Valencia, organizadas por La 8 Mediterráneo y con el apoyo de Visit Valencia (Valencia Turismo), donde nos reunimos un grupo de meteorólogos, periodistas y divulgadores para tomarle el pulso a este singular espacio natural situado sólo a 10 km de la ciudad de Valencia, y explorar sus posibilidades turísticas con la actualidad climática y faunística local como telón de fondo. Fue un programa apretado pero magníficamente organizado y ejecutado bajo la eficaz batuta de Antonio Pardo Merelo,  de La 8 Mediterráneo, y como resultado aquí tienes la crónica sobre este precioso lugar.

Una garza real volando sobre los redolins en La Albufera

Introducción: un poco de geografía e historia

La Albufera de Valencia es el máximo ejemplo en la Península Ibérica de un accidente geográfico denominado "laguna costera", y que en otros idiomas se denomina lagoon, étang, Haff y muchas otras denominaciones. "Albufera" viene del árabe al-Buhayra, que significa "El lago", y por eso este nombre se ha quedado en nuestro idioma, dada la fuerte presencia del árabe en las lenguas castellana y valenciana.

Originariamente La Albufera era un golfo del Mediterráneo que se fue cerrando desde el Pleistoceno por los aportes sedimentarios del río Turia, cuya desembocadura se encuentra inmediatamente al norte del lago, sedimentos que eran transportados por las corrientes dominantes del norte, y se fueron depositando formando un cordón litoral que acabó cerrando el golfo y formando un lago costero de agua dulce, cuyas aguas se alimentaban (y se siguen alimentando) del aporte de varias ramblas así como de manantiales de agua dulce que allí se denominan ullals ("ojos", en sentido hídrico, en lengua valenciana).

Formación de La Albufera

El proceso de antropización de este espacio natural empieza en la Edad Media, cuando los árabes introducen el cultivo del arroz, que encontró en las zonas pantanosas del marjal que rodea al lago una tierra propicia para este cultivo. Con el transcurso de los siglos, los arrozales han ganado terreno al lago, que tiene hoy una extensión bastante más reducida que originariamente. Pero el arrozal jamás destruyó al lago y logró establecer una simbiosis o un equilibrio ecológico entre su funcionamiento natural y las necesidades del cultivo.

Al tratarse de un espacio también rico en caza y en pesca, con la Conquista de Valencia por el rey Jaime I El Conquistador en 1238, la Corona aragonesa se auto-adjudica la propiedad de este espacio, si bien se otorgaban permisos de caza y pesca a terceros bajo determinadas condiciones. Todo esto cambia con la Revolución Burguesa, y en 1865 el Estado pasa a ser propietario de La Albufera, justo cuando el cultivo de arroz empieza a "industrializarse" y expandirse cada vez más. El arroz pasó a convertirse en un símbolo del agro valenciano junto con sus feraces huertas, y se estrecha la relación social y económica entre La Albufera y la gran capital mediterránea que es Valencia. 

Mapa del Parque Natural de La Albufera

Tan es así, que entre 1911 y 1927 la propiedad de La Albufera pasa gradualmente del Estado a la Ciudad de Valencia, propietario actual. En mi opinión, ni La Albufera se entiende sin la ciudad de Valencia, ni Valencia se puede entender sin La Albufera. Por eso los organizadores de las Jornadas, con buen criterio, incluyeron una visita previa a la Valencia histórica en la tarde del día 5, tras nuestra llegada en tren a Valencia y acomodarnos en nuestro alojamiento.

En nuestro recorrido por los principales monumentos del centro histórico de Valencia, pudimos entender que el Reino de Valencia alcanzó un gran esplendor económico en el siglo XV, basado en el comercio marítimo y la producción de seda (como pudimos ver en la magnífica Lonja gótica de la Seda), pero este esplendor económico, político y comercial no habría sido posible sin gozar Valencia de un abastecimiento robusto y abundante del arroz de La Albufera y las magníficas verduras de la Huerta, que pudimos admirar en el Mercado Central, un verdadero monumento a la feracidad de un cultivo hortícola cuyas raíces hay que buscarlas en el periodo árabe medieval. O, dicho en otras palabras, sin un sector agrícola fuerte y rico, es imposible fundamentar una riqueza en otros sectores económicos.

