El lobo ibérico: un conflicto medieval en pleno siglo XXI

Querida hija: 

A medida que te vayas adentrando en el conocimiento de la fauna en general, y la ibérica en particular, antes o después, de grado o por fuerza, te vas a topar con el denominado “problema del lobo”. De modo que voy a explicártelo con la mayor objetividad posible, pero sin abdicar de mis creencias y usando, en primer lugar, el sentido común. 

Ante todo, debemos considerar al lobo como el gran depredador del Hemisferio Norte. Se encuentra desde las soledades árticas hasta los semidesiertos limítrofes con Asia, África y América tropical. Lisa y llanamente, está en la cúspide de la pirámide alimenticia. Todas las especies situadas bajo él pueden ser sus presas, y nadie se lo va a comer a él. En una extensión geográfica tan enorme, el lobo presenta una gran variabilidad genética, y los especialistas han definido muchas subespecies lobunas. No voy a entrar aquí en el espinoso tema de la definición de subespecie. Por ahora, bástete imaginar una subespecie como una variedad geográfica. Cuando se define una subespecie, el nombre científico se amplía con una tercera palabra, para definir dicha subespecie. 

Es el caso de los lobos que habitan la Península Ibérica. Un significativo número de especialistas creen que el lobo ibérico constituye una subespecie propia, denominada Canis lupus signatus. Pero otro significativo número de especialistas niegan la existencia de dicha subespecie. Como te dije antes, el concepto de subespecie es conflictivo y espinoso. De modo que dejémoslo ahí. Particularmente yo pienso que sí existe la subespecie ibérica de lobo, mas esto no debe influir en tu opinión cuando la formes. 

Manada de lobos ibéricos

Pero me he ido por las ramas. Me pasa a menudo. Retomo el hilo. El lobo no es un depredador cualquiera. Es un superviviente de la Edad de Hielo, produciéndose su consolidación y expansión como especie durante la Glaciación Würm. Como todos los supervivientes de la Edad de Hielo, se trata de una especie dura, correosa, extremadamente inteligente y adaptable. Cuando vienen mal dadas, no desdeña la carroña ni presas del tamaño de ratones. Pero normalmente se alimenta de presas de gran porte: ciervos, jabalíes, corzos…presas que localiza con su prodigioso sentido del olfato. El Maestro Félix lo definió como “el cazador social”, y esa expresión define perfectamente su forma de cazar. El lobo no es un guerrillero emboscado como los felinos, ni usa trampas como las arañas, ni la fuerza bruta como los osos. El lobo caza en equipo: es un corredor de fondo, capaz de acosar a una presa durante horas y kilómetros usando su famoso “trote lobero”, una forma de desplazarse que aúna la máxima velocidad posible usando el mínimo esfuerzo posible. 


Su organización social es su gran fuerza. La unidad familiar, también llamada “grupo” o “manada” está formada por una pareja dominante llamados “macho alfa” y “hembra alfa”, con las crías del año presente y del año anterior, junto con algún otro ejemplar adulto que se ha agregado a la manada, aceptando someterse a la autoridad de la pareja dominante. Las relaciones internas en la manada son complejas, pero proporcionan seguridad y educación. Allí los cachorros aprenderán a cazar, algo muy importante, como más adelante veremos. Una manada se enseñorea de un territorio, que recorren y llegan a conocer a la perfección. Cuando una zona está muy saturada de lobos, los jóvenes adultos se independizan de la manada y buscan un territorio libre de lobos, para establecerse y formar una manada nueva. Es por eso que suele decirse que la forma de expansión de los lobos es en “mancha de aceite”. Durante estos desplazamientos, el lobo errante puede, literalmente, recorrer cientos de kilómetros sin pestañear. 

No, querida hija. El lobo no es un depredador cualquiera. 

¿Cuándo empezaron a torcerse las cosas entre el ser humano y el lobo?. Algunos especialistas sostienen que durante el Paleolítico, el lobo y los humanos colaboraban. Tal vez no fuera una colaboración consciente y planificada, pero los lobos podrían aprovechar la carroña dejada por los humanos cuando cazaban bisontes o mamuts, e incluso apoderarse de algún ternero despistado durante el fragor de la batalla. O puede que, también, en épocas de escasez, los humanos aprendieran a observar a los lobos, siguiéndoles para localizar nuevas presas. No puedo contrastar esta teoría, pero te la vas a encontrar y no debes despreciarla, pues creo que hay verdad en ella. 

