El Saiga: el último antílope

Querida hija:

Siempre me ha impresionado el duro invierno de las estepas de Asia Central. Una infinita extensión cubierta de nieve bajo un cielo plomizo y un aire helador que pocos seres vivos pueden aguantar a pie firme. Uno de esos seres es el último antílope que queda en Europa, el antílope Saiga, si bien el grueso de su población se encuentra en Asia. Un animal que fue abundante y que, víctima de su propensión a periódicas catástrofes demográficas junto con, cómo no, la caza furtiva, hacen que ahora esté En Peligro Crítico. Vamos a conocerlo.

Manada de saigas pastando

El Saiga, taxonomía, biología y ecología

Solemos asociar el concepto de "antílope" a las sabanas africanas. Y, en éste sentido, el Saiga no siempre ha sido reconocido como antílope. Taxonómicamente hablando se le incluye en la Subfamilia Antilopinae dentro de la familia Bovidae (Artiodactyla), con lo que sí es un antílope estrictamente hablando. Es, pues, pariente de las gacelas, el dio dik o el antílope indio pero más estrechamente relacionado con el gerenuc (Litocranius walleri) y el springbok (Antidorcas marsupialis), con respecto a los cuales ocupa un clado hermano.

Dentro de esta subfamilia de antílopes, el Saiga forma parte de la Tribu Saigini, pero no queda claro si es la única especie dentro de ella, pues algunos autores incluyen en ella al antílope tibetano (Pantholops hodgsonii), mientras que otros incluyen a este animal en los Caprinos.

Cladograma de la subfamilia Antilopini

Aunque te hablaré más adelante sobre su distribución más detalladamente, aquí puedo decirte que su distribución actual va desde Calmukia (república autónoma rusa situada justo al lado Oeste del Bajo Volga) hasta el extremo occidental de Mongolia, con dos subespecies reconocidas:

- La subespecie nominal, S. tatarica tatarica, a la que pertenecen todas las poblaciones de Saiga excepto:
- S. t. mongolica, el Saiga mongol, que alguna vez fue considerado una especie aparte, pero que hoy no queda duda sobre su taxonomía. Vive exclusivamente en Mongolia.

El aspecto del saiga es absolutamente inconfundible. Es un antílope relativamente pequeño, con una altura hasta la cruz de entre 60 y 80 cm, una longitud total entre 100 y 146 cm, y un peso de entre 26 y 32 kg. Sólo los machos presentan cuernos: un par de cuernos con forma aproximada de lira, de entre 28 y 38 cm de longitud, y con una acusada estructura anillada. El color del pelo y su grosor varían con las estaciones, siendo en verano un pelo corto de color entre amarillento y anaranjado, y en invierno se hace más largo y tupido, formando una especie de "melena" en el cuello, y el color vira a pálido, adaptándose a los durísimos inviernos de su área de distribución. Este pelo es mudado en dos ocasiones: una en primavera (Abril - Mayo) y otra en otoño (Septiembre/Octubre a Noviembre/Diciembre).

Macho de saiga

Pero el rasgo más distintivo del saiga es su nariz abultada con forma de pequeña probóscide, muy parecida a la de los elefantes marinos. Esta "trompa" tiene dos funciones principales: la primera es la de filtrar el polvo de la estepa en verano así como calentar el gélido aire del invierno antes de respirarlo. Y la segunda se ha ido descubriendo posteriormente, y es la de servir de "elongación" del tracto vocal para los machos cuando se realizan los combates en la época de celo, con el propósito de emitir sonidos que den idea al rival de un mayor tamaño y poderío. Para las hembras, esta trompa sirve de vehículo para ciertas llamadas que la madre realiza a su cría en forma nasal, oral y oral-nasal.

En esta foto se aprecia la "trompa", característica de la especie

El saiga es un animal gregario. Vive en manadas de composición variable, en general entre 30 y 40 cabezas, pero excepcionalmente pueden producirse reuniones de manadas muy numerosas, hasta 1.000 ejemplares, pero más comunes en el pasado que hoy día. El tamaño de las manadas es muy variable dependiendo de factores como el riesgo de predación (a mayor riesgo, manadas más grandes), la estacionalidad (manadas más pequeñas y dispersas en Junio, y más grandes y agrupadas en Diciembre) o la productividad vegetal.