Pero con el tiempo, y un desarrollismo económico mal entendido, La Albufera entró en un proceso de deterioro ecológico que, por lo demás, fue común a toda España. El lago fue afectado por la contaminación generada por zonas industriales aledañas, lo que afectó gravemente a su ictiofauna (como te comentaré más adelante), el cultivo del arrozal y de las huertas que forman la corona más exterior de La Albufera abusaron de pesticidas y fertilizantes provocando la eutrofización del lago (su invasión por algas que tiñen sus aguas de color verde, e impiden la llegada de luz solar y producción de oxígeno).

Antonio Fillol: La recogida del arroz (1903)

Por si fuera poco, el turismo depredador de sol y playa que durante los años 1960 y 1970 devoró gran parte de la costa mediterránea pretendió edificar también en la Dehesa, la franja arenosa que separa el lago del mar, aunque finalmente con el comienzo del régimen democrático consiguió pararse aquel proyecto, y empezar una labor de restauración ambiental que hoy parece mentira lo que se ha conseguido. En 1986 se declaró La Albufera como Parque Natural y en 1987 se prohíbe la caza en el lago (no así en el marjal, como luego te voy a contar) y desde entonces la situación ecológica de La Albufera ha ido a mejor pero como te contaré en las conclusiones finales, todavía hay mucho por hacer en la completa recuperación de este espacio natural.

La fauna de un paisaje agrario y cultural

Con estos conceptos en la mente, el grupo nos pusimos en marcha hacia La Albufera en la mañana del día 6 de mayo. Nos dirigimos en dirección sur hacia el municipio de Silla, donde se encuentra un embarcadero que es punto de partida para navegar por el lago. Tras atravesar la huerta, justo en el embarcadero comienza el arrozal, cuyas parcelas ya estaban inundadas merced a las inusualmente fuertes lluvias que afectaron a la zona en los días pasados, y sobre la que reflexionaré en las conclusiones.

Embarcadero de Silla. Foto: Crónicas de Fauna

Allí nos recibieron los magníficos voluntarios de la Associació Vela Llatina de Silla, que nos iba a llevar a través del lago navegando en las barcas albuferencas, barcas de madera de 6 - 8 m de eslora y que arman una vela latina en un mástil que se denomina arbre ("árbol" en valenciano), y que son las únicas embarcaciones autorizadas a navegar por el lago además de las piraguas o canoas impulsadas a remo. Esta asociación mantiene viva la tradición y la cultura de la navegación en el lago.

El arrozal, primer entorno ecológico.

Emili Alba, su presidente, nos dirigió unas palabras introductoras y lo primero que nos dijo fue lo que yo ya sospechaba: La Albufera no es tanto un espacio natural (que también) como un paisaje agrario y cultural, en gran medida creación humana. En efecto, a finales del siglo XIX y comienzos del XX, se abrió una serie de accesos del lago al Mar, denominados golas en valenciano, controladas por compuertas de tal forma que se permite o no el paso del agua para atender a la inundación y el secado de los arrozales en función de su ciclo agrícola. El agua del lago se mantiene en circulación merced a canales y acequias y a una serie de motores (bombas) que mueven el agua en un sentido u otro según las necesidades.

Aspecto del arrozal cuando llegamos. Foto: Crónicas de Fauna

Así, el ciclo empieza en mayo con los arrozales secos y que van a ser preparados para la siembra. Como ya te he dicho, este año las lluvias inusuales y excesivas han inundado los campos antes de su preparación para la siembra, lo que va a retrasar todo el proceso. Pero en un año "normal" se inundarían luego los campos recogiéndose la cosecha en el mes de septiembre. Durante el invierno se vuelven a inundar los campos para la temporada de la caza (de anátidas, fundamentalmente) a la vez que reposan las tierras para la siguiente cosecha. Esta inundación invernal se denomina La Perelloná. En enero/febrero se realiza el "fangueo", un arado de los campos mezclándolos con paja de la última cosecha, y en marzo/abril se vacían los campos por completo para que el sol seque la tierra, iniciándose de nuevo el ciclo en mayo.

