La caza de la ballena en España.

Querida hija: 

Hoy en día hemos comprendido que cazar ballenas es un sinsentido (como cualquier tipo de caza) y actualmente se halla prohibida en todo el mundo. Incluso existe un santuario antártico para ellas. Sólo el tiempo dirá si esta decisión llegó tarde o no para tan increíbles mamíferos. Desgraciadamente aún queda un puñado de países que burlan las prohibiciones con absurdos argumentos de “estudios científicos” que no se cree nadie. Pero todo se andará. 

La caza de la ballena fue una actividad que también se realizó en España

Sin embargo no podemos negar que la caza de la ballena ha sido una actividad casi milenaria, que ha marcado cultura y personalidad en las zonas del mundo donde se practicaba. Si bien la literatura y el cine ha popularizado la industria ballenera de Nueva Inglaterra, hablándonos de una épica que, seguramente, era falsa, te sorprenderá saber que en España también existió la caza de la ballena. El tema de para escribir muchos libros (que se han escrito y publicado), de modo que como es lógico yo te voy a introducir en el tema, dándote los datos básicos. 

La ballena de los vascos 

Para comprender la caza de la ballena en España debemos conocer primero a la ballena franca Eubalaena glacialis, que fue la primera especie explotada comercialmente, y la más explotada durante siglos. Este balénido (cetáceos con barbas) puede alcanzar una longitud de entre 14 y 18 metros y pesar entre 36 y 72 toneladas. 

Vive en el Atlántico Norte, donde realiza las migraciones típicas de los cetáceos: durante el verano se encuentran en las latitudes árticas alimentándose en sus riquísimas aguas. Por el contrario, cuando llega el invierno la ballena franca se desplaza hacia el Sur para criar en aguas más cálidas. En el Atlántico Oriental sus lugares de invernada se extendían desde el Mar Cantábrico hasta el Sahara Occidental. En Norteamérica, inverna en las aguas de las Carolinas, Georgia y Florida. 

Ballena franca o de los vascos

Es una ballena que se mueve en aguas poco profundas, en bahías y penínsulas cerca de la costa. Este hecho, junto con sus movimientos lentos y el flotar en el agua cuando está muerta, favorecieron desde el principio su explotación mediante la caza. Por eso, en inglés, a esta ballena se la conoce como right whale, la ballena “correcta o buena” para ser cazada. Actualmente, después de siglos de caza, casi ha desaparecido del Atlántico Oriental donde se la puede ver sólo esporádicamente, y concentra sus efectivos en la costa norteamericana. 

En España a esta ballena se ha llamado “ballena de los vascos”. Y esto por la razón de que fueron los vascos los pioneros y dominadores de la industria ballenera desde sus comienzos. Voy a contarte por qué. 

La caza de ballena en el Cantábrico 

En lo que hoy conocemos como “País Vasco” existen dos regiones diferenciadas. Existe una región interior en torno a lo que hoy es Álava con una rica agricultura y ganadería. Y, por el contrario, una costa acantilada y montañosa poco apta para una agricultura a gran escala, que ha hecho de sus habitantes marineros avezados en busca de su sustento en el mar. Seguramente los primeros habitantes cantábricos conocieron las ballenas varadas en las playas y empezaron a investigar su aprovechamiento. Luego, con la generalización de la actividad pesquera, la cercanía y acceso relativamente fácil a la ballena franca incitaron a algunos a intentar su caza. 

Esa caza siempre fue lucrativa: de la ballena se aprovechaba sobre todo su grasa, con la que se hacía un aceite que durante siglos sirvió para alimentar lámparas con la que iluminar casas y estancias. Era un aceite que no desprendía humo ni olores, por lo que fue muy apreciado desde el principio. También fue utilizado como lubricante de máquinas. Aparte de este aceite, llamado saín entre los vascos, se aprovechaban también las barbas o “ballenas”, pues eran uno de los escasos materiales flexibles que existían antes de la era del plástico. También se aprovechaba la carne, si bien en España nunca se apreció, exportándose mayoritariamente a Francia. 