El saiga vive en estepas semidesérticas en Asia central, un hábitat con un clima continental muy extremado, con temperaturas medias en Julio de entre 22 y 28ºC, y un desplome absoluto en Enero con mínimas de entre -6 y -16 ºC, pero con una amplitud térmica brutal. Por ejemplo, en Aralsk (Kazajstán) se ha registrado una máxima de 47ºC en verano, y -38ºC en invierno. Existe precipitación de nieve pero la condición que requiere el saiga es que su espesor no sea mucho, si hay nieve espesa entonces el saiga no puede encontrar el alimento bajo la nieve.

Manada de saigas. Kazajstán.

Por estas razones, el saiga realiza desplazamientos estacionales pero no puede decirse que sea un animal migratorio, porque los desplazamientos son relativamente cortos (al norte de su rango en verano, y al sur en invierno) sino porque no todos los años hay desplazamientos. Por su parte, la subespecie mongola no se desplaza nunca. El principal depredador  natural del saiga es el lobo, que en determinados años (en Kazajstán) puede ser el responsable de la muerte del 20 al 25% de la población. Por su parte, los juveniles pueden ser depredados por el águila real, el águila de la estepa, los perros salvajes, los zorros o los cuervos. Para defenderse de todos ellos, el arma principal del saiga es su carrera: es un animal adaptado a correr en las infinitas y llanas estepas, donde alcanza velocidades de entre 70 y 80 km/h, suficientes para ponerse a salvo.

La época de celo va de finales de Noviembre hasta finales de Diciembre. Justo antes, los machos luchan entre sí por hacerse con un harén de hembras (son polígamos) que normalmente varía entre 5 y 10. La gestación dura 5 meses y es normal que las hembras preñadas se reúnan en determinados lugares donde hay depresiones del terreno para dar a luz, momento que suele variar algo de un lugar a otro del área de distribución. El porcentaje de hembras que da a luz es muy alto, y es muy frecuente en esta especie el parto gemelar. Si bien la lactancia dura unos 4 meses, la relativa cortedad de la estación calurosa en estas latitudes y el duro invierno que llega pronto impone que los terneros se desarrollen rápidamente, y aunque estén mamando, ya son capaces de pastar entre los 4 y 8 días de su nacimiento. A los 6 meses, los machos ya pesan entre 18 y 27 kg y con un año de edad ya tienen su desarrollo completado pero hasta los dos años no habrán completado el cambio de la dentición de leche a la definitiva.

A mediados del siglo XX, dos millones de saigas vagaban por las estepas desde el Mar Negro hasta Mongolia. Pero hoy se estima una población total de 152.000 saigas, de las cuales individuos maduros son entre 123.000 y 124.000 en 2017, aunque ya en 2019 se ha recuperado hasta los 334.400. ¿Qué es lo que ha pasado?

Una dinámica poblacional extrema: la Historia del saiga

Antes de entrar en materia sobre el asunto más crucial del saiga, su dinámica poblacional, voy a empezar contándote sobre su situación actual. Existen cinco poblaciones de saiga en la actualidad, una en Rusia, tres en Kazajstán y una en Mongolia (la población estimada es con base en el censo realizado en 2017):

Situación de las 5 poblaciones actuales de saigas

1. Calmukia. En esta república autónoma perteneciente a la Federación Rusa situada justo al Este del curso bajo del Volga, junto a su desembocadura, se encuentra la única población europea de saigas, lo que la convierte en el único (y último) antílope europeo. Se estima su número en unos 7.000 ejemplares. Aquí se creó la Reserva Natural Cherni Zemli para protegerlas.

2. Ural. Esta población se encuentra en el extremo occidental de Kazajstán, limitando con Rusia. Esta población, en realidad, sería binacional porque aunque el grueso se encuentra en territorio kazajo, se mueven también por territorio ruso. Se estima una población de 217.000 ejemplares, lo que la convierte en la mayor población actual de saiga.

3. Ustyurt. Se encuentra en Kazajstán, entre el Mar Caspio y lo que queda del Mar de Aral. Esta población migraba habitualmente hacia territorio uzbeco, pero esta migración se ha dificultado en los últimos años por la construcción de una valla en la frontera entre ambos países. Población estimada en 5.900 ejemplares.

