La reina de la estepa. La gran avutarda.

Querida hija: 

Una de las mayores satisfacciones que, como naturalista, he experimentado fue la primera vez que observé avutardas en libertad. Fue a sólo veinticinco kilómetros de Madrid, en los campos de cultivo que rodean la bonita villa de Torrejón de Velasco. Desde un pequeño altozano, escudriñaba con mis prismáticos los alrededores y, casi sin podérmelo creer, logré divisar, a cosa de un kilómetro y medio de distancia, emergiendo de las lomas verdemarronáceas, un grupo de once avutardas, que avanzaban parsimoniosamente hasta que, un tiempo después, desaparecieron tras una pequeña colina, perdiéndose en el horizonte. 

¿Por qué tanta emoción?, pues porque la avutarda común, o gran avutarda, es la verdadera reina de la estepa, uno de los símbolos de la avifauna ibérica, una magnífica y preciosa ave, la más pesada de entre las aves voladoras europeas, unos diez kilos de peso en media, pero con récords de 21 kilos. Lamentablemente, y debido al desconocimiento general que el gran público tiene sobre la fauna ibérica, no se es consciente de la joya ornitológica que adorna nuestros campos cerealistas. Vamos a conocerla un poco más.

El espectacular barbón, o macho de avutarda

Las avutardas constituyen un amplio número de especies que viven en el Viejo Mundo y en Australia. Tradicionalmente se las clasificaba junto con las grullas y rascones, en el Orden Gruiformes. Actualmente, y debido a la revolución que los estudios genéticos han provocado en la taxonomía, se las clasifica en un Orden propio: las Otidiformes, junto con los sisones, otra de las aves llamadas “esteparias”. A su vez, las Otidiformes forman un “clado” genético (ya sabes lo que es un clado) con las Cuculiformes (cucos, correcaminos) y los extraños tinamúes. 

Refiriéndonos más concretamente a la avutarda común, Otis tarda, vive en Europa, Asia Centro-Oriental y algunos puntos de Turquía e Irán. En Europa, la Península Ibérica alberga al 60% de toda la población mundial, localizándose la otra población en Alemania, Hungría, Austria y Eslovaquia. Los estudios genéticos realizados para comparar ambas poblaciones europeas han arrojado una separación genética significativa que data de hace 200.000 años, en plenas Glaciaciones, cuando el casquete glaciar centroeuropeo y la cordillera pirenaica aislaron ambas poblaciones de una forma duradera. 

Las avutardas hembra, a pesar del dimorfismo sexual, son bonitas por derecho propio

Es un ave propia de las estepas y terrenos despejados. Su anatomía está adaptada a caminar más que a volar: de hecho, la estructura de sus patas le impiden posarse en árboles u otras superficies, y sólo emprende el vuelo en caso de extrema necesidad o, en el caso de las poblaciones asiáticas, de la emigración anual pues, el duro rigor del invierno centroasiático las obliga a buscar mejores tiempos más al sur. Sin embargo, ha sabido adaptarse al avance de la civilización humana y hoy vive, sobre todo, en las llamadas estepas cerealistas, y en cultivos en mosaico de leguminosas, viñas, o pequeños olivares. 

Es una especie gregaria, cuyos sexos viven segregados durante todo el año, en grupos dedicados a desplazarse comiendo, a excepción de la época de celo, en marzo y abril, cuando se forman grupos mixtos en los llamados leks o territorios donde los machos reúnen un harén de hembras y tratan de impresionarlas con un precioso cortejo. En efecto, entre las avutardas se da un acusado dimorfismo sexual: los machos son más grandes que las hembras, pero también más adornados, destacando dos largas plumas que salen del pico, lo que les ha valido el sobrenombre de “barbones”. También las plumas remeras y timoneras están dispuestas de tal forma que, durante el cortejo, el macho llega a contorsionarse formando una auténtica bola de plumaje blanco, que danza junto a las hembras para invitarlas al apareamiento. 

Grupo de avutardas paciendo en la Comunidad de Madrid

La avutarda pondrá luego dos huevos verdosos con pintas pardas, que alojarán en depresiones del terreno, en medio de los cultivos. Como sucede en todas las aves esteparias, los polluelos son del tipo “nidífugo”, es decir, al poco tiempo de eclosionar, son capaces de caminar y corretear siguiendo a la madre. Las avutardas son de hábitos alimenticios omnívoros, pueden comer brotes vegetales, invertebrados y, en menor medida, semillas. Son aves extremadamente desconfiadas y huyen si algo, o alguien, se les acerca a menos de quinientos metros. Por eso, en su observación son imprescindibles los prismáticos pero también su gran tamaño y su predilección por espacios despejados facilitan su observación. 

