La reina de las razas (y II). El merino australiano.

Querida hija:

Hace tiempo te hablé de la legendaria oveja merina. Cómo hizo la fortuna de la Corona de Castilla y cómo esa gran riqueza lanera se desvaneció hasta desaparecer, incluso la propia raza estuvo en peligro de extinción. Pero me doy cuenta de que aquella crónica se quedó "a medias", porque en el mismo momento en que la legendaria industria lanera merina española desaparecía con estrépito, en el Hemisferio Sur se gestaba una nueva industria basada en aquellos mismos merinos que en España desaparecían. Gracias a las ovejas merinas, Australia se convirtió (y sigue siendo) en el principal productor de lana del mundo y forjó buena parte de la cultura rural de la isla-continente. ¿Por qué Australia triunfó donde España había fracasado?. Tengo que cerrar aquí y ahora este interrogante.

The Big Merino, la mayor escultura del mundo que representa una oveja. Nueva Gales del Sur, Australia

Introducción: de España a las Antípodas

Como recordarás en aquella crónica, España había detentado el monopolio de las ovejas merinas y de su magnífica lana hasta la llegada de la dinastía borbónica al poder en 1701. Los Borbones usaron las ovejas merinas de la misma manera que la República Popular China usa los pandas: regalándolas a otros gobernantes para cerrar acuerdos políticos y para mostrar buena voluntad y amistad. Así, se regalaron merinos a Suecia (1723), a Sajonia (1765), a Hungría (1775) y en 1786 a Prusia y a Francia, entre otras naciones europeas. Por su parte, nuestro archienemigo Gran Bretaña supo obtener merinos españoles a través de terceros países más o menos por la misma época.

Estos países, en general, no se conformaron con criar y mantener estos merinos tal como España se los había regalado sino que iniciaron investigaciones para mejorar la raza mediante la producción de lanas cada vez más finas (y, por tanto, más valiosas y caras). De esta manera se originaron líneas genéticas de merino que se irían separando cada vez más del merino tal como se criaba en España.

Quiero hablarte ahora especialmente de lo que se hizo en el Electorado de Sajonia, pues aquí consiguieron una línea genética de merino tan perfecta y que producía una lana tan fina que rápidamente este principado alemán se puso a la cabeza europea y mundial en producción de lana de la máxima calidad. Y este merino sajón tendrá una gran importancia en la posterior conformación del merino australiano.

Ovejas merino sajón en el Condado de Ohio, Virginia Occidental, EEUU

Durante la Guerra de los Siete Años (1756 - 1763), Sajonia había sido derrotada por lo que tras la guerra buscó recuperar su economía. El Elector Federico Augusto III era menor de edad y el Administrador del Electorado era a la sazón un primo de Carlos III, el príncipe Francisco Javier, quien solicitó a nuestro Rey le vendiera un rebaño de ovejas merinas, aunque su real primo lo que hizo fue regalárselo en 1765: 92 carneros y 128 hembras que fueron embarcados en Cádiz rumbo a Hamburgo y de ahí por tierra hasta Sajonia. La experiencia fue tan positiva que Sajonia compra a España otro cargamento de 100 carneros y 176 hembras en 1778. Se seleccionaron y cruzaron los ejemplares de lana más fina (que ya era de por sí fina) de los dos rebaños y se obtuvo una maravillosa lana que los ingleses denominaron "lana electoral", que alcanzaba en 1787 elevados precios en el mercado.

No sólo fue el Estado sajón quien criaba a las merinas sino que se establecieron granjas privadas donde también se realizaban juiciosos cruces para mejorar aún más lo que ya era de máxima calidad. Tras las guerras napoleónicas, en 1815 Sajonia compró 200 merinos españoles de Piamonte para cruzarlos con madres "electorales" y en 1824 se obtiene la crème de la crème: una lana denominada "Súper Elekta" que se cotizaba a entre 293 y 330 táleros el quintal, un precio astronómico. Se había conformado el llamado "Merino Sajón" mientras que, en España, la invasión napoleónica y la Guerra de la Independencia había arruinado por completo la cabaña merina originaria.