Atalaya ballenera en Oyambre (Cantabria)

La ballena se cazaba en toda la costa cantábrica, pero fueron los vascos los pioneros y los que mejor se especializaron en ella. Durante los primeros tiempos era una caza costera: desde unas atalayas especialmente construidas en la costa, unos vigías oteaban el mar en busca de los típicos “resoplidos” que las ballenas hacen al subir a la superficie y respirar, en la temporada en la que la ballena franca llegaba al Cantábrico entre Octubre y Marzo. Una vez avistada una ballena, se daba la alarma y, lo más rápidamente posible salían de los puertos cercanos unas embarcaciones llamadas “chalupas”, movidas por remeros, que se acercaban a la ballena y la arponeaban hasta morir. 

La chalupa vasca era una embarcación con unos ocho metros de eslora, dos de manga y 90 centímetros de puntal, con una tripulación de siete hombres. Uno de ellos era el llamado “popel”, que era el encargado de gobernarla y de los seis remeros restantes, el de proa seguramente era el encargado de arponear a la ballena. El casco estaba hecho de madera de roble, con un esqueleto de cuadernas sobre el que se montaban cinco tablones a cada lado de la embarcación. Se cree que este tipo de chalupa pudo derivar de la ferja vikinga. 

Chalupa

Una vez muerta, era remolcada hasta el puerto de origen de la chalupa que había conseguido la captura, y se procesaba despiezándola y obteniendo la grasa, con la que se llenaban barricas que luego entraban en los circuitos comerciales. 

Despiece de una ballena en Deba (José Ignacio Treku)

El primer registro de la caza de la ballena en el litoral vasco data del año de 1059, cuando Bayona (hoy en el País Vasco Francés) obtiene el privilegio de vender productos de la ballena en su mercado. Otra mención temprana sobre esta actividad data de 1190, en Santoña (Cantabria). En el Cartulario de Santa María del Puerto se registra la petición de Ferrado Alonso, Señor del Puerto, a Durannio, Prior de Nájera, para que se atienda la solicitud de los clérigos del Puerto para recibir las primicias del pescado: 

“Yo, Durannio, prior de Nájera…compadeciéndome de la penuria de los pobres clérigos de Puerto (de Santoña), restituyo las primicias del pescado a todos los clérigos, excepto los de la ballena para que las posean por siempre con derecho hereditario” 

La primera cita de la caza de la ballena en Asturias aparece en marzo de 1232 en el puerto de Entrelusa (una cala situada en Carreño, protegida por la Isla de Entrellusa), y también se conservan documentos de 1294 para Estazones (Villaviciosa) y 1331 en Antromero (Bocines). 

Los principales puertos vascos desde donde se cazaban ballenas eran: Fuenterrabía, Motrico, Guetaria, Zarauz, Bermeo, Lequeitio y Ondárroa. En Cantabria destacaban: Castro Urdiales, San Vicente de la Barquera, Laredo, Santoña, Quejo, Santander y Comillas. En Asturias eran puertos balleneros Llanes, Ribadesella, Lastres, Gijón, Candás, Luanco, Cudillero, San Pedro, Luarca, Vega, Viavélez y Tapia de Casariego. En Galicia hubo dieciocho puertos que cazaban ballena durante todo el ciclo ballenero, entre los que destacaban San Cibrao, Bares, Burela, Foz, Malpica y Cayón. Hoy en día muchos de estos puertos ostentan ballenas en sus escudos de armas, testimoniando la importancia que estos cetáceos alcanzaron en estos lugares. 

Algunos escudos con ballenas

El producto del aprovechamiento de la ballena era un capítulo muy importante en la financiación de instituciones eclesiásticas (y también civiles) mediante el cobro del “diezmo” correspondiente, pues sedes episcopales o monasterios tenían derechos sobre ello. Por ejemplo, en Castro Urdiales, por cada ballena cazada que excediese de 18 codos de longitud, se establecía que “…pagar también por cada ballena cuyo precio excediera de 100 ducados la suma prefijada, que habría de distribuirse por terceras partes entre la Villa, el Cabildo de San Andrés y la Iglesia de Santa María”. 

En Lequeitio, por ejemplo, la primera mención a la caza de la ballena es un convenio entre Los Cabildos Eclesiástico y Civil, el 11 de Noviembre de 1381: “el producto de las lenguas de las ballenas se distribuye en tres partes, dos para la reparación de los muelles y la tercera para la Iglesia de Santa María”. 

Primeros síntomas de agotamiento. Búsqueda de nuevos caladeros. 