4. Betpak Dala. La significativamente llamada "Estepa del Hambre" se encuentra en el Centro de Kazajstán, entre el antiguo Mar de Aral y el Lago Baljash. Históricamente fue la mayor población de saigas hasta la tremenda enfermedad que la sacudió en la primavera de 2015, de la que te hablaré más adelante y que la diezmó dramáticamente. Actualmente la población se está recuperando y en 2017 la población constaba de unos 51.700 ejemplares, y en 2019 111.500. Un pequeño número de saigas de esta población parece haberse dispersado en territorio ruso, en la Reserva Estatal Orenburg.

5. Mongolia occidental. Aquí se encuentra la única población de la subespecie mongola del saiga, justo en el pico occidental de Mongolia, justo al Norte de los Montes Altai y se divide a su vez en dos sub-poblaciones: Shargyn Gobi y Manjan. Actualmente unos 9.000 ejemplares.

Para entender la historia poblacional del saiga, debes saber que esta especie ha sido afectada históricamente por periódicas catástrofes poblacionales de las que se recuperaba rápidamente demostrando su enorme resiliencia. Dos causas fundamentales son las causantes de estos desastres demográficos. La primera es el advenimiento de inviernos extremadamente adversos. Cuando llega un invierno así, es frecuente una elevada mortalidad de saigas por la mayor cantidad de nieve, que les impide alimentarse con normalidad. Por ejemplo, los machos suelen entrar al invierno con poca energía ya que durante el celo prácticamente no comen nada, y un invierno particularmente duro se los lleva por delante.

Movimientos estacionales de las poblaciones de saiga

La segunda gran causa son las zoonosis como la que en 2015 se llevó por delante a 200.000 saigas en la población de Betpak Dala, de la que te daré detalles más adelante. Por supuesto, el ser humano no es ajeno a esta situación y contribuye con la caza legal y furtiva.

Pero su respuesta evolutiva a estas catástrofes estriba en un rápido reemplazo generacional, de desarrollo muy rápido. En efecto, las hembras de saiga son sexualmente maduras entre los 7 y 8 meses lo que, unido a una gestación relativamente corta y a frecuentes partos gemelares hacen que la recuperación poblacional natural sea relativamente rápida. Por otro lado las manadas de saiga son muy móviles: no tienen un territorio definido y vagan por la estepa buscando alimento recorriendo distancias máximas diarias de entre 80 y 120 km, lo que favorece la rápida colonización y recolonización de territorios.

Precisamente esa característica ayudó al saiga a colonizar casi toda la Estepa fría de la Edad Glacial aprovechando la expansión de este ecosistema durante las fases más frías, hasta Inglaterra, Aquitania y España , por el Oeste, y hacia Alaska, el Yukón y los Territorios del Noroeste en Canadá, al Este, durante el Pleistoceno Final.

Distribución de los fósiles de saiga pertenecientes al Pleistoceno Final

Así, en la Cueva de Altxerri (Guipúzcoa) se identificó en 1976 un grabado rupestre como perteneciente a un saiga, identificación que resultó correcta al encontrarse finalmente en 1995 restos fósiles de saiga en el Yacimiento de la Cueva de Abauntz (Navarra) datados en el Magdaleniense Medio. Esta dotación, hace unos 15.000 años, coincide con el comienzo de la retirada de los hielos de la última glaciación (Würm), que liberó el pasillo estepario necesario en Europa Central para que los saigas inmigrantes colonizaran Europa desde Asia.

No obstante, estos restos tienen algo de misterio dado que estas regiones son más bien montuosas, muy lejos del hábitat llano ideal para ellas. Parte de estos restos parecen devorados por carnívoros, pero otro no. Se especula sobre su transporte a dicha cueva por parte de los humanos, tal vez envueltos en las pieles de saiga (se trata de falanges).

Por su parte, en Inglaterra los restos conocidos de saiga se han encontrado en el Condado de Somerset, en cuatro cuevas del distrito de Mendip (Gough's Cave, Soldier's Hole, Sun Hole y Wolf Den), así como en otra cueva de Cheddar. Estos restos se dataron hace entre 12.500 y 12.000 años.