Pero durante el Neolítico las cosas cambiaron. Los humanos domesticaron plantas y animales, y trazaron una línea que les separó de la Naturaleza para siempre. A partir de ese momento, se trataba de “ellos” y “nosotros”. El ser humano se auto-desnaturalizó, edificando una cultura urbana que llega hasta nuestros días. Para el lobo, al principio no había diferencias. Las ovejas, las cabras y las vacas eran nuevas presas que aparecían frecuentemente en sus territorios de caza. Por tanto, las atacaban y cazaban al igual que a los renos o los ciervos. Pero los humanos reaccionaron ante el ataque a su propiedad declarando la guerra al lobo. Durante siglos, fue perseguido y exterminado de casi todas sus antiguas tierras, sobreviviendo únicamente en zonas inaccesibles o muy pobres y poco habitadas. El lobo se convirtió en proscrito, y cambió su comportamiento. Se hizo esquivo con los humanos, y aprendió a conocer perfectamente los movimientos de las personas. Aprendió a esconderse en nuestras mismísimas narices y el abismo se hizo total. 

El lobo ha sido perseguido en todas las culturas y épocas

Porque ya no se trataba sólo de que el lobo se comiera las ovejas de los humanos. A los humanos tampoco les gustaba que el lobo se alimentara de sus antiguas presas silvestres: jabalíes, ciervos o corzos. Porque los humanos consideraban que los jabalíes, los ciervos o los corzos también les pertenecían, para poder cazarlas. A veces, para comérselas. A veces, por “deporte”. En España el lobo, al igual que la práctica totalidad de los carnívoros ibéricos, fue declarado legalmente “alimaña”, es decir, un animal que podía ser cazado por todos los medios y durante todo el año, con el fin de exterminarlo. ¿Duro, eh?, el ser humano, obsesionado por su idea patrimonial, decidió convertir la Naturaleza en un jardín habitado por ovejas, flores y cervatillos. Tan sencillo como eso. 

Como resultado, hacia los años sesenta del siglo XX el lobo ibérico vivía arrinconado en la esquina Noroeste de la Península: la Galicia interior, las provincias de León y Zamora, el Norte de Portugal, y una estrecha franja norteña que llegaba hasta Cantabria. En el Sur de la Península quedaban dos poblaciones relícticas, en la Sierra de San Pedro, Cáceres, y la Sierra Morena. Estas poblaciones pronto fueron exterminadas. 

Distribución del lobo ibérico en 1970

Entonces llegó el éxodo rural. 

Desde mediados del siglo XIX, el Estado liberal surgido del desmantelamiento del Antiguo Régimen entre 1812 y 1834 necesitaba ávidamente mano de obra abundante y barata para alimentar el capitalismo de empresa sobre el cual dicho Estado estaba edificándose. Para ello, primero se privó al medio rural de sus medios de vida. Mediante desamortizaciones, se creó un proletariado pobre que, en parte, alimentó la emigración hacia América, y en parte pasó a servir a ese capitalismo cada vez más desbocado. Este proceso se intensificó después de la Guerra Civil, debido a las necesidades de la reconstrucción de las extensas zonas devastadas y de los posteriores Planes de Desarrollo Industrial. En la década de 1960 el éxodo rural era ya masivo e irreversible, abandonándose por doquier pueblos y comarcas enteras. Cuando el lobo estaba contra las cuerdas, su archienemigo humano se batía en retirada. 

Este proceso tuvo dos consecuencias. La primera consecuencia fue un cambio sociológico en España, con una población cada vez más urbana, rica e informada. En este contexto aparece la providencial figura de Félix Rodríguez de la Fuente quien, a través de sus programas de televisión (una televisión que cada vez más personas se podían permitir en aquél entonces) y radio descubrió a los españoles la belleza del lobo, su compleja organización social y el papel insustituible que, como depredador, desempeñaba en la Naturaleza. Estos cambios sociales desembocaron en el decreto que, en 1971, cambió el estatus legal del lobo ibérico en España, declarándola “especie cinegética”, es decir, cazable pero sujeta a periodo de veda. En 1983 se prohíbe el uso de venenos en España como método de matar animales. 