La caza de la ballena industrializada que se impuso desde el siglo XIX y, sobre todo, en el XX, nos parece el epítome de lo insostenible, pues esquilmó prácticamente a todas las especies de ballenas. Pero la caza artesanal que existía antes tampoco puede considerarse una práctica sostenible. Fundamentalmente porque la época de la caza coincidía con la temporada de cría de la ballena franca. Y se cazaban las crías igualmente que los adultos. 

Por eso no era de extrañar que ya a partir del siglo XV empezara a notarse la escasez de la especie en la Costa Vasca. Por eso, los balleneros vascos reaccionaron en dos direcciones. La primera de ellas fue el desplazamiento de sus actividades hacia el Cantábrico Occidental. Si bien como te he dicho antes la caza de la ballena se practicaba en todo el Cantábrico, se produjo un desembarco de vascos que intensificó esa caza. 

En un primer momento los gallegos no participaban de la caza de la ballena. Los vascos desde el siglo XIII eran los que buscaban ballenas en aquellas latitudes. En las Cortes de Toro en 1371 Enrique II otorga a las villas guipuzcoanas y al Cabildo de Vizcaya el privilegio para ir a pescar a Galicia y Asturias sin pagar derecho del mar “para hacer pescado y ballenas como lo practicaban en tiempos del Rey mi padre”. También cántabros y asturianos cazaban ballenas en aguas gallegas desde el siglo XIII. 

Chalupa ballenera

La primera mención de un puerto ballenero gallego data de 1288 y es Prioiro, cerca de Ferrol, pues Sancho IV confirma el derecho del Monasterio de Sobrado a percibir parte del diezmo de la ballena procedente de aquel puerto. 

Pero entre los siglos XIV y XVI se produjo un importante cambio ecológico en aguas europeas (y también cantábricas): una expansión de algas en los mares interiores (como el Báltico o el Cantábrico) se tradujo en una retirada de ballenas y bacalao a alta mar y fueron sustituidos por una invasión de sardinas en todas las aguas atlánticas de la Península. A partir de este momento se desarrollan las cofradías y empresas pesqueras gallegas, que empiezan a luchar contra los pescadores foráneos, hasta expulsarles en el siglo XVI y hacerse también con el control de la caza de la ballena. 

Puerto De Castro Urdiales, Cantabria.

Los siglos XVI y XVII son los de mayor esplendor para los balleneros gallegos. Lope de Isasti fue uno de los muchos testigos de la actividad de aquellos tiempos. En 1625 escribió: “…acostumbran a ir cada año por el mes de octubre a las costas de Vizcaya y Asturias a esperar las ballenas que pasan el invierno a luengo de la costa, y viéndolas van luego con sus esquifes y instrumentos, con mucha presteza, y los matan, y traídas a puerto les sacan la grasa e hinchen muchas barricas y vuelven a su casa por marzo, bien aprovechados”. 

La caza de la ballena en ultramar 

La segunda estrategia de los vascos vino motivada, en primer lugar, por la creciente escasez de la ballena vasca como te he comentado antes, y en segundo lugar por su expulsión de las aguas gallegas en el siglo XVI. Fue la pesca en alta mar. En el País Vasco se organizaban expediciones balleneras financiadas por cofradías de pescadores, Ayuntamientos y vecinos. Se calcula que en el siglo XVI dos mil pescadores salían cada año rumbo al Estuario del San Lorenzo. 

Si bien fue Irlanda el caladero más cercano en un primer momento, pronto los balleneros vascos sentarían sus reales en Terranova y alrededores, esta vez durante el verano que era la época en la que las ballenas subían a aguas árticas a alimentarse, en contraste con la temporada invernal que era cuando se hacía la costera en el Cantábrico. Fruto de esta prolongada tradición ballenera vasca en aguas canadienses es el nutrido número de topónimos de origen vasco, como puede verse en el siguiente mapa: 

Topónimos de origen vasco en Terranova y Golfo de San Lorenzo

Por otro lado, la prolongada convivencia y relación entre los vascos y los habitantes locales desembocó en el surgimiento de un idioma mezcla del vasco y el algonquino, cuyos vocabularios puestos por escrito aún se conservan. 

En 1978 se encontraron en Terranova los restos del ballenero vasco “San Juan”, sumergido a doce metros de profundidad, y que se había hundido en 1565. De esta manera se ha podido conocer y estudiar el tipo de barcos que usaban los vascos en sus expediciones ultramarinas: barcos hechos de madera de roble, con una capacidad para unos sesenta hombres y con un desplazamiento de entre 100 y 160 toneladas. 

