El fantasma y la oscuridad. Los devoradores de hombres del Tsavo.

Querida hija: 

Para ti ya no es ninguna sorpresa el saber que, además de apasionarme todo lo referente a la fauna silvestre, soy un friki del cine. Y por consiguiente, cualquier historia cinematográfica que trate de fauna, de una u otra forma, suele convertirse en una de mis películas favoritas. Aquí en este Blog te he hablado del gigantismo animal usando como excusa la película King Kong, y te hablé también del extraordinario caso de La Bestia del Gévaudan partiendo de la película El pacto de los lobos

Cartel de la película Los demonios de la noche, donde se narra este extraordinario episodio

Pues bien, en 1996 se estrenó la película Los demonios de la noche, protagonizada por Val Kilmer y Michael Douglas. En ella, se narra el extraordinario caso de dos leones que se aficionaron a capturar y devorar a los trabajadores que construían el ferrocarril británico que iba de Mombasa, Kenia, al Lago Victoria, en Uganda, en un lugar donde la vía férrea atravesaba el río Tsavo. Durante nueve angustiosos meses de 1898, estos leones sometieron al ferrocarril a un reinado de terror, y llegaron a paralizar por completo las obras de la que era una infraestructura estratégica del Imperio Británico. Normalmente nos parece que la fauna silvestre es una cosa completamente marginal e intrascendente en relación con el gran devenir de la Historia humana. Pero, a veces, la fauna interviene en las cosas de los humanos, poniéndonos en serios aprietos. 

De modo que voy a empezar el relato, basándome fundamentalmente en el libro Los devoradores de hombres del Tsavo, que escribió el protagonista humano que vivió en primera persona tan trágicos hechos: el ingeniero militar coronel John Henry Patterson. Y empezaremos por el principio: qué diantres hacían los británicos en Kenia. 

El coronel John Henry Patterson, a quien le tocó vivir los ataques de los leones de Tsavo

En el año 1885 las principales potencias europeas se repartieron África en áreas de influencia, que posteriormente se irían ocupando físicamente para ejercer la autoridad a la que creían tener derecho sobre aquellas lejanas tierras. A los británicos les interesaba convertir el Océano Índico en una especie de lago inglés, para proteger las comunicaciones con el principal florón de su Imperio, que era la India, así como también con Australia. Por esa razón los británicos sometieron al Sultanato de Zanzíbar, en la actual costa de Kenia, a un protectorado que les permitió poner el pie en el interior desconocido de Kenia. 

Mapa donde se indica la situación del puente sobre el Tsavo

En una segunda fase, los británicos diseñaron un ferrocarril que, partiendo de Mombasa, principal urbe de la costa swahili, llegaría al Lago Victoria, en el corazón de África, tras un trayecto relativamente corto. Se trataba de un proyecto estratégico: al realizarse, la región de los Grandes Lagos pasaría a control británico y, una vez que en 1898 los británicos lograron doblegar la resistencia del régimen mahdista en Sudán, pasarían a controlar todo el valle del Nilo, desde sus fuentes hasta su desembocadura en Egipto. Este ferrocarril se denominaría popularmente “Ferrocarril de Uganda”. 

En este contexto histórico, nuestro protagonista J.H. Patterson desembarca en Mombasa el 1 de marzo de 1898 para hacerse cargo del proyecto de la construcción de un puente ferroviario que salvará el río Tsavo. Se trataba de un irlandés nacido en 1867, casado, y que tenía experiencia en la construcción de puentes, en la India. Se dirige hacia las oficinas centrales del Ferrocarril de Uganda, en Kilindini, cerca de Mombasa, para concretar sus instrucciones con los responsables del ferrocarril, y una semana más tarde, toma el tren adentrándose en el reseco, árido y espinoso sector de Kenia adyacente al Océano Índico. Llega al Río Tsavo y se hace cargo de sus trabajadores: un gran contingente de peones indios y afganos, trabajadores duros y sufridos en los que los británicos depositan toda su confianza. 

Mapa del trazado proyectado para el Ferrocarril de Uganda.

Patterson, por desgracia, no es muy preciso consignando fechas, y nos narra que, “al cabo de poco tiempo”, dos peones desaparecen del campamento. Fueron sacados de sus tiendas por la noche y devorados por leones. Pronto se tomará conciencia de que son concretamente dos leones. Al parecer, al principio, sus intentos de capturar presas humanas eran tentativos y no conseguían mucha efectividad. Pero, con el tiempo, llegarán a ser tan aterradoramente precisos que los supersticiosos trabajadores creerán que son demonios, o la reencarnación de dos jefes africanos que se oponían a la construcción del ferrocarril. 