Precisamente su gran tamaño y su estado de alerta dificultan a los depredadores la captura y consumo de las avutardas. Es más común que los huevos y los polluelos sean depredados, por zorros, aves rapaces o pequeños carnívoros. La depredación de adultos es rara. 

En España, se pueden encontrar avutardas en Castilla y León, con el 51% de la población española, destacando sobremanera la población de la Reserva de las Lagunas de Villafáfila, en la provincia de Zamora, Extremadura con el 21%, Castilla la Mancha con el 20% y la Comunidad de Madrid con el 5%. Las poblaciones de Navarra, Andalucía y Aragón son residuales y se consideran en peligro de extinción. La avutarda fue considerada pieza cinegética, aunque parezca mentira, hasta 1980, cuando fue protegida oficialmente. Durante los “años del plomo”, la peor época de la caza entre 1960 y 1980, la avutarda desapareció del 70% de las 29 zonas donde se extinguió, y se cree que fue la caza la responsable del estado anémico en que quedaron las poblaciones que antes indiqué que estaban en peligro de extinción en España.

Distribución de la avutarda común en la Península Ibérica

Desde entonces, la especie ha ido recuperándose y, actualmente, se estima la población española en torno a los 30.000 ejemplares, más los 1.400 de Portugal. Por eso, su categoría oficial es ahora “Vulnerable”. Pero, gracias al cambio en la mentalidad de una significativa parte de la población española, ahora la avutarda es más perseguida para avistarla y fotografiarla, en el llamado “turismo ornitológico”, que trae algo de vida e ingresos al escuálido y semiabandonado campo español. Y sí, puedo decirte por experiencia que el avistamiento de avutardas (y otras aves) en libertad, es uno de los más gratificantes placeres en la vida. 

Los hábitos de la avutarda merecen una última reflexión. Normalmente, la acción del ser humano en la Naturaleza suele ser nociva para los animales, provocando su disminución y extinción. En el caso de la avutarda no ha sido así, al adaptarse perfectamente a vivir con normalidad en los cultivos de secano del ser humano. De hecho, te sorprendería el ver la cantidad de fauna salvaje que se puede observar en las estepas cerealistas, incluso muy cerca de una gran área metropolitana, como la madrileña. En mis paseos por dichas zonas he podido observar, además de avutardas, alcaravanes, calandrias (tal vez la más desconocida de las aves esteparias), codornices, milanos real y negro, culebras, e incluso una inesperada colonia de ratas de agua en un casi reseco arroyo medio oculto.

La avutarda en vuelo es también algo digno de verse. Foto cortesía de Víctor Blanco Díez

Algunos hábitats modificados por el ser humano merecen ser considerados como “paisajes culturales”, como también puede ser la dehesa ibérica, puesto que han sabido combinar el servicio a la producción alimentaria demandada por los humanos, con el respeto a la fauna que también mora y se alimenta en ellos y de ellos. En el caso de las avutardas, se llega al extremo de que su principal amenaza es la sustitución de los campos de secano, completamente adaptados a nuestro clima e hidrología, por regadíos completamente innecesarios y superfluos, que sí agreden el equilibrio ecológico. Esto ha sucedido, concretamente en Andalucía, con una significativa reducción de la población de avutardas. También la otra amenaza es la introducción del cultivo intensivo, más que el tradicional extensivo. 

Querida hija, no es complicado ni especialmente difícil divisar avutardas en libertad. No necesitas depender de ningún “experto” para ello. Te basta con hacer una sencilla investigación en la Red sobre las zonas donde la avutarda ha sido avistada con mayor frecuencia, coger mochila, bocadillos, unos buenos prismáticos y salir por nuestros campos, disfrutando del silencio, saludando al agricultor que ara su terreno en su tractor, al caminante con el que te cruzarás por el camino, llenándote las botas del polvo de nuestra España y, con paciencia y observación es posible avistar a esa verdadera reina de la estepa. Y si no la ves, siempre, siempre, se avista fauna, del tipo que sea. ¡A tu padre sólo le llevó dos intentos! 

Finalmente, no olvides realizar alguna consumición en los pueblos que visites. Hay que ir demostrando a las gentes del campo que la fauna que aún albergan sus municipios es motivo de visitantes e ingresos, y no de molestias y gastos.

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