Australia entra en escena

Aquí debo empezar reconociendo un error que, inexplicablemente, se me deslizó en la primera crónica sobre la oveja merina: te dije que los primeros merinos llegaron a Australia en la Primera Flota colonizadora, la de 1788. No fue así. En la Primera Flota llegaron 70 ovejas inglesas de la variedad "cola gruesa" en principio para carne. El problema es que estas ovejas no se adaptaron al pasto australiano (que jamás había soportado herbívoros placentarios) y empezaron a morir como moscas. Unos meses después, sólo quedaba un cordero y 28 ovejas del cargamento originario.

La hora del merino llegaría casi diez años después: en 1797 el Gobernador de la colonia de Nueva Gales del Sur, King, con sus socios el coronel Patterson, el capitán Waterhouse y el teniente William Kent compraron un rebaño de 26 ovejas merinas que había en la colonia de El Cabo, que Gran Bretaña controlaba desde hacía dos años antes. ¿Por qué había ovejas merinas en el último rincón de África?

Retrato de John Macarthur. Biblioteca Estatal de Nueva Gales del Sur

Pues porque las ovejas se las había regalado Carlos III al Príncipe Guillermo de Orange quien, en 1789, envió dos carneros y cuatro ovejas a la entonces todavía colonia holandesa de El Cabo para criarlas allí bajo los cuidados del coronel Robert Jacob Gordon. Los animales originarios fueron devueltos a Holanda en 1791 por orden del Príncipe, pero Gordon se quedó con su descendencia en El Cabo, ovejas que heredó su mujer cuando murió Gordon. La viuda vende entonces estas ovejas merinas a Waterhouse y Kent por 4 libras por cabeza. Las 26 ovejas fueron divididas en dos barcos, el HMS Reliance y el Supply, que tuvieron un accidentado viaje de regreso a Australia durante el cual la mitad del rebaño murió.

Waterhouse crió las merinas supervivientes en su finca The Vineyard, 140 acres junto al Río Parramatta, que riega la zona del actual Sydney (entonces Port Jackson). Sólo permitió que las merinas se reprodujeran entre ellas, sin mezclarse con otros tipos de ovejas. Conforme el rebaño fue aumentando de tamaño, Waterhouse distribuyó ejemplares entre su camarilla de amigotes (todos ellos ocupaban cargos en la naciente Colonia de Nueva Gales del Sur): el reverendo Samuel Marsden, el teniente Kent, el capitán Thomas Rowley y un personaje turbio del que luego te hablaré: el capitán John Macarthur.

En 1800 Waterhouse regresa definitivamente a Gran Bretaña, William Cox compra la mayor parte del rebaño (incluyendo algunas de las merinas originarias que trajo de El Cabo), quedándose el resto de nuevo John Macarthur. Este personaje fue el auténtico fundador de la industria lanera australiana.

Forjando el merino australiano

El capitán Macarthur era lo que hoy llamaríamos un funcionario corrupto. Llegado a Nueva Gales del Sur con la Segunda Flota en 1790, pronto logró posiciones clave como la de pagador del Regimiento e Inspector de Obras Públicas de la colonia. Desde estos puestos maniobró para lucrarse con el contrabando ilegal de ron y teniendo acceso particular al trabajo de los convictos. Logró así una finca de 100 acres en Parramatta, denominada "Elizabeth Farm", en honor a su esposa. En 1808 estuvo implicado en la "rebelión del ron" contra el Gobernador Bligh, quien quiso poner fin a este comercio y por eso estuvo yendo y viniendo a Inglaterra para responder a las diversas acusaciones.

Joseph Lycett  - Elizabeth Farm (1825)

El primer periodo en el que Macarthur estuvo "huido" en Inglaterra duró de 1801 a 1805. Mientras tanto, su esposa cuidaba de sus ovejas merinas en la finca. Aparte de responder ante las acusaciones que se le hacían, Macarthur llevó muestras de la lana de sus merinas al Comité de Fabricantes para demostrar que tenía la misma calidad que el merino español, y maniobró para que se le concedieran 10.000 acres de "tierra sin ocupar" en Nueva Gales del Sur. Claro, tierra sin ocupar porque previamente habían echado a los aborígenes y despojado de sus tierras, que todo hay que decirlo. Además, compró nueve carneros y una oveja pertenecientes al rebaño real de New Gardens. Compró el barco Argo con el que regresó a Nueva Gales del Sur llevando sus nuevos merinos ingleses.