A las tres semanas de la llegada de Patterson, un oficial del ejército indio llamado Umgan Singh fue capturado en el interior de su tienda por la noche y devorado. Hubo testigos al tratarse de una tienda colectiva, el león asomó su cabeza por la puerta de la tienda y atrapó al hombre más cercano, el infortunado Singh, por la garganta. Esa misma noche Patterson monta guardia en el campamento, subido a un árbol, pero en otro punto del mismo, los leones capturan a otra víctima. Ese será un punto complicado: el campamento de los trabajadores está diseminado por toda la obra, y los leones siempre atacarán donde menos se los espera, provocando el caos. 

Obras de construcción del puente sobre el Tsavo

A la noche siguiente se vuelven a repetir los hechos. Los leones parecían adelantarse a las intenciones de Patterson, como si supieran dónde iba a estar y qué iba a hacer. Al día siguiente se rodean los campamentos con bomas, esto es, una barrera de espinos que puede ser bastante impenetrable, usada por los pastores africanos para proteger sus ganados. Pero, contra todo pronóstico, los leones se las arreglan para saltarlas y continúan capturando y devorando obreros. Patterson decide entonces poner vigilantes nocturnos en varios puntos, y dejar por la noche fuegos encendidos por doquier. Los hombres continuaban desapareciendo. 

En palabras de Patterson, era un reinado del terror. 

Las fieras empezaron a ser más osadas. Un león ataca el campamento hospital, llevándose a un enfermo. Patterson responde trasladando el hospital a un lugar más seguro y reforzando sus defensas. Esa noche, nuestro ingeniero monta guardia pero, al mismo tiempo, los leones asaltan el nuevo emplazamiento del hospital llevándose al aguador. Una vez más, se tiene que trasladar el hospital, y reforzar su boma. Exasperado, Patterson monta guardia junto con el doctor Brock en un vagón ferroviario descubierto, a modo de fortaleza, usando ganado como cebo para los leones. El león finalmente aparece, saltando sobre los dos hombres. Patterson acierta a disparar, pero el león huye. 

Puente sobre el Tsavo, en la actualidad

Mientras tanto, las labores de construcción del puente continuaban. Puedo imaginarme la tensión nerviosa que Patterson debía padecer, trabajando de día y vigilando por las noches. Y qué decir de los infortunados trabajadores, acostándose por las noches molidos tras una dura jornada de trabajo, sin saber si podrían descansar o despertar de nuevo. Pero una tensa calma se instala en el campamento, pues aparentemente los leones los dejaron en paz. Durante un tiempo cesaron los ataques. 

Pero Patterson no se fiaba. Usando traviesas del ferrocarril y vigas de acero, construye una trampa consistente en una especie de gran ratonera, dividida en dos compartimientos: uno para un cebo humano, y separado por barrotes de acero de la entrada de la trampa. El león, supuestamente, entraría por su lado atraído por el cebo, y al entrar por completo, una puerta se cerraría tras él, dejándolo atrapado. La idea de Patterson era usar trabajadores como cebo, pero primero la usó poniéndose él mismo durante varias noches, sin ningún resultado. 

El coronel Patterson, con el primero de los leones abatidos

Transcurrieron varios meses sin ataques, pero no podían bajar la guardia, pues a Patterson le llegaban informes de que los leones atacaban por todo el distrito, en otros lugares. Finalmente, los leones vuelven y atacan de nuevo el campamento. Saltan la boma y se lanzan sobre un grupo de trabajadores que, confiados, dormían al raso completamente indefensos. Lograron llevarse a una víctima. Volvieron las guardias nocturnas y se reanudó un macabro juego del gato y el ratón, en el que los leones atacaban siempre por el punto donde menos se los esperaba, al ser un recinto de difícil control. Patterson se maravillaba de cómo los leones vencían la boma a su antojo, sin hacer ruido. Varias personas, civiles y militares, hacían guardia cada noche. 

Una noche, Patterson pudo oír, impotente, cómo los leones devoraban una víctima cerca de donde él estaba apostado. Hasta el momento, era uno de los dos leones el que se comportaba como “suministrador” de alimentos, que luego devoraban entre los dos, pero en aquél momento los dos leones empezaron a atacar a la vez, lo que complicaba aún más las cosas. La última semana de noviembre, dos mozos de servicio fueron arrastrados y devorados. 