Este cultivo tradicional no es agresivo con la fauna, y es claramente un equivalente de la dehesa ibérica en el sentido de una explotación agrícola compatible con la fauna silvestre. Al inspeccionar los arrozales, pude observar abundancia de materia orgánica, alevines de peces en canales y acequias, y aunque es el periodo invernal el momento "fuerte" de la afluencia de aves invernantes procedentes del norte de Europa, pude ver claramente cómo el arrozal en esta época del año era un buen lugar de alimentación de aves zancudas, de hecho es su hábitat ideal aquí.

Huellas de aves en el barro del arrozal. Foto: Crónicas de Fauna

Así pude observar al morito común (Plegadis falcinellus), un ibis perteneciente a la familia Threskiornitidae, inconfundible con su pico largo, fino y curvado hacia abajo, y de un bonito color achocolatado. Se trata de un ave que se encuentra en expansión a nivel mundial, desde su feudo de las regiones tropicales del Viejo Mundo y que en La Albufera se reproduce desde 2011 y dispone de una población residente todo el año, y justo ahora va a empezar la puesta. En invierno se le une un nutrido contingente de ibis procedentes de Francia.

Morito común

También observé tres ardeidos (garzas): la garza real (Ardea cinerea), a la que observé no en el arrozal como las otras sino volando sobre el lago, también garcilla bueyera (Bubulcus ibis), también ave de gran expansión mundial como en el caso del morito, y que observé con la tonalidad ligeramente anaranjada que anuncia la época de cortejo, que justamente empieza en Mayo en nuestra Península. También tuve la suerte de observar, junto a las bueyeras, a una garcilla cangrejera (Ardeola ralloides), que cría en la región mediterránea (estaba con su bello plumaje nupcial anaranjado) y en septiembre/octubre nos dejará por la cálida África.

Garcilla cangrejera

Para cerrar el capítulo de aves que pude observar en el rato que estuve en el arrozal antes de embarcarnos hacia el lago, te haré notar una interesante aves que pude ver tanto en el arrozal como en el lago: el charrán común (Sterna hirundo), un ave notable, lárido, cuyos ejemplares que se reproducen en La Albufera invernan en las costas entre Mauritania y Ghana, y que nidifica en islotes de vegetación para alimentarse en el cercano mar. Fíjate entonces la importancia ecológica del lago litoral, pues ofrece importante refugio aunque no te alimentes justo en él.

Charrán común

En el mes de octubre se inundan los "vedados", que son los campos acotados donde se puede cazar. Los Ayuntamientos de Silla, Sueca y Cullera subastan los puestos de caza. Esta temporada de caza durará hasta enero, y fundamentalmente se cazan anátidas. No se trata de una caza "deportiva" sino una caza de aprovechamiento, dado que me han confirmado que las piezas cazadas se consumen, No existe aquí nada parecido a una finca cinegética ni al desperdicio de carne, por lo que estamos hablando de una caza local, que se aprovecha y que aprovecha unos terrenos que no son cinegéticos durante una época en la que la tierra descansa para el cultivo del arroz.

El lago y las islas, segundo y tercer entornos ecológicos

Acto seguido nos embarcamos en las barcas y seguimos el canal hasta desembocar en el lago, que surcamos contemplando la amplitud del paisaje acuático. Aquí la lámina de agua es continua, con una profundidad máxima de 1,5 metros, y donde aparecen islas de vegetación denominadas mates en valenciano, compuestas fundamentalmente de cañas. Es aquí donde se pueden observar la mayor parte de las aves anátidas, aunque en la zona donde estuvimos era el ánade real lo que más se observaba, 

Es el momento de hablar de la ictiofauna de La Albufera. La apertura de las golas que han comunicado el lago con el mar, junto con la contaminación que afectó al lago a mediados y finales del siglo XX supuso la desaparición y rarefacción de especies de ictiofauna originaria como el samarugo (Valencia hispanica), que sólo vive en algunos humedales costeros desde Cataluña a Alicante, y que en la Albufera subsiste únicamente en algunos ullals, su pariente el fartet (Aphanius iberus), otro ciprinodontiforme que en La Albufera llegó a ser exterminado pero ha sido reintroducido, igualmente le sucedió al espinoso (Gasterosteus aculeatus), llamado punxoset en valenciano.