En 1807 Macarthur logró un hito: la primera bala de lana australiana se vendió en Inglaterra: fue subastada en el Café Garraway (donde entonces se realizaban estas transacciones) de Londres por el precio de 10 chelines y 1 penique la libra de lana. Justo entonces el mercado mundial de la lana empezaba a afectarse por las guerras napoleónicas: al provocar escasez de producto y debido al Bloqueo Continental, Inglaterra necesitaba proveedores de lana para su industria textil, y ahí apareció la colonia australiana para suministrar esa lana de merino de la mejor calidad. Justo en el mismo momento en el que las tropas francesas iban a destruir la infraestructura española del merino. Ahí nació la supremacía australiana basada en el merino.

Hacia 1813 los colonos superan la barrera geográfica de las Montañas Azules, detrás de Sydney, y las ovejas empiezan a desparramarse en las fértiles planicies del Murray-Darling: había entonces 33.000 ovejas en la colonia y el primer cargamento comercial de lana llega a Inglaterra, donde se venderá por 8.000 libras esterlinas.

Macarthur tuvo su segundo "exilio" en Inglaterra entre 1809 y 1817, dejando una vez más su "imperio" lanero al cuidado de su esposa. Esta vez apuntó más alto aún y en 1812 realiza la primera importación de merino sajón a Australia. Y ya sabes lo que suponía esta línea genética: la lana de la mejor calidad posible. A su definitivo regreso a Australia, consolida su imperio exportando ya 68.000 kg de lana a Inglaterra en 1822, y para 1823 se realiza en Australia la primera Feria del Ovino. Ya no había marcha atrás para una industria que iría a más. En aquella década Australia importó otros 5.000 merinos procedentes de Europa y África del Sur.

Sello conmemorativo del centenario de John Macarthur (1934)

Como es lógico, hubo más ganaderos privados que aportaron su contribución a la forja del llamado "merino australiano" (del que te hablaré más adelante). Como Eliza Furlong, una escocesa que perdió a todos sus hijos excepto dos de tuberculosis, y juró que conseguiría que sobrevivieran emigrando al clima más sano de Australia. Pero antes de ello, entre 1828 y 1830 recorrió 2.400 km en Prusia y Sajonia seleccionando los mejores merinos sajones para llevarse a Australia, mientras sus hijos lo aprendían todo sobre el negocio de la lana. En 1831 se estableció en Tasmania con su familia, fundando el rancho ovejero de Kenilworth con sus ovejas merinas sajonas, parte de las cuales había enviado por adelantado en 1829. Eliza y sus hijos se convirtieron en otra de las fundadoras de la industria lanera australiana.

Como resultado, en 1830 había ya dos millones de ovejas en Australia y en 1836 supera ya a Alemania como productora de lana de calidad. Incluso los alemanes empiezan a importar lana australiana hacia 1845.  En 1841, John Murray desde su rancho de Mount Crawford (Australia Meridional) cruza ovejas de procedencia Camden Park (propiedad de Macarthur) con carneros procedentes de Tasmania (de Eliza Furlong), obteniendo una línea genética de la que se nutrirán muchos ranchos en la nueva colonia de Australia Meridional, que había sido fundada en 1836. Finalmente, la era de los pioneros llega a su culminación hacia 1860, cuando los hermanos Pippin cruzan carneros importados de tipo Rambouillet (véase mi la primera parte de la crónica) con ovejas sajonas para obtener un merino más resistente.

Monumento a Eliza Furlong. Campbell Town, Tasmania

En general, la selección realizada por los ganaderos australianos buscaba líneas genéticas que se fueran adaptando a los diferentes climas del novísimo continente, pues no tenían nada que ver el lluvioso clima de Tasmania con el semiárido de Australia meridional u occidental, si bien el ganado ovino jamás penetró en el outback como tal. No obstante, se consiguió como rasgo común un merino mucho más grande que el europeo originario, capaz de producir diez veces más cantidad de vellón que el merino español ancestral. La lana obtenida era más fina, más densamente rizada, fuerte, limpia y elástica, completamente apta para la industria textil europea, que estaba en pleno esplendor de la Revolución Industrial.