Félix, el gran divulgador de la fauna, mostró a la sociedad urbana lo que era el lobo

La segunda consecuencia fue la recuperación de sus antiguas presas. El corzo y, sobre todo, el jabalí, experimentaron una gran expansión, recolonizando zonas de donde habían desaparecido prácticamente. Fue esta recuperación de sus antiguas presas lo que “tiró” del lobo que, apoyado en un campo semiabandonado por los humanos, empezó lenta y silenciosamente a recuperar el terreno que había perdido durante siglos. Hacia los años 90 del siglo XX el lobo alcanza y rebasa la barrera del Río Duero y se desparrama hacia las provincias de Ávila, Segovia y Guadalajara hacia comienzos del siglo XXI. Por el Norte, se extiende por toda Castilla y León y todas las zonas montañosas cantábricas. 

Mapa de distribución actual del lobo ibérico

Y, de repente, se produce un parón en seco de la recuperación del lobo. Se reactiva el conflicto y los humanos, que se batían en retirada, vuelven a tomar las armas contra el lobo. ¿Qué ha pasado? 

Lo que ha pasado es que, en las antiguas zonas de las que el lobo fue expulsado, los ganaderos dejaron de proteger a sus ganados pensando que el lobo no volvería nunca. Se perdió toda una cultura de perros pastores, de vallas y pastores junto a los rebaños. Y, en muchas zonas, se mantuvo la forma extensiva de manejo de ganado, consistente en dejar al ganado suelto por el monte, sin vigilancia por parte del ganadero, que se ocupa de otros menesteres. Por tanto, se reactivaron los ataques del lobo a los ganados. Muchos ganaderos se niegan a adoptar medidas para proteger sus ganados, porque le supone un coste que, según él, no tiene por qué pagar. Por otro lado, muchos ganaderos (al igual que muchos agricultores), no tienen suscrito ningún tipo de seguro agrario, por las mismas razones de ahorro de costes. Y, siempre, las indemnizaciones que pagan las Administraciones públicas a los ganaderos por el ganado muerto por el lobo son escasas. 

El mastín español siempre fue un formidable medio para proteger las ovejas del lobo

Entonces, la posición del ganadero es clara: no quiero lobos. Si el Estado no los extermina, lo haré yo. Y así sucede hoy día: la caza ilegal es la responsable de la detención en seco de la expansión del lobo ibérico. Existe otra razón. Las normas europeas, más concretamente la Directiva Hábitats, protege estrictamente al lobo ibérico al Sur del Duero. Y eso exaspera al ganadero, que no entiende por qué ha de protegerse una especie que, en teoría, se encuentra en expansión. Seguramente me preguntarás si es para tanto el daño que el lobo causa a los ganados. Pues, verás, según las estadísticas que regularmente publican las Administraciones públicas (siempre anti-lobo, por tanto, nada sospechosas), el lobo es el responsable de menos del 1% de los daños a la cabaña ganadera. Entonces, ¿por qué tanto alboroto? Verás hija mía, es una cosa de principios. El retorno del lobo es un insultante ataque a esa concepción del humano por la cual la Naturaleza y todo lo que contiene me pertenece. El lobo que regresa cuarenta años después y se come mis ovejas está discutiendo que yo sea el dueño de la naturaleza. Ese es el meollo del problema. Los verdaderos “lobos de dos patas” que amenazan la existencia de la ganadería tal como la conocemos están en despachos de Bruselas y Madrid. Y el ganadero casi no se atreve a protestar contra ellos porque son más fuertes y tienen la sartén por el mango. Pero contra el lobo sí se puede esgrimir la escopeta y descerrajarle un tiro, y se hace. Ya te digo yo que se hace. 

Y la Administración responde con las llamadas “batidas” para contentar a los ganaderos cabreados. Una batida, básicamente, es una expedición de venganza. Si un lobo mata ovejas en una zona, las autoridades buscarán un lobo, o dos, y los matarán en venganza. Aunque se haga en zona de estricta protección para los lobos porque la misma ley que protege al lobo permite estas expediciones de venganza, que no sólo no solucionan ningún problema (durante cuarenta años de batidas nunca se han acabado los ataques del lobo), sino que se desestructura la manada, matando a los ejemplares adultos que pueden enseñar a cazar a los cachorros. Estos, faltos de aprendizaje con presas silvestres, irán a lo fácil: las ovejas desprotegidas por su ganadero, y aumentan los ataques, en lugar de disminuir. 