Samarugo

Con la salinización progresiva del lago que siguió a la apertura de las golas (una salinización no excesiva pero sí notable) proliferaron en el lago especies de peces que van y vienen del mar, como la lubina o la lisa, ésta última especie la gran protagonista de la pesca profesional en el lago, además de presencia de especies introducidas en todas partes como la carpa o el lucio.

Mención aparte merece la anguila europea (Anguilla anguilla), de presencia tradicional en el lago y cuya pesca ha sido protagonista de platos típicos de la zona como el all i pebre, entre otros. La anguila ha sido uno de los peces perjudicados por la contaminación y se ha hecho muy rara si bien no ha desaparecido del lago. Me han asegurado que se sigue pescando en la zona, para un consumo privado. Al parecer, también hay suelta de anguilas de piscifactoría.

Sistema de redolins en La Albufera

Actualmente sólo existe una cofradía de pescadores profesionales en el lago, la de El Palmar (oficialmente desde 1858), que mantiene un sistema de pesca tradicional denominado redolins: se trata de una trampa acuática realizada con un laberinto de redes sostenidas por estacas de madera que sobresalen de la superficie. Esta pesca se realiza desde el 1 de octubre hasta el 30 de marzo, subastándose los puestos en los redolins para obtener las capturas correspondientes. También existe otra pesca tradicional, en la que el pescador se desplaza en su barca echando sus redes.

La Devesa, cuarto entorno ecológico

Desembarcamos en la Gola del Pujol, donde pudimos observar las grandes compuertas que regulan el paso del agua de La Albufera desde y hacia el cercano Mediterráneo. Aquí nos encontramos en el cordón litoral que separa el lago del mar, y que hoy constituye un ecosistema de maquis mediterráneo (vegetación arbustiva) con un pinar de gran porte, cuya presencia es posible gracias a que el maquis lo protege de los corrosivos vientos salinos del Mediterráneo.

La ornitóloga Yanina Maggiotto y dos miembros del grupo por la zona de pinar-maquis. Foto: Crónicas de Fauna

Aquí nos recogió la ornitóloga Yanina Maggiotto quien nos enseñó este ecosistema, y luego nos acercó hasta el Estany de Pujol, un pequeño lago litoral de gran importancia dado que en una islita de este lago, cubierta de maquis, se encontraba una colonia de cría de gaviota de Audouin (Ichthyhaetus audouniii), una gaviota cuyo 90% de población cría en la costa mediterránea española (con las principales colonias en el Delta del Ebro, el Puerto de Castellón y la Isla Grosa, además de las Columbretes y las Chafarinas). En esa misma isla pudimos observar una pareja de cigüeñuelas (Himantopus himantopus), y en la lámina de agua también charrancitos (Sternula albifrons) y, en una playa situada en el mismo Estany, un chorlitejo patinegro (Charadrius alexandrinus) nidificando.

Observando las aves en el Estany de Pujol. Foto: Crónicas de Fauna

Por cierto, me llamó mucho la atención que a pesar de tratarse de una zona vallada y bien señalizada por lo delicado de las especies que allí crían, los paseantes y excursionistas pasaban respetuosamente junto al Estany, y las aves continuaban su actividad como si tal cosa sin asustarse de la cercana presencia humana.

Finalizamos la jornada como no podía ser de otra manera en el preciso lugar donde surgió la paella valenciana: degustando una en un restaurante de El Palmar. Que yo soy el primero que me gusta salir al campo con mi bocata de pescado envuelto en papel de aluminio y sentirme el rey del mundo, pero dependiendo del lugar que estés visitando y el plan que lleves el "bicheo" no está reñido con disfrutar de la cultura, el arte y la gastronomía local y es bueno que las comunidades locales noten que la observación de fauna es una fuente de ingresos para ello, algo que todavía en España no acaba de asumirse.