Publicidad del Ferrocarril de Uganda, toda una infraestructura clave del Imperio Británico en África.

Llegó un momento en que los leones, completamente envalentonados y seguros de sí mismos, devoraban sus presas casi a la vista del aterrado campamento, y ni siquiera se asustaban ante los disparos que se les hacían. Verdaderamente eran los demonios de la noche. Fueron bautizados como el fantasma y la oscuridad

Toda la zona entra en pánico, y el 1 de diciembre el personal se declara en huelga, diciéndole a Patterson que habían venido a trabajar, y no a ser devorados por leones. Acto seguido se produce una estampida del personal, asaltando trenes y cualquier medio de transporte disponible, abandonando el campamento y la obra. Sólo un puñado de obreros se quedaron junto con el perplejo Patterson, construyendo refugios subterráneos o encima de los árboles. 

Segundo de los leones que aterrorizaron a los trabajadores del Tsavo

Las obras quedaron paralizadas. El campamento abandonado. Dos leones habían puesto de rodillas al Imperio Británico. 

Días antes de la estampida de los obreros, Patterson había solicitado la ayuda del oficial del distrito, Señor Whitehead, solicitándole que trajera askaris, o soldados indígenas. Estaba prevista su llegada a la estación el día 2 de diciembre, y Patterson envía un criado a recibirle. Pero el chico regresa aterrado narrando que no había ningún tren esperando y sí un león apostado en el andén, como si fuera el dueño (en cierto modo lo era). En realidad, el tren iba retrasado y llegó a Tsavo por la noche. Cuando iniciaron la marcha hacia al campamento, el león ataca a Whitehead, hiriéndole, y llevándose a Abdullah, el sargento de askaris. La osadía de los leones no tenía límites. 

El 3 de diciembre llegan refuerzos con el superintendente de la Policía Farquhar acompañado de veinte cipayos indígenas, apostándose los hombres en los árboles cercanos a cada campamento, incluso como cebo en la trampa-ratonera ideada por Patterson. Una noche, un león cae en la trampa, pero los cipayos, aterrados, no aciertan a dispararle. Finalmente el león huye. El 9 de diciembre un swahili llega corriendo diciendo que el león está cerca del campamento. Había fallado al capturar un obrero y cogió un asno, devorándolo cerca. Patterson persigue al león pero éste huye. Sin desanimarse, Patterson lo espera en un sitio estratégico, y pacientemente espera hasta que se pone a buen tiro. Justo cuando iba a dispararle, el arma se encasquilla, y el león escapa de nuevo. 

Un león de Tsavo. Obsérvese la ausencia de melena.

Esa noche, Patterson monta un andamio tipo borriqueta, a buena altura sobre el suelo, como forma de apostarse en un lugar abierto, pero a la vez protegido de los leones. Usa un asno muerto como cebo. El león aparece avanzada la noche, y empieza a dar vueltas en torno al andamio, a ver cómo puede capturar a Patterson. Debió ser una verdadera guerra de nervios y no quedaba claro quién era el cazador y quién el cazado. Finalmente, el león se pone a tiro, y Patterson logra abatirlo de un certero disparo. Al día siguiente se localiza el cadáver del león, comprobando su muerte. Los hombres, jubilosos, alzan a Patterson en hombros bailando en torno del cadáver del león. El primero ha caído. 

Pero quedaba aún el segundo león. Tras varios intentos y escaramuzas para abatirlo, el 28 de diciembre Patterson se aposta en un árbol en la zona donde el león había intentado atacar, sin éxito, la noche anterior. Descubre al león acechando y logra acertarle varios disparos. El león huye herido y Patterson sigue el rastro de sangre para localizarlo. El león, malherido, le hace frente. A pesar de meterle otros tres disparos, el león no cede y carga contra Patterson, que tiene que huir hasta poder coger la carabina abandonada por su sirviente Mahina, que a su vez huyó antes, logrando acertarle al león con el disparo definitivo. 

La pesadilla ha terminado. 