Hacia 1870 Australia se convierte en el primer productor mundial de lana, puesto del que nunca ha bajado, aunque no siempre la lana ha sido el principal renglón exportador australiano, superada por el oro durante la fiebre del oro de 1851, y por ejemplo hoy día ocupa el puesto 18 en renglones de exportación, encabezados por el mineral de hierro y el carbón. Pero al menos hasta la Primera Guerra Mundial, la lana fue la protagonista absoluta de las exportaciones australianas.

Tiempos modernos

Pero el desastre iba a golpear duramente esta floreciente industria. La Sequía de la Federación (1895 - 1902) devastó el país en una de las calamidades climáticas más graves desde la ocupación europea del continente hasta ese momento. Si en 1892 la cabaña merina de Australia era de nada menos que 106 millones de cabezas, en 1902 había caído hasta 54 millones. Una aterradora reducción de casi la mitad de los efectivos. ¿Qué había pasado?

Samuel Calvert. La sequía. Ovejas en el lecho seco de un río

La década de 1880 y comienzos de 1890 fue más húmeda de lo normal en Australia, lo que favoreció la expansión ganadera hacia áreas cada vez más interiores del outback que eran normalmente áridas. La expansión del ferrocarril y de la financiación bancaria favoreció esta ampliación del territorio ocupado por las ovejas, que alcanzó en líneas generales el territorio que hoy se considera más o menos "ovejero": el tercio occidental de Australia occidental, todo el Sureste del continente y la franja interior intermedia de Queensland.

Pero en 1859 los señoritos victorianos habían introducido en Australia el conejo europeo para poder pegarles tiros, y sin depredadores naturales el conejo se convirtió en una plaga bíblica. Los conejos devastaron cantidades inmensas de vegetación autóctona que no había co-evolucionado con el conejo y estas plantas morían sin remedio. Australia es el continente más seco del mundo, y las sequías son allí naturales y recurrentes. La fauna autóctona, los aborígenes y la flora autóctona están acostumbradas a las sequías, han evolucionado para adaptarse a ellas y sobrevivir hasta el siguiente periodo húmedo.

Pero la enorme sequía que empezó hacia 1894 fue agravada por las prácticas anti-ecológicas que habían introducido los colonos anglosajones: la expansión ganadera había esquilmado ya mucha de la frágil vegetación de las zonas semiáridas, y los pozos de agua que habían sido abiertos por doquier ya no daban para más, además del Apocalipsis vegetal que habían provocado los conejos introducidos. Ésa fue la causa real del desastre sufrido por la cabaña merina australiana. La Gran Sequía únicamente fue la gota que colmó el vaso. La pieza de dominó que inició el derrumbe generalizado y una advertencia muy seria de lo que sucede cuando el ser humano realiza prácticas agropecuarias de espaldas a la climatología, la hidrología y la vegetación de un lugar dado.

Lecho seco del río Murray. Nyall, Nueva Gales del Sur

Como buen ejemplo de capitalismo salvaje, en la Australia de la época no se implementaron ayudas de ningún tipo para paliar los daños que la sequía causó a los ganaderos. Sálvese quien pueda. Las enormes propiedades ganaderas (muchas de ellas eran tierras de la Corona que habían sido ocupadas ilegalmente por ganaderos avispados) se hundían según los bancos ejecutaban hipotecas y préstamos impagados. El ganado moría literalmente de hambre y sed.

Lo único que hicieron las autoridades fueron rogativas: el 26 de febrero de 1902, el año más terrible de la sequía, el año en que Dios olvidó a Australia, el Gobierno de Nueva Gales del Sur declaró día festivo y dedicado a Jornada de Oración por el fin de la sequía. Irónico. La Australia protestante y masónica acabó recurriendo a las mismas prácticas idólatras y supersticiosas de las que acusaba con suficiencia a los "papistas católicos": las procesiones y las rogativas. En fin, debe ser el karma porque el caso es que funcionó. Ese mismo año terminó la sequía. Interprétalo como tú quieras.

Pero la Primera Guerra Mundial "tiró" de precios y demanda y la lana australiana volvió al esplendor. En 1926 la cabaña merina recupera el número de ejemplares de antes de la Sequía, y la prosperidad lanera australiana se prolongaría a través de la Segunda Guerra Mundial (la demanda fue fantástica para confeccionar uniformes militares). En 1950 se decía que "Australia cabalgaba a lomos de las ovejas" y en 1969 se alcanza la recolecta récord de 926 millones de kilos de lana en bruto.