Los cercados eléctricos son una medida que modernamente se ha popularizado

¿Cuál es la solución?, ni yo ni nadie tenemos una varita mágica para solucionarlo. Pero creo que en el sentido común está el camino. El ser humano debe asumir, en primer lugar, que el éxodo rural es irreversible. Desde hace sesenta años se está intentando todo: reindustrializaciones, ventajas fiscales, turismo rural…lo cierto es que nada funciona y el campo agoniza, cada vez más lentamente, pero agoniza sin remedio. Como consecuencia, hay que esperar que, no sólo el lobo, sino muchas otras especies, van a volver a ocupar la Naturaleza de la que fueron expulsadas (el lince ibérico o el meloncillo son otros ejemplos de ello). Y la sociedad española de hoy es muy diferente: ya no está dispuesta a tolerar que se exterminen especies por el hecho de que molestan a una minoría. Por eso no se publicitan las batidas. Provocarían tal clamor de indignación en la población que las Administraciones se verían en un aprieto. 

La sociedad española ya no está dispuesta a tolerar según qué cosas. Manifestación del pasado 13 de Marzo en Madrid

Si el ganadero asume esto, asumirá que deberá convivir con la fauna silvestre. Y eso le obligará a proteger sus ganados, a recuperar la sabiduría de sus antepasados, disminuyendo sustancialmente sus pérdidas debidas al lobo. Probablemente, si las pérdidas se reducen lo suficiente, las Administraciones podrán pagar indemnizaciones más sustanciosas. 

Pero el ser humano deberá hacer otra concesión dolorosa: deberá devolver a los depredadores ibéricos la prioridad sobre sus antiguas presas. Si se protegen bien los ganados, y no se persigue al lobo por comerse también los corzos…es de sentido común que el conflicto se enfriará mucho. Pero, como ves, es el ser humano quien debe dar el primer paso, renunciando a una mentalidad que mantiene desde hace miles de años. 

¿Quién le pone el cascabel al lobo?

Comentarios

  1. Hay que agradecer que un miembro de la S.E.C.E.M escriba y se pronuncie defendiendo al lobo, mientras el vicepresidente de la entidad es quién, a través de su consultora privada, asesora y sostiene técnicamente los documentos de la Junta de Castilla y León para matar lobos según criterio de conveniencia, fuera de las recomendaciones que dan por otro lado los estudios científicos (Vilà, Blanco, Fernández, Echegaray...). Así que muchas gracias por romper esquemas e ir contracorriente. No he visto nada de la S.E.C.E.M oficialmente a favor del lobo y en contra de las regulaciones de población desmesuradas que se están llevando a cabo.
    Cordialmente...

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  2. Excelente artículo Eugenio.
    Solamente añadiría que paradójicamente, tras decenas de miles de años de convivencia, el lobo acabó siendo al mismo tiempo el mejor amigo del hombre (en su forma domestica: el perro) y, al menos en el hemisferio Norte, quizás su peor enemigo.
    Personalmente estoy completamente de acuerdo en que el hombre del siglo XXI debe reconciliarse con la naturaleza, comenzando por recuperar los ecosistemas por completo, desde su base hasta los depredadores y superdepredadores.
    En el caso del lobo, intentando siempre su convivencia con la ganaderia extensiva mediante las herramientas disuasorias tradicionales, tecnológicas, químicas o físicas que sean precisas para evitar ataques y manteniendo las compensaciones por daños cuando no se puedan evitar.
    Estoy convencido que la mejor forma de ayudar y proteger al lobo es ayudando y protegiendo al ganado y para ello es necesario garantizar la abundancia de presas silvestres (ciervo, jabalí, corzo, muflón, rebeco, cabra montés, conejo, etc...) mediante una reducción considerable de la presión cinegética humana en zonas loberas y aledaños.
    Un saludo amigo.

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    1. Muchas gracias David. Comparto tus reflexiones, que me parecen lógicas y mesuradas. Tiempo al tiempo, que creo que corre a favor del lobo. Un abrazo.

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  3. Magnífico artículo, sigue publicando, lo esperamos, muchas gracias.

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  4. Muchas gracias por tus palabras. En breve reanudaré la actividad del blog tras el parón estival, y también en Twitter. Un saludo

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