Paella que despachamos en el Nou Racó de El Palmar

Precisamente durante la comida conversaba sobre este particular con la persona que Visit Valencia había asignado a nuestro grupo, Teresa Martínez. Ella me indicaba que La Albufera, por sus propias características, no es un lugar que pueda recibir un turismo masivo y estoy de acuerdo con ella, pero también hemos de reconocer que en Europa el llamado "turismo ornitológico" es algo de pequeño alcance en cuanto a número de practicantes pero de elevado impacto económico al tratarse normalmente de personas de elevado nivel cultural y económico, especialmente los que proceden del Norte de Europa. Todo es estudiarlo.

Conclusiones: ¿qué futuro le espera a La Albufera?

Lo bueno de estar rodeado de tantos ilustres meteorólogos y divulgadores, es que aprendí un montón de cosas sobre cómo afecta el calentamiento global a los micro-hábitats de la fauna silvestre, algo que no le prestamos atención pero que es muy grave. En primer lugar, está claro que el calentamiento global exacerba los fenómenos extremos, e incluso "extrema" fenómenos normales. Pocos días antes de nuestra llegada, Valencia fue anegada por fuertes lluvias. Todos los especialistas coincidieron en que fue un periodo excepcional: en muy pocos días cayó tanta lluvia como la que se esperaba para todo el mes de mayo, que fue el más lluvioso allí desde 1871.

Esto tuvo consecuencias: el nivel anormalmente alto de las aguas de La Albufera y el Estany de Pujol anegó islotes de vegetación que son usadas por las aves que llegan ahora de África para criar. Muchas no han podido establecer su nido y otras han muerto por inanición al no poder alimentarse en aguas inusualmente profundas para esta época del año, amén del trastorno que ha provocado en los arrozales, que deberían estar secos ahora para realizarse las labores de la tierra. Este tipo de cosas son las que luego diezman poblaciones enteras de algunas especies animales.

Foto de familia del grupo en el Embarcadero de Silla, con una barca albuferenca

Por otro lado, el calentamiento global provocará a medio y largo plazo un aumento en el nivel del mar, lo que se traducirá en un progresivo aumento de la salinización del agua y la capa freática, de imprevisibles consecuencias para el arroz y para la fauna, especialmente los peces autóctonos. Sin contar la presión a la que se van a ver sometidas las compuertas hidráulicas que regulan el paso de agua entre el mar y la Albufera en las golas.

AGRADECIMIENTOS:

Quiero dar las gracias a La 8 Mediterráneo y a Visit Valencia el que hayan confiado en mí para participar en estas inolvidables Jornadas, especialmente a Antonio Pardo Merelo, nuestro dedicado maestro de ceremonias, que supo transmitirnos la pasión que siente por su tierra valenciana, y también a sus compañeros Quique y María (nuestra camarógrafa).

Gracias también a la Associació de Vela Llatina de Silla por la agradable singladura que nos brindó por La Albufera, y las interesantes explicaciones que nos ofrecieron sus voluntarios (con su Presidente, Emili Alba a la cabeza) sobre la navegación a vela en las barcas albuferencas.

Quedo muy agradecido a la ornitóloga Yanina Maggiotto, que nos explicó con simpatía todo lo que sabía sobre las aves de La Albufera y el Estany de Pujol, a pesar de lo que la obligamos a esperar en el muelle con paciencia estoica a que llegáramos. También mi agradecimiento a Teresa Martínez, de Visit Valencia, por la parte más turística de las Jornadas.

Y por último, pero no menos importante, mi agradecimiento al eficiente y atento personal del Restaurante "M" de Valencia, y del Restaurante Nou Racó de El Palmar, por las exquisitas viandas y yantares con las que reconstruyeron nuestros maltrechos cuerpos tras el apretado programa de cada día.

¡Gracias a todos!

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