Los trabajadores pudieron volver al tajo, y el puente del Tsavo pudo ser concluido. Los leones del Tsavo habían sido abatidos físicamente, pero su leyenda empezó a crearse. Tuvieron el honor de ser mencionados en la Cámara de los Comunes, por boca del mismísimo Primer Ministro, Lord Salisbury: 

“Tuvo que pararse toda la obra durante tres semanas debido a que apareció en la zona un grupo de leones devoradores que tenían un gusto sumamente desgraciado por nuestros mozos de servicio. Finalmente, los trabajadores rehusaron continuar a no ser que fueran protegidos por un atrincheramiento de hierro. Desde luego, resulta difícil trabajar en el ferrocarril en estas circunstancias, y hasta que encontramos un entusiasta deportista, que fue capaz de desembarazarse de estos leones, la empresa estuvo seriamente obstaculizada” 

Una obra maestra de la proverbial flema inglesa. 

El periódico The Spectator, con fecha del 3 de marzo de 1900, publicó el artículo: Los leones que pararon el ferrocarril. Patterson, a su vez, no quiere quedarse atrás y, en 1907, escribe Los devoradores de hombres del Tsavo, donde cuenta la historia en primera persona, tal como la vivió. Las pieles de los leones estuvieron en su casa hasta 1924, cuando fueron vendidas al Museo Field, de Chicago, por 5.000 dólares. Aún pueden verse allí, disecados. Después de una vida llena de avatares, Patterson fallece en Bel Air, California, en 1947. 

Los Devoradores del Tsavo, tal como se pueden ver hoy en el Museo Field, en Chicago

¿Cuántos hombres devoraron los leones del Tsavo?. En internet, si buscas un poco, verás que se atribuye a Patterson la cifra de 135 personas, a todas luces exagerada. Se dice que Patterson exageró la cifra para resaltar sus méritos. Pero, en realidad, me gustaría saber de dónde salió esa cifra, ya que en su libro, Patterson asegura taxativamente que los leones devoraron no menos de 28 personas. Cifra que más o menos coincide con los estudios realizados en el Museo Field, basados en la “firma isotópica” de la carne humana, es decir, al devorar humanos, ciertos isótopos se depositan en la queratina del pelo y en el colágeno óseo. Basándose en este presupuesto, se determinó que ambos leones debieron devorar a unas 35 personas (10,5 uno y 24,2 el otro). 

La película, en general, es muy fiel a los hechos, con dos salvedades. La primera, el personaje interpretado por Michael Douglas, el cazador americano que llega para ayudar a Patterson, es un personaje de ficción, que no existió en la realidad. La segunda, que los leones que aparecen en la película eran leones convencionales, con melena. En realidad, como puedes ver en las fotos de este post, los leones del Tsavo no tenían melena, rareza que comparte toda la población actual de leones del Tsavo, pertenecientes a la subespecie Panthera leo melanochaita y que parece ser un desorden genético que afecta a una población concreta. 

¿Cuál es el origen del comportamiento de estos leones? La teoría clásica afirma que un depredador empieza a aficionarse a la carne humana cuando es viejo o está enfermo y no puede capturar sus presas habituales. Consideraría entonces al ser humano como una posibilidad, ya que es una presa supuestamente fácil. 

En el caso de los leones del Tsavo hemos visto, según el relato de Patterson, que se trataba de individuos fuertes y vigorosos, inteligentes y dinámicos. Por lo que no parece que estuvieran inhabilitados para capturar sus presas naturales. Por otro lado, Patterson informa que, al principio, los leones no eran muy diestros en sus intentos de capturar presas humanas, y que luego se hicieron expertos. Todo ello me hace pensar en una elección consciente de los humanos como presa, Se ha hablado de que las cremaciones de cadáveres por parte de los obreros hindúes podrían haber atraído a los leones, y que también hubo por aquélla época una escasez de presas naturales en la zona. Al examinar los ejemplares del Museo Field para disecarlos, se vio que uno de los leones tenía un problema dental que podría haberle causado problemas en la caza. 

En mi opinión, dichos leones decidieron conscientemente depredar sobre un recurso trófico que se hizo localmente abundante en su territorio: una muy nutrida horda de monos vestidos que caminaban erguidos. Ni más, ni menos.

Comentarios

  1. No es infrecuente que los leones macho no posean melena. En Tsavo son habituales, como dices. Aqui tradujimos este artículo:

    http://losdeabajoalaizquierda.blogspot.com/2012/05/estudio-realizado-por-cientificos-del.html?m=1

    También se dice que el macho del león de las cavernas (que es de la misma especie, un poco mayor) carecía de ella.

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