En el otro extremo, en Canadá, se sabe que hace unos 37.000 años el saiga estaba bien establecido en Beringia, y fue cuestión de pocos milenios el que se aventurasen en el Nuevo Continente. En Yukón se han datado sus restos hace 13.390 +/- 180 años, y en los Territorios del Noroeste hace 14.920 +/- 160 años. Se ha calculado que el saiga se extinguió de Norteamérica hace entre 13.000 y 10.000 años debido al cambio de vegetación que experimentó la estepa fría donde moraba el antílope: la vegetación de esta estepa desaparece y da lugar a bosques de abetos y a vegetación de tundra según la latitud, ecosistemas donde el saiga no puede prosperar. Exactamente lo que le sucedió al resto de la Megafauna herbívora que se alimentaba de esta estepa desaparecida.

A este respecto hay controversia sobre la existencia de otra especie pleistocena de saiga, llamada S. borealis, y si fue ésta la protagonista de su expansión en el Pleistoceno Final, y no S. tatarica. De momento los estudios moleculares parecen respaldar el hecho de que fue S. tatarica la forma que se expandió por toda Europa, mientras que S. borealis pudo ser una "vía muerta" evolutiva cuyo linaje no sobrevive. Tampoco queda claro si S. borealis es, o no, una subespecie extinta de S. tatarica. Algún autor defiende incluso que la subespecie mongola es, en realidad, S. borealis mongolica.

El saiga pudo adaptarse tanto a la estepa fría como a la estepa semidesértica

Pero el ser humano también tiene su papel: el saiga ha sido aprovechado para su carne y sus cuernos, por lo que la caza del saiga fue algo normal a lo largo de toda su área de distribución. Lo que pasa es que al humano se le va la mano siempre que se trata de caza, y no sabe conservar un recurso cinegético. Así, se sabe que entre 1600 y 1800 el saiga aún vagaba al Oeste de los Cárpatos y hasta los ríos Bug y Prut, pero los humanos exterminaron al saiga de Ucrania en el siglo XVIII, quedando ya el saiga relegado de la estepa rusa hacia el Este.

En Rusia el saiga fue cazado abundantemente durante el siglo XIX: cientos de miles de cabezas se abatían anualmente hasta que, llegada la Revolución Rusa, sólo quedaban unos pocos miles de ejemplares. En 1919 el Gobierno soviético impone una prohibición total de su caza. Comenzó así un periodo de recuperación de su población en la década de 1920 en Rusia, y en la de 1930 en Kazajstán y entre 1951 (orilla derecha del Volga) y 1954 (Kazajstán) se levanta la prohibición de su caza y se empieza una caza comercial muy regulada y vigilada. En 1958 se alcanza su máximo de población del siglo: dos millones de cabezas.

Evolución de la población de saigas entre 1980 y 2007

El problema de la caza del saiga no era precisamente el que su carne se aprovechara. El problema era que los cuernos del macho eran apreciados en la llamada "medicina" tradicional china. Sí, hija, otra vez esos pichasflojas que se creen que ingiriendo cualquier polvo de origen animal se les va a poner dura. No se han enterado que se ha inventado el Viagra. En fin. Con los años, la caza legal se iría prohibiendo y la caza furtiva, ese cáncer de la fauna silvestre, haría estragos en las cada vez más escasas poblaciones de saiga para alimentar ese odioso comercio ilegal de cuernos de saiga hacia China. Y más cuando el cuerno de rinoceronte iba siendo cada vez más escaso. Había que buscar un sustitutivo.

Así, en 1965 se cazaron 72.700 cabezas, 75.000 en 1966, 61.000 en 1967, 85.000 en 1968 y 33.000 en 1969. En 1968 se prohíbe la caza al Oeste del Caspio. Pero la caza en la URSS estaba, en general, reglamentada y bien controlada. La resiliencia poblacional de la especie hizo que ésta mantuviese el tipo y su población estuvo holgadamente por encima del millón de cabezas hasta 1983, quedando luego un poco por debajo, y recuperando el millón en 1992. Había una cierta estabilidad poblacional.