Otra de las regiones donde los vascos iban a cazar ballenas era Islandia. Al igual que sucedió con Terranova, se llegó a crear un idioma vasco-islandés que se usaba para la comunicación entre los balleneros y la población nativa. La relación con éstos era complicada y desembocó en uno de los hechos más notables de la historia de la ballenería española: la Matanza de los Españoles o, como se dice en lengua islandesa: Spánverjavígin

En septiembre de 1615, tres balleneros procedentes de San Sebastián con 80 marineros habían realizado una provechosa campaña en aguas islandesas. Cuando se disponían a regresar a España naufragan en la península noroccidental de Islandia conocida como Westfjords. Allí, un grupo de supervivientes capitaneados por Pedro de Aguirre, Esteban de Tellería y Martín de Villafranca logran que la población local los acoja y ayude. Pero durante el invierno sucedieron oscuros roces entre vascos e islandeses que provocaron un resentimiento mutuo. Según la versión islandesa, había una ley que prohibía a los comerciantes extranjeros pasar el invierno en Islandia, mientras que según la versión española, surgió un problema de deudas impagadas por parte de los islandeses. 

Tinglado ballenero vasco en Islandia

Sea como fuere, los nativos resolvieron el problema a las bravas, y capitaneados por su sheriff Ari Magnússon, perpetraron una matanza de 32 vascos. Hubo quince supervivientes que lograron escapar asaltando un barco inglés. 

Declive y desaparición de una industria que no pudo ser. 

No debes sacar la conclusión de que en España la caza de la ballena fue un recurso importante en el Mar Cantábrico. En realidad fue una actividad complementaria de la pesca, que fue la industria fuerte. Fíjate en estos números: 

Entre 1517 y 1662 se cazaron 45 ballenas en el puerto de Lequeitio. 
Entre 1637 y 1801 fueron 55 ballenas en el puerto de Zarauz 
Entre 1728 y 1789 en Guetaria se cazaron doce ballenas. 

Si haces la cuenta, verás que en los puertos cantábricos se cazaban anualmente menos de una ballena por año. Años como 1603 y 1604, cuando se cazaron seis ballenas cada uno en Castro Urdiales, deben considerarse excepcionales. Si bien en Galicia hubo una época de esplendor en la caza de ballenas entre 1600 y 1660, entre 1660 y 1718 se produce un acusado declive. 

La propia precariedad del sistema de caza costera, la progresiva escasez de ballenas francas y, sobre todo, la competencia que, a partir del siglo XVIII, supondrían los balleneros ingleses, holandeses y, sobre todo, americanos, provocaron el cese de la caza de ballena en España como actividad económica aunque fuera testimonial. En efecto, en los puertos de Nueva Inglaterra como Nantucket y New Bedford se fundaría, aquí sí, una verdadera industria ballenera basada en flotas bien financiadas que hacían campañas de tres años alrededor del mundo capturando toda ballena que se les cruzaba, y convirtiéndolas luego en pingües beneficios. 

Los balleneros de Nueva Inglaterra acabarían dando la puntilla a la ballenería española

El 14 de mayo de 1901 se caza la última ballena franca en Orio. Con todo, empresarios noruegos harían el último intento de implantar en España una industria ballenera moderna, fundando la Compañía Ballenera Española en los años 20 del siglo XX, con sus puertos base en Caneliñas, Galicia, y Getares, Cádiz. Aparte de esta empresa, ya en los años 40 funcionaban también la empresa Industrial Ballenera con bases en Caneliñas, O Salgueiron y Portiño de Morás, en Galicia, así como también en Benzú (Ceuta). En Cádiz, por su parte, operaba la Ballenera del Estrecho, con base en Getares (Algeciras), y cuya última campaña (por agotamiento de rorcuales y cachalotes) se realizó en 1954. 

Ballena varada en Malpica

El 21 de Octubre de 1985 el barco IBSA Tres, de la Industrial Ballenera, entra en Caneliñas con la última ballena que se cazó en España para siempre: una hembra de rorcual común de 17,70 metros de longitud. En 1986 España firmaría su adhesión a la Prohibición Mundial del Comercio de Ballenas. 

Mil años tocaron a su fin.

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