Carnero merino campeón en una exhibición. Sydney, 1905

Sin embargo es ley del Capitalismo: todo lo que sube tiene que bajar, y a partir de 1970 con el auge de las fibras sintéticas la industria de la lana australiana se hunde hasta el punto de necesitar subvenciones públicas en la década de 1990. No obstante, la Australia de finales del siglo XX ya era muy diferente, mucho menos dependiente del sector ganadero y con un mayor peso de los sectores minero y tecnológico. Ni siquiera la Gran Sequía del Milenio (2000 - 2010) supuso una catástrofe similar a la Sequía de la Federación de un siglo antes.

La industria lanera australiana se ha recuperado pero también se ha transformado. En parte, han surgido empresas australianas que transforman la lana australiana en productos "premium" o al menos de alto valor añadido, cosa que antes no se hacía. Y por otro lado, las exportaciones de lana se han redirigido ahora a los países asiáticos, donde hoy se encuentra el auge de la industria textil. Una industria textil, todo hay que decirlo, que arruinó a la industria europea a base de bajos salarios, explotación laboral y negación de derechos a los trabajadores. Pero eso no causa, por lo visto, remordimientos de conciencia a los exportadores australianos, que siguen surtiendo de la mejor lana del mundo a los "talleres del sudor" asiáticos, donde la esclavitud está a la orden del día.

Carneros merinos australianos

Hoy, aunque la cabaña ovejera australiana es sólo el 10% del total mundial, Australia sigue siendo el primer productor y exportador mundial de lana merina, con más del 50% del total.

Un icono australiano: el esquilador.

La ganadería tradicional ha generado tipos antropológicos en muchos países, que se han convertido en iconos del mundo rural, y que en determinados países su figura ha trascendido hasta hacerse incluso legendaria y depositaria de unas supuestas "virtudes nacionales". Así, el cowboy (vaquero) estadounidense, el gaucho argentino/uruguayo/brasileño o, en Australia, el esquilador (shearer).

En un país que ha vivido durante 150 años de la exportación de la mejor lana del mundo, el esquilador se convirtió en una figura clave en este negocio. Normalmente inmigrantes al principio, formaban cuadrillas itinerantes que recorrían las zonas ovejeras para esquilar las ovejas de los propietarios, bajo un precio pactado por día de trabajo (que en los primeros tiempos oscilaba entre los 17 y los 20 chelines). Era un rudo mundo masculino, muy competitivo, que ayudó a forjar la imagen del australiano "machote" y rural (que, por supuesto, puede o no corresponder con la realidad).

Esquilando las ovejas, Tom Roberts (1890)

Inicialmente el esquilador realizaba su trabajo armado de unas tijeras de mano (esquila, en español, shear, en inglés). El primer registro de "récord" de ovejas esquiladas en un día corresponde a 1835 cuando un tal Tome Merely esquiló 35 ovejas en una jornada. Un esquilador experimentado podía perfectamente esquilar una oveja merina en menos de un minuto, e incluso en menos de cuarenta segundos. Pero las innovaciones técnicas acortaron tiempos y optimizaron la cantidad de ovejas esquiladas. A mediados del siglo XIX ya se habían desarrollado unas tijeras mecánicas que, si bien aún eran manejadas y accionadas a mano, disminuían mucho el esfuerzo que el esquilador tenía que realizar para esquilar las ovejas.

El gran reto tecnológico, sin embargo, era desarrollar una verdadera máquina de esquilar. Fue James Higham, en Melbourne, el primero en desarrollar una máquina esquiladora en 1868. El principio de esta máquina era una tijera mecánica accionada por una fuente externa de energía, en la que el esquilador sólo tenía que dirigir el corte, y no realizar esfuerzo alguno con la mano. En 1882, Jack Gray fue el primer esquilador en esquilar una oveja usando por completo una máquina.

Pero sería Frederick Wolsey quien le dio una vuelta de tuerca a la máquina de esquilar desarrollando en 1884 la máquina que se convertiría en estándar y base de las modernizaciones posteriores (que se usan hoy día): la tijera mecánica estaba unida mediante un fino brazo mecánico a un motor externo que estaba montado sobre ruedas de tal forma que se podía mover todo el conjunto con gran libertad. Wolsey era un inmigrante irlandés que llega a Australia en 1854 para trabajar como jackaroo (aprendiz/chico para todo) en una explotación ovejera.