Los problemas empezaron con la disolución de la Unión Soviética en 1991. La región entró en el caos y la crisis económica, y las nuevas repúblicas centroasiáticas eran incapaces de poner algo parecido al orden, igual que sucedía en Rusia. La miseria creciente de muchos habitantes hizo que la caza furtiva de saigas para vender sus cuernos a China fuese una salida fácil y rápida para obtener ingresos.

Productos de "medicina" tradicional china a base de cuernos de saiga disponibles en Singapur

Fue una matanza. De una población total de 1.124.000 cabezas en 1993 se pasó a un aterrador número de 178.000 en 2000. Los 90 fueron la "década perdida" para el antílope saiga. La sombra de la extinción era ya alargada cuando sobrevino otra estabilización de la población merced a la consolidación de la autoridad de los nuevos Gobiernos, si bien la caza furtiva nunca llegó a controlarse (y sigue sin controlarse). Pero, con todo, al haber un mayor control gubernamental y estrictas regulaciones, la población poco a poco empezó una tímida recuperación. Entonces llegó el desastre.

La epizootia de 2015

Como ya te dije antes, las epizootias más o menos desastrosas han sido habituales en la población de saigas. Lo que sucedía es que los investigadores nunca podían acceder a cadáveres frescos de saigas para poder realizar un estudio microbiológico en condiciones, y poder determinar así las causas. Hacia el 10 de Mayo de 2015, coincidiendo con la época de nacimiento de los terneros, se desató otra de esas epizootias. Los primeros animales muertos fueron detectados en el distrito de Kostanay, para extenderse luego por los de Akmola y Aktobe.

Enterramiento de saigas. Kazajstán.

Esta era especialmente grave. En sólo 3 semanas la enfermedad exterminó a 200.000 saigas de la mayor población existente entonces, la de Betpak Dala, que perdió el 88% de sus efectivos, con una tremenda tasa de mortalidad del 100%. Se avecinaba un desastre para la especie.

Pero esta vez dio la casualidad de que había investigadores realizando labores de seguimiento en la zona, y se pudieron recoger muestras frescas para estudiar lo que había pasado, determinándose que la causa inmediata de las muertes había sido una septicemia hemorrágica. Pero...¿qué había causado esta septicemia?

Resumiendo, se determinó que el causante del desastre había sido una bacteria, Pasteurella multocida. Lo más interesante es que se sabía que esta bacteria se encontraba habitualmente en las saigas en estado latente y normalmente no constituía un peligro de consideración. Las posteriores investigaciones determinaron que un invierno anormalmente cálido y húmedo había favorecido una extraordinaria y excesiva proliferación de la Pasteurella, que así logró vencer la inmunidad de las mucosas de las vías respiratorias superiores y del tracto intestinal.

Mapa de las últimas grandes epizootias que afectaron las poblaciones de saiga

La epizootia se llevó por delante sobre todo hembras y crías lo que, unido a la caza furtiva habitual dejó a la población de Betpak Dala tiritando. La población pasó de 242.000 cabezas en 2015 a 36.000 en 2016, pero ya empezando su habitual proceso de recuperación. Como te dije antes, ahora la mayor población es la del Ural que, a su vez, se había recuperado de otra grave epizootia en 2010. Y, en 2017, fue la población mongola la que fue afectada por la Peste de los Pequeños Rumiantes...

El frágil Saiga ha resultado ser duro de pelar. Y volverá a recuperar su población...siempre que los chinos no sigan mirando hacia otro lado con respecto de su "medicina".

MÚSICA RECOMENDADA: Alexandr Borodin - En las estepas de Asia central/Danzas polovtsianas

Comentarios

  1. Fantástico artículo, enhorabuena!

    ¿Crees que este tipo de epizootias serán cada vez más frecuentes por efecto del cambio climático? Entiendo que el cambio climático provocará que en el hábitat de los saigas los inviernos cálidos y húmedos sean cada vez más frecuentes favoreciendo la proliferación de este tipo de enfermedades.

    Un saludo!

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  2. Expandir el Saiga por Europa, al igual que sé está realizando con el Bisonte europeo. Paleolítico vivo en Atapuerca y otras zonas de recuperación de fauna extinguida.

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