Máquina de esquilar de Wolsey

Pero las tijeras tradicionales no estaban muertas y el récord de ovejas esquiladas en un solo día pasó a manos de Jack Howe, quien en 1892 logró en Alice Downs (Queensland) esquilar nada menos que 321 ovejas en 7 horas y 40 minutos usando las tijeras tradicionales. Howe era un gigantón excepcional, y su récord no logró ser superado por fin por una máquina esquiladora hasta 1949, cuando Dan Cooper esquiló 325 ovejas en un solo día. El récord de Howe sigue hoy día invicto para tijeras tradicionales manuales. Howe también estableció el primer récord obtenido con tijeras mecánicas en octubre de 1892, con 237 ovejas esquiladas en un día. Estas tijeras están hoy depositadas en el Museo Nacional de Australia.

Los esquiladores estuvieron a la vanguardia del movimiento obrero australiano, ya que se trataba de un sector muy sindicalizado desde su nacimiento. La huelga de seis meses en Queensland que declararon en 1891 se considera un hito fundacional del Partido Laborista Australiano. El legendario esquilador Jack Howe llegaría a hacer carrera política entre los laboristas, por ejemplo.

Esquiladores australianos del siglo XIX

Como te dije antes, se trata de una actividad muy competitiva, imposible evitar el hecho de que los esquiladores compitan entre sí a ver quién es más rápido o quién esquila más ovejas en una jornada, por lo que ya en 1890 se registra el primer concurso de esquiladores en Australia, en Euroa, Victoria. Hoy día hay todo tipo de concursos de esquila, y el más importante de ellos a nivel mundial es el Tijeras de Oro, que se celebra en Nueva Zelanda desde 1960, y en el que hay varias categorías.

Las mujeres, por supuesto, son tan buenas esquiladoras como el que más, y por ejemplo en los primeros tiempos de la industria lanera en Australia Meridional, las esquiladoras eran mujeres inmigrantes procedentes de Alemania. Hoy día el récord femenino de esquila está nada menos que en ¡661 ovejas en un día!, récord que ostenta la neocelandesa Meghan Whitehead, mientras que el récord masculino y mundial absoluto lo ostenta el británico Stuart Connor, quien esquiló 872 ovejas en un día en 2021. En Australia existe incluso un Salón de la Fama de los Esquiladores.

Meghan Whitehead, campeona y plusmarquista femenina de esquiladoras

Para ilustrarte el nivel de frikismo que puede haber en Australia con el tema de la oveja merina, te diré que la mayor escultura del mundo que representa un carnero merino está en Goulburn, Nueva Gales del Sur, una estructura de hormigón que alcanza los 15 metros de altura. 

Y para terminar, quiero hablarte de una historia de final feliz, que ilustra a la perfección el idilio entre la oveja merina y Australia. En 2015 unos caminantes informaron a las autoridades de una oveja errante que vagaba en la frontera entre Nueva Gales del Sur y el Territorio de la Capital. Al parecer, se trataba de una oveja que se había escapado de una explotación y vagaba silvestre por el campo. La pobre oveja estaba totalmente cubierta de un vellón de lana absolutamente desproporcionado pues los especialistas que la examinaron al capturarla estimaron que llevaba unos cinco años sin ser esquilada.

La oveja Charly antes y después de ser esquilada

Claro, tantísima lana sin esquilar había afectado a la capacidad del animal para moverse e incluso para alimentarse, ya que se encontraba en un grave estado de desnutrición, además de localizarse infecciones en la piel por heces y orina mal evacuadas. La oveja se hizo famosa a nivel nacional e inmediatamente se esquiló al animal y para hacerlo se ofreció el campeón nacional australiano Ian Elkins quien, con cuatro ayudantes, tardó 42 minutos en esquilar al desdichado animal, quien produjo el mayor vellón del mundo, que pesó 40,45 kg y fue cedido al Museo Nacional de Australia donde se exhibe.

Chris fue a continuación adoptada por una ONG y vivió en el santuario Little Oak en Nueva Gales del Sur donde murió plácidamente de causas naturales en